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Con mi madrastra

Publicado por Grecia el 23/04/2015

Mi papá se fue de viaje de negocios por unos días, así que me quedé sola con mi madrastra. Mi viejo tiene lindos gustos para elegir, ya que mi madre y su nueva mujer son muy bellas. Yo me parezco mucho a mi mamá. Ojos avellanas grandes, pelo negro con corte varonil, cuerpo con muchas curvas, culo parado y pechos de talla media. En cambio mi madrastra es rubia, ojos azules y un cuerpo para morirse, las cosas apretadas le quedan mejor que a cualquier chica joven, y sus cuarenta años le sientan perfectos.
Esa noche fue sábado, y teníamos la costumbre de pedir pizza, pero esta vez decidió hacerla ella.
Mientras amasaba la veía con admiración. Tenía puesto un short viejo que le quedaba muy bien y mis ojos se escapaban a su trasero. Una camisa corta, con los botones desabrochados en sus pechos que dejaban ver como se movían al ritmo del amase. Ya me estaba poniendo algo caliente, así que me fui a dar una ducha.
Cuando salí ella ya estaba sirviendo la comida y nos sentamos a ver la televisión en el sillón del living. Mientras comíamos mi madrastra se puso a hacer zapping. No había ninguna película nueva, así que me miró pícaramente y puso el canal porno. Me dijo "vamos a reírnos con sus orgasmos fingidos". Yo solo sonreí, muerta de vergüenza. La película era lésbica. Al principio nos reíamos de lo trucho que era el diálogo, pero cuando empezaron a hacer sus cosas sentí como el ambiente cambiaba. Las dos nos pusimos serias y nos movíamos incómodas. Debo admitir que mis ojos no se despegaban de la pantalla y se dirigían a sus pechos, me estaba poniendo a mil. Me aclaré la voz y ella me miró de una manera extraña, quizás con lujuria en sus ojos. Alzó las cejas y me preguntó sin ningún aviso "¿te molesta si me masturbo adelante tuyo? También puedes hacerlo". Yo no supe que responder, se me escapó un "no hay problema" y sonrió. La vi mientras se bajó el short, dejando a la vista que usaba una tanga rosa y visiblemente mojada. Se sentó de nuevo y abrió las piernas. Corrió su braga y se metió el dedo medio mientras veía la pantalla. Luego metió otro más, mientras que con el pulgar trazaba círculos en su clítoris. Noté como me mojé al instante, quería probar su sexo. Decidí acercarme más a ella y dijo "¿quieres probar?" yo asentí lentamente. Agarró mi mano y la puso sobre su teta. Me desesperé y le arranque la camisa, notando que no tenía corpiño. Sus pezones saltaron como botones. estaban duros y rosaditos, todo para mí. Ella sacó su dedo de su vagina y me lo hizo chupar, estaba caliente y rico. Mi sexo comenzó a latir, desesperado por un orgasmo, pero me contuve. Me senté sobre sus piernas, quedamos frente a frente. La miré a los ojos y dirigí mi boca a su pezón derecho. Lo mordí, chupe y estiré mientras mi mano acariciaba su pecho izquierdo. Ella comenzó a gemir y no paraba de mover su cintura, asi que baje a su conchita, le corrí a un costado la bombacha y comencé a pasarle mi lengua. Mi saliva se mezclaba con su flujo, el cual yo tomaba sin parar. Empujó más mi cabeza para que entre más profundo. Gimió aún más fuerte y se retorció toda, calmándose al final, que fue donde más mojada se puso.
Me dio vuelta y nos acostamos en el sillón, ahora era yo la que estaba abajo. Me sacó mi camiseta y el corpiño y noté que mis pezones estaban muy paraditos. Ahí me besó y metió su lengua hasta mi garganta. Sus tetas rozaban las mías y me sentía a punto de explotar. Sus manos bajaron hacia mi falda, la cual sacó con brusquedad. Dándome pequeños besos en el abdomen bajó hasta mi vagina, aún tapada por mi braga, la cual también sacó. Estaba desnuda, expuesta y excitada. Sentía como mis flujos se escurrían entre mis muslos. Cerré los ojos, dejándome llevar, cuando sentí su lengua entrando en mi huequito vaginal. Abrí más las piernas y ella profundizó más. Se despegó y metió dos dedos que me hicieron estremecer. Metió y sacó mientras comenzó a chupar mi clítoris. Moví mis caderas al ritmo involuntariamente, y cuando me estaba por correr, paró. Hizo eso un par de veces. Yo estaba loca por mi orgasmo que no dejaba salir. Ahí fue cuando terminó de sacarse su tanga y se acostó, de modo que quedamos enfrentadas. Nos pusimos en la posición de tijeras y cuando comenzamos a movernos no podía parar de gemir. Ver como sus tetas enormes se movían de arriba abajo al mismo ritmo que nuestros clítoris se rozaban me hizo suspirar de placer. Empezamos a movernos más rápido, nuestros culos también se chocaban sin parar. Rozar y rozar su concha con la mía se sentía increíble. Pellizqué mis pezones y un cosquilleo comenzó a crecer en mi vientre. Nos movimos más y aceleré los masajes a mis pezones, hasta que exploté. Con un grito y extrañas convulsiones llegué al orgasmo, a la misma vez que mi madrastra. Mi vagina expulsó el último líquido, el cual ella succionó hasta dejarme seca, a pesar de que un segundo orgasmo se apoderó de mí.
Al final nos besamos, apretaditas, yo pellizcaba su culo y ella acariciaba la abertura de mi ano.
En ese momento se abrió la puerta y el vecino apareció, pero como se sumó es otra historia...

 

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