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Humeda como el mar

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

No había sonado todavía el despertador cuando Sonia se despertó, debido en parte al calor que hacía ya a las 9:30 de la mañana de ese Sábado de Julio.
Se levantó y fue directa al cuarto de baño para orinar y lavarse la cara. Allí, sentada en la taza del váter, le llamó la atención el fuerte olor que desprendía su sexo esa mañana. Se dio cuenta al cambiar el salvaslip que su flujo era abundante y pensó que debía habérselo pasado en grande en los sueños de la noche pasada. Quizá habría adelantado en sueños el encuentro con Luis que se iba a producir ese día. Era Sábado y como todos los fines de semana de Julio, Luis bajaría de Alicante para pasar el día con ella en la playa y luego salir hasta cerrar los rincones más selectos y peculiares de la zona.
Una semana sin sexo para Sonia era mucho tiempo, y aunque mantenía relaciones virtuales a través de Internet, nunca podían pasar de una masturbación, a veces, eso sí, frenética, introduciéndose dedos, frascos de inhaladores para la nariz o hasta una pequeña cámara web en alguna ocasión.
Así fue como conoció a Luis, en un chat y entablando lo que pensaba que iba a ser una relación esporádica. Había pasado un mes de aquello y se había convertido en el mejor mes de su vida. Creía que era imposible compartir sus gustos con otras personas y que estos llegaran a disfrutar tanto.
Tras secarse su sonrosado coño se dirigió al bidet. Su olor a hembra era extremado y había que suavizarlo de algún modo. Había quedado con Raquel a las 11 y no quería que se notara nada. El olor a almizcle, entre desagradable y embriagador, la mantenía en un tenso deleite.
Llenó el bidet con agua y sales perfumadas y se agacho en cuclillas. Al enjabonarse los labios se dio cuenta de lo caliente que estaba y no pudo evitar comenzar a acariciarse lentamente, jugueteando con la espuma y disfrutando del agua fresca que le endureció la piel y le excitó el clítoris hasta poder pellizcarlo sin que se escurriera entre sus dedos. Se atrevió a hacer algún juguecito más guarrillo, como ella pícaramente decía, abría y cerraba su ano para dejar que el agua llegara hasta dentro. Agradecía el contacto con el agua fría. Tras la noche anterior en que se llegó a meter la pluma que llevaba en el bolso por el ano, sentía un poco irritada toda esa zona.
Después de juguetear y de acariciarse el clítoris durante unos 5 minutos, le llegó un orgasmo. Así sin más, sin meterse nada por la vagina o el culo salvo la propia agua.
Se secó y se echó un desodorante íntimo en toda la zona de los labios y el pubis. Tras esto, fue a la cocina y se preparó un zumo de pomelo que le refrescara el calor que ya sufría desde primera hora de esa mañana. Allí, desnuda para evitar manchar la ropa con el desodorante, se dio cuenta que debía depilarse un poco para ponerse el bañador blanco porque trasparentaba un poco y no quería ir mostrando el bello púbico.
Así que volvió al baño, echó espuma de afeitar por todo su pubis y se rasuró con mucho cuidado. Se aplicó una crema hidratante y dejó que se secara. Fue a arreglar la habitación y abrió las ventanas. Las persianas estaban entrecerradas para que el sol no calentara aún más el apartamento así que, desnuda como iba, hizo la cama, recogió la habitación y puso música. A Sonia le gustaba el jazz, o mejor dicho, a Sonia le excitaba el jazz. Era la música del sexo. La música que sabía sacar de ella sus instintos más animales, lo que hacía que disfrutara de su naturaleza animal, por encima de convencionalismos, de censuras culturales, etc.
Django Reinhardt recorría los trastes de su guitarra en la cadena de Sonia cuando ésta se ponía y ajustaba las costuras de su bañador. Un bañador blanco, con formas deportivas, como de nadadora pero que curiosamente apenas tenía forro por abajo. Se lo colocó, se puso unos pantaloncitos cortos de color celeste y llamó a Luis para ver dónde iban a quedar.
Hola guarrilla mía, qué haces levantada tan temprano. –preguntó Luis-.
Pues ya ves – dijo ella resoplando- . El calor no me deja dormir. Además del calor y la humedad que hay por aquí, tengo que contar con el calor y la humedad que me provocan el saber que hoy nos vamos a ver. Por cierto, ¿dónde quedamos?. ¿Nos vemos ya en la playa?.
-Por mí bien. Como llevo las llaves de tu apartamento, dejo la bolsa cuando llegue y me bajo a la playa. ¿Vienen tus amigas?.
Sí, estoy esperando a Raquel para bajar con ella. También han venido dos amigas suyas, creo que son bolleras.

- ¿Qué llevas puesto?. ¿Bajarás con el bañador que te regalé en nuestro primer encuentro?.

- Claro que sí, me acabo de depilar para ti.

- No sigas que ya me estoy calentando, nos vemos en la playa.

- Un beso.
Colgó el teléfono y subió el volumen de la música, Django estaba con “undecided” y ella volvía a estar un poco caliente. Sonó de pronto el teléfono de la puerta y fue a abrir. Era Raquel. Al abrir vio que venía acompañada con dos chicas que no conocía. Bajó la música y subió un poco las ventanas. En seguida sonó el timbre de la casa.

- Hola nena, ¿dispuesta a torrarte al sol todo el día?. Te presentaré. Isa y Mónica, dos amigas que trabajan cerca de mi oficina y coincidimos para bajar a desayunar.

- Hola, encantada, pasad y poneos cómodas. Estáis en vuestra casa.

- Gracias Sonia. Raquel nos ha hablado mucho de ti. Oye, tienes un piso precioso – comentó Isa..

- Muchas gracias, dijo Sonia. ¿Puedo ofreceros algo?, tengo zumo de pomelo o ya unas cervecitas.

- Zumo por favor. Todavía tengo la tripa mal de la fiesta de ayer. Te importa que use tu baño –preguntó Raquel.
Como me va a importar. Anda pasa tranquila cagona. Como si a estas alturas nos fuéramos a escandalizar nosotras.
Raquel no tardó ni un segundo en entrar al baño. Se bajó los pantaloncitos y el bikini naranja a la vez y se sentó en el wc. No pudo evitar que dos sonidos huecos la delataran y si se descuida se hace encima.
En el salón, Sonia había servido unos zumos y hablaba con las dos nuevas amigas. –Vaya tela-, si se descuida, Raquel se caga encima. Bueno, y vosotras a qué os dedicáis.
Trabajamos en unas oficinas de seguros cerca de Raquel aunque vivimos a las afueras de la ciudad.

- ¿Sois hermanas?, preguntó Sonia con aire de ingenua.

- No exactamente. Somos pareja, contestó Mónica que hasta entonces había permanecido muy callada.
En ese momento, Raquel, subiéndose la cremallera de sus pantalones, salía del cuarto de aseo. Mónica es lesbiana y a Isa le va todo pero ya llevan una relación estable durante los últimos dos años.
Ah, vale, -contestó Sonia con una sonrisa-. Reconozco que siempre me ha atraído conocer cómo se disfruta una relación homosexual. Bueno, ¿bajamos ya a la playa?, he quedado allí con Luis.
Esperadme un momento a que entre al cuarto de baño yo también y nos vamos, -dijo Mónica. Anda Ra, déjame eso que no me he traído, ¡me ha tenido que bajar hoy!.
A sí- contestó Raquel echando mano al bolso, se me había olvidado, perdona.
Mónica entró al aseo con el tampax que le había prestado Raquel.
Se subió el pareo que llevaba, se apartó el bañador verde y poniéndose en cuclillas como si fuera a hacer pis, extrajo el tampón que llevaba y se puso el que le habían dejado.
La curiosidad pudo con ella y se puso a fisgonear entre las cosas que encontraba en el aseo. Con el corazón a mil por la trasgresión que estaba haciendo, encontró un consolador en un cajón del armario, la toalla húmeda con la que Sonia se había secado su sexo esa misma mañana y hasta los salvaslip usados que dormían en la papelera que había debajo del lavabo. Aspiró el olor que desprendían y se excitó muchísimo. Tiró de la cadena para disimular y salió ruborizada al salón donde la esperaban.
- ¿Qué?, ¿has sudado para metértelo, eh?- dijo Isa riendo Se produjo un silencio cómplice de todas que delataba el estado de excitación en el que se movían esa mañana los ánimos.
Llegaron por fin a la playa y se tumbaron al sol.
La playa era una cala que estaba semidesierta porque era difícil de acceder para los que no eran vecinos de esa urbanización, y a mediados de Julio todavía no estaba llena. No tenía socorristas ni duchas ni servicios. Esto que incomodaba mucho a Raquel que no conseguía mejorarse de lo de su tripa.

- Hija pues métete al agua y lo haces allí, dijo Sonia con cierto tono de complicidad.

- Eres una guarra. Además, en el agua suelo mear pero esto es una asquerosidad.

- Pues ven conmigo, - dijo Mónica, conozco un sitio detrás de esas rocas donde no hay problema de que te vean ni de dejar “rastros”.
Se fueron las dos, Raquel un poco agachada y como si quisiera con sus manos taponar la salida. Al llegar Mónica dijo: Yo aprovecharé para mear y tu caga tranquila que aquí nadie nos va a ver, por cierto llevas otro tampón, estoy sangrando bastante y no quiero que se note nada.
Las dos agachadas aliviaban intestinos y vejiga respectivamente.. Raquel miraba a Mónica de un modo especial. Mónica se ponía cada vez más roja y recordaba las palabras de Sonia cuando Raquel entró al baño.
Entonces ocurrió. Joder, pues me queda solo un kleenex y éste es para mí que llevo el culo muy sucio.
Bueno, me tendré que meterme al agua ya para que no se me note el pipí porque con la mata de pelos que tengo en el coño, se me nota mucho la humedad de haber meado.
En ese momento, Raquel terminó de limpiarse y tirando el papel sobre su propia mierda, con seguridad y con la inhibición de haber hecho algo tan íntimo en presencia de Mónica, se acercó en cuclillas a ésta.

- Trae para acá ese coño que yo te lo limpio. Y acto seguido se metió entre los muslos de Mónica y comenzó a darle mordiscos a la altura del ombligo. Ésta se incorporó un poco y diciéndole que era una guarra acercó el coño a la boca de Raquel que comenzó a lamer de abajo hacia arriba los labios carnosos del sexo de Mónica.

- Cómo me ponen estas cosas –dijo Mónica-, Estaba caliente desde que entré al baño en casa de Sonia. Muérdeme el clítoris que me corro cabrona.

- ¿No has guardado nada de pis para mí?, anda inténtalo.

- No sé si podré, -repuso Mónica-, no tengo más gana.
Pronto Raquel notó cómo entre el flujo que manaba del sexo de Mónica, salía el fluido caliente de sus últimas gotas de pis.

- Me corrooo¡¡.
Una vez acabada, Mónica se colocó un tampax, se ajustaron loa bañadores y regresaron a la playa donde estaban Sonia e Isa. Sonia estaba fuera de la esterilla, rebozada completamente en arena.
Estás hecha una croqueta¡ - Dijo Raquel a Sonia.

- Sí, voy a bañarme, además tengo ganas de hacer pis y yo no soy tan fina como vosotras. Me he meado y me mearé toda la vida en el mar. Por cierto, cagona, ¿Tienes frío o el cagar te pone los pezones así?, estás empitonada perdida.

- Anda vamos al agua antes de que venga Luis. –respondió Raquel.

- Ah, no te lo he dicho. Me acaba de llamar cuando tú no estabas y me ha dicho que se ha tenido que volver porque su hermano se ha dado una piña en la moto. No es nada pero no está su padre y tiene que ir a hacer todos los trámites al cuartel de la guardia civil. Me han dado el finde. Otra vez a masturbarme yo solita..
Se levantaron las dos y fueron hacia el agua. La otra pareja dijo que entraran que ahora iban ellas.
Al entrar al agua, las dos amigas se salpicaron mutuamente y finalmente se lanzaron contra las olas.
Raquel le comentó: -Me lo acabo de hacer con Mónica. Es igual de guarra que nosotras. Le va la marcha húmeda.
No me digas – contestó Sonia-. Pues no lo parecían. Son majas y aunque nosotras nos hemos contado y excitado con nuestras historias, nunca hemos mantenido relaciones. Yo me considero hétero pero estoy muy interesada en saber cómo se siente en una relación homo. ¿Qué tal con Mónica?.

- Cojonudo tía. No sabes lo que te pierdes. Si quieres…
- No sé, no me atrevo, y además está Luis.

- Tu misma. Concluyó Raquel.
Mira por ahí entran. – Dijo Sonia-.
En ese momento, Isa y Mónica entraban haciendo soples en el agua. Llegaron hasta donde estaban ellas entre risas y con una pelota en la mano. Las cuatro se pusieron a jugar, Raquel no dejaba de mirar las tetas de Mónica. En un descuido, una ola arrastró la pelota hasta la orilla y la dejaron ir para cogerla luego. Entonces Sonia propuso hacer una pelea de jinetes y caballos. Ella sería el jinete de su amiga Raquel e Isa de Mónica.
Todas aceptaron, especialmente agradecida Raquel, que viendo que era difícil hacerlo con Sonia, veía muy bien estar tan cerca de los pechos desnudos de Mónica. Aunque Mónica ya se había corrido hacía un rato, ella estaba muy caliente.
Las jinetes abrieron las piernas y los caballos, sumergiéndose en el agua para levantarlas, metieron la cabeza por detrás y las auparon.
Pero entonces ocurrió algo que a Raquel le produjo un orgasmo inmediato. Tal y como estaba, cerca de las tetas de Mónica y sintiendo el sexo depilado de Sonia, notó como una corriente caliente le caía desde la nuca por la espalda. Sonia se estaba meando. Había esperado a subirse en los hombros de Raquel. Esta No lo pudo soportar y se cayó al temblarle las piernas. Una vez en el agua, le apartó la parte de abajo del bañador blanco a Sonia y se sumergió para lamerla con un afán extremo. Sonia disfrutaba y mantenía agarradas las manos de Raquel. Sabía que necesitaba correrse desde que la vio con los pezones erectos. La conocía muy bien. Sabía que le estaba haciendo sufrir y que se moría por correrse.
Las amigas no sabían el porqué pero veían que Raquel estaba desquiciada por comerle el coño a Sonia. Esta ya empezaba a notar que esto eran más que caricias pícaras y cómplices. Se lo estaba haciendo con su amiga Raquel.
Mónica e Isa asistían al espectáculo con especial interés. Mónica había rodeado a Isa por detrás con las piernas y restregaba su sexo por su espalda. ¿Qué le has hecho?- Preguntó Isa a Sonia.

- De la risa no lo he podido aguantar y me he meado en sus hombros.

- ¿Y eso le gusta a Raquel? –preguntó Mónica con una risa cómplice.

- Le encanta –dijo Sonia- y estaba muy caliente, ahh.

- Oye tú disfruta, por nosotras no te cortes.

Raquel salía de vez en cuando a tomar oxígeno. En una ocasión se puso junto a Sonia y comenzó a morderle en el lóbulo de la oreja mientras con el dedo índice de su mano izquierda acariciaba su clítoris e introducía el de su mano derecha suavemente en el culo de Sonia.
En un momento, Sonia reclinó su cabeza hacia atrás y tuvo uno de los mejores orgasmos de su vida.
Las otras dos amigas se calentaron mucho. Mónica se había quitado la braguita del bikini y seguía friccionanado su sexo contra la espalda de Isa. Ésta podía notar has el hilito del tampón que colgaba de la vagina de su amiga. Entonces fue Isa la que lo probó. Se bajó la braga del bikini hasta las rodillas, cogió un pié de Mónica que seguía rodeándola con sus piernas lo puso justo en su entrepierna y comenzó a orinar.
Mónica tuvo un orgasmo repentino y eléctrico que la paralizó.
Tras unos minutos de jadeos y risas cómplices, arreglaron un poco su vestuario y salieron del mar. Profundamente relajadas, se tumbaron bajo el sol, Isa, Mónica y Raquel en soples, Sonia con su bañador blanco.
Se hizo la hora de comer y la playa volvió a quedarse completamente desierta.
Abrieron la nevera que traían y sacaron unos bocatas.
Comieron y bebieron. El sol era demasiado fuerte y buscaron el refugio de un pequeño recodo donde la sombra invitaba a descansar.
Se tumbaron las cuatro y comenzaron a contarse historias de sexo que habían tenido.
Sonia comenzó contando lo magnífico que lo estaba pasando con Luis desde que se conocieron físicamente, después de haber experimentado grandiosos orgasmos en el chat de Internet. Les contó cómo se lo hacía.
Ella delante del ordenador dejaba que su amigo relatara como recorría con el pensamiento sus piernas, abría sus muslos, olía su sexo, lamía sus pechos, le comía la lengua. Se hacía hacia atrás en la mesa para que la cámara pudiera captarla entera. Colocaba las piernas abiertas, una a cada lado del teclado y se masturbaba pausadamente. Conforme Luis describía cómo se imaginaba a él penetrándola, chupándole los pezones, bajando al ano, como a él tanto le gustaba, ella se masturbaba con mayor ferocidad. Agarraba un frasco de inhalador de cuando estaba resfriada y se introducía el capuchón para deleite de Luis. La noche anterior había sacado una estilográfica que le regaló su anterior novio y se la había introducido por el ano, con tal ferocidad que salió sangre y restos de caca hasta manchar la silla..Después cogía la cámara web que tenía junto al monitor y se la acercaba a su dulce rajita para ofrecer el espectáculo húmedo y abierto que hacía las delicias de su novio.
Cuando terminó de relatar la historia, miró a sus compañeras y comprobó que Raquel estaba otra vez encendida. Lo veía en sus ojos.
Bueno gurarrilla, te toca, -le dijo con una sonrisa cómplice.
Yo creo que mi mejor historia la he vivido hace un rato en el agua, - contestó Raquel. Por cierto, que necesito volver a hacer pis, la cerveza.
¿Quieres que te acompañe, Ra? – Dijo Mónica, que aún guardaba la complicidad con ella por el episodio de la mañana.
Es que tengo mucha pereza y no quiero salir ahí fuera, la arena quema mucho.
Se me ocurre una idea, - dijo Sonia. Hagamos aquí un hoyo en la arena como cuando jugábamos de niñas y lo utilizaremos de retrete.
La sola idea le excitó mucho a Raquel que se puso a trabajar con ansia, más por la excitación que por la presión de las cervezas en su vejiga.
Cuando terminaron se reían y ninguna se atrevía a ser la primera. Entonces Isa tomo la iniciativa. Se levantó, miró a uno y otro lado por si las observaban, se bajó el tanga hasta las rodillas, se puso en cuclillas y tratando de apuntar hacia el agujero comenzó a orinar.
Raquel se acariciaba disimuladamente viendo a Isa mear. Este detalle no se le escapó a Mónica que la retó. Te apetece un juguecito?, le preguntó. Nos pondremos una enfrente de la otra, separadas por el agujero. A ver quién llega mas lejos y es capaz de mear a la otra.
Acepto, dijo Raquel.
Con el agujero de por medio y sujetadas ambas amigas por los hombros se agacharon y comenzaron a mear. El torrente amarillo de Raquel era más potente que el de Sonia. Pero entonces Sonia, sin dejar de orinar, se reclinó levantó su culo y a cuatro patas, boca arriba, como si fuera un puente orinó con fuerza, dirigiendo su chorro hasta mojar calidamente a Raquel. En aquel momento, Mónica, que se acababa de quitar el tampax que llevaba se dirigió a Isa quien se acostó en la arena para recibir su ducha dorada. Mónica, con la braguita del bikini ladeada, se acariciaba el clítoris mientras dejaba caer sus efluvios sobre su novia.
Entre tanto, Raquel, empapada ya con el pipí de Sonia trataba de alcanzar a esta de la misma forma. Sin embargo se las veía para conseguir lanzar algún chorrito más, y ocurrió lo que temía. Todavía no estaba bien de la tripa y con los esfuerzos se le escapó. Un pedo la delató y Sonia que tenía su mirada puesta en la fuente que se había convertido su coño, vio como un hilo marrón se descolgaba de su culo en dirección al hoyo. Te estás cagando, Raquel.

- Lo siento, de verdad, se me ha escapado y ahora no puedo parar. Se incorporó y en cuclillas sobre el agujero húmedo vació sus intestinos. Después, sin ni tan siquiera ponerse el tanga, salió corriendo al mar para limpiarse mientras su amiga tapaba el improvisado retrete playero.

 

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