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Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

La verdad, es que nunca llegué a pensar, el encontrarme en medio de una situación, que se asemejase a eso. Mí nombre bien puede ser Virginia, Mariana, o como se les ocurra llamarme. Se que en mi ambiente de trabajo, una empresa bancaria, la fama que tengo no es precisamente de Santa. Pero tampoco soy una presa fácil, por lo que en ciertos momentos me doy mi puesto. Cosa que no hice, durante la última fiesta de celebración, de los cincuenta años del banco. Para que tengan una ligera idea, les diré que esa noche aunque se me fueron las copas a la cabeza, y terminé saliendo con unos de los gerentes de una de las tantas sucursales. Me encontraba haciendo lo que yo quería, que en fin de cuentas es lo único que me preocupa. Al llegar a mi apartamento, nos comenzamos a besar, de ahí pasamos a las caricias, y casi de inmediato a quitarnos la ropa. Debí sospechar, que a ese ritmo que ambos llevábamos, nada bueno iba a pasar. Pero en esos momentos, no pensé en eso. Hasta que nos acostamos, eso y el que él me lo llegase a introducir y venirse fue la misma cosa. Yo había escuchado hablar de tipos, de eyaculación precoz, o prematura, pero mi acompañante creo que batió todos los record de velocidad. Me dejó viendo el techo de mi habitación, sin tan siquiera medio calentarme. No conforme con eso el muy desgraciado se levantó y sin decirme una sola palabra, tomó su ropa y se marchó de inmediato. Dejándome únicamente, con la molestia de tener que lavarme. Lo que apenas hice, cuando me levante de la cama. Ya había terminado de lavarme en el vide, y contemplaba la idea de sacar de una de mis gavetas uno de mis juguetes íntimos, con el fin de por lo menos pasar un buen rato, aunque fuera a solas y a pulso. Cuando escuché que casi tumbaban la puerta de mi apartamento, algo molesta todavía por lo sucedido, tomé mi bata de baño, y tras medio colocarla sobre mi cuerpo, me dirigí a ver quien me importunaba tocando la puerta de esa manera. Al abrir la puerta bastante molesta, por la manera en que la tocaban, me encontré con una empleada de la firma. La conocía de vista, más no de trato personal. Sin esperar a que la saludase, de inmediato irrumpió en mi apartamento haciéndome a un lado, mientras preguntaba una y otra vez, donde se encontraba su marido. Yo aunque desconocía que ella y el gerente, eran marido y mujer, me imaginé que me preguntaba por él. Haciéndome la tonta, le pregunté que le sucedía, a lo que ella molesta me volvió a preguntar por su marido. Pensé que él debió bajar por las escaleras cuando ella subía por el ascensor, o que la vio y sencillamente se ocultó para no ser descubierto, por su mujer. Antes de que volviera a preguntar, le dije que yo vivía sola, y que no se encontraba ninguna otra persona en el apartamento. De manera suspicaz vio a su alrededor, pero clavó la vista en la entrada de me recamara, antes de que volviese a decir algo, y pensando que en cualquier momento atravesaría la puerta de mi cuarto, le dije que si lo deseaba podía revisar mi habitación. Cosa que hizo casi de inmediato, como un cohete se dirigió a mi cuarto y ya dentro hasta se asomó al baño, al parecer no estaba del todo contenta ya que se tiró al piso para ver debajo de mi cama, y nuevamente se levantó volviendo a preguntar de manera inquisitiva donde se encontraba su marido, al tiempo que abría las puertas del armario, desde luego que no encontró nada dentro. En ese momento, ya mi calma se estaba acabando, tras el mal rato que había pasado minutos antes, ahora tenía a esa loca celosa tras su esposo, revisando mi apartamento de arriba abajo. Por lo que le pregunté, aunque sabiendo de sobra a quien se refería, de quien hablaba. Ella como un huracán se dirigió a mí y dándome un fuerte empujón me dijo, que no me hiciera la loca, que yo bien sabía de que le hablaba. Aunque estuve a punto de peder el equilibrio, rápidamente me puse de pie, frente a ella. Su rostro se encontraba desencajado, su respiración acelerada, los ojos parecían que se le fueran a brotar del rostro, en pocas palabras, parecía encontrarse fuera de sí. Cuando nuevamente se dirigió contra mi persona, me tomó por los brazos y sacudiéndome con fuerza, me preguntaba una y otra vez que donde se encontraba su marido, yo para de zafarme de ella lo único que se me ocurrió en esos momentos fue soltar la bata que cubría mi cuerpo, por lo que me al quedarme así sin mi bata de baño, terminé también por quedarme del todo desnuda frente a ella. Pero finalmente me solté, de su fiero agarré. Por unos instantes ella se quedó viendo mi bata entre sus manos, sin comprender como me había zafado, ante ese pequeño descuido de su parte, la tomé por su larga cabellera con una mano y con la otra por la pechera de su blusa. Ahora era ella quien luchaba por soltarse de mí, y en medio de la lucha sin querer realmente le rompí tanto la blusa como parte de su sostén, por lo que sus senos quedaron prácticamente al aire, frente a mis ojos. Yo a todas estas, le gritaba que se controlase, que no había nadie en mi apartamento aparte de nosotras dos. Pero como les dije se comportaba como una loca, y volvía a preguntarme una y otra vez donde se encontraba su marido. Antes de que ella me volviese ha empujar, yo la empujé y ella, por lo que rodó por el piso. Cuando la vi tendida boca arriba, sobre la alfombra de mi dormitorio. Me le tiré encima sentándome literalmente sobre su cuerpo, realmente mis muslos quedaron a los lados de su cabeza, mis nalgas entre sus pechos y su rostro, y con mis manos le sujetaba las de ella. En esos minutos, procuré calmarla volviendo a decirle que no había más nadie en mi apartamento, aparte de ella y yo. En cierto momento sentí su aliento contra la piel de mi vulva, que se encontraba casi encima de su boca. Una especie de sabroso escalofrió recorrió todo mi cuerpo, y al ver que me encontraba desnuda sobre ella, me sentí sumamente rara. Aunque como ya les comenté, en mi trabajo no tengo fama de ser Santa, pero tampoco de lesbiana. Por lo que me sentí bastante rara, ella se comenzaba a calmar, y me comenzó a decir con lagrimas en sus ojos, que le habían dicho que su marido había dejado la fiesta minutos antes de que ella llegase, pero que no se había ido solo, que salió acompañado por una de las pu… en ese momento noté algo de vergüenza en su rostro por la palabra que pensaba decir. Pero de inmediato corrigió, pidiendo perdón posteriormente dijo, por una de las empleadas del nivel central, y alguien no sabe exactamente quien le dio mi dirección. Como andaba a pie, y le costó algo de trabajo, encontrar un taxi se demoró, de lo contrario me pudo haber agarrado con las manos en la masa. En ese momento, mi coño prácticamente rozaba los labios de su boca. Me dieron unas enormes ganas de restregárselo contra su cara, pero me detuve. Por un instante, digamos que me puse en su lugar, y lo menos que me agradaría hubiera sido que me hicieran eso, en contra de mi voluntad. Por lo que antes de hacer cualquier tontería, le pedí que me diera su palabra de quedarse tranquila, cuando la escuché decir que si, me levanté con gran pesar de sobre su cuerpo. La ayudé a levantar pero sin soltarla, la llevé hasta mi cama, donde las dos tomamos asiento en el borde. Cuando le pedí que me contase con calma lo sucedido, me volvió a decir más o menos lo mismo, y hasta describió a la tipa que le dio mi dirección, al escucharla supe que se trataba de una de mis subalternas, que le aseguró verme en compañía de su marido. A medida que ella me hablaba, yo no se de donde se me ocurrió, comenzar a pasar una de mis manos por sobre su larga cabellera. La escuché con detenimiento, como me hablaba de las muchas veces que su marido ella pensaba le había sido infiel, pero hasta ese día, no se había atrevido hacer nada, por miedo a lo que pudiera encontrar. Mientras ella continuaba hablando yo la fui consolando, pasándole mi una de mis manos por su cabello, mientras sin que ella se diera cuenta me había acercado más a su cuerpo, y con mi otra mano comencé acariciarla al tiempo que de cuando en cuando ella se ponía a llorar, hasta que finalmente terminó refugiándose entre mis brazos. Acepté que su marido había salido a la puerta del local al mismo tiempo que yo, pero le mentí al decirle, que como él me hizo una proposición que no era de mi agrado, me retiré para mi casa dejándolo en la entrada, hablando con otra mujer. Pasamos así un buen rato, cuando sin que ella o yo nos lo propusiéramos realmente, nos besamos. Al principio de manera suave fraternal, casi como si ella fuera mí hermana, pero lentamente continuamos besándonos con mayor fuerza de parte y parte. Hasta que nuestros cuerpos, casi se convierten en uno solo. Ella de alguna manera comenzó en algún momento, acariciar mi desnudo cuerpo, mientras que yo de igual forma, también aparte de besarla, comencé a pasar mis manos por sobre sus bellos senos. Pero cuando mis labios rozaron sus erectos pezones, su cuerpo reaccionó como sí disfrutase de esa experiencia, ya que cerrando sus ojos, gimió de placer mientras que mis labios chupaban suavemente cada uno de sus erectos y colorados pezones. A partir de ese momento, no se que cosa pasó entre nosotras dos, que nos continuamos besando y acariciando de manera apasionada. Luisa, que es el nombre de la joven, y yo entre los besos abrazos, y caricias se fue dejando quitar una a una las prendas de vestir que aun tenía puestas. Al tiempo que suavemente sus dedos comenzaron acariciar mi coño, de manera bien sabrosa. Sin ni siquiera pedírselo, ella posó sus labios sobre mi vulva y volví a sentir su aliento caliente sobre la piel, y al igual que en el momento que la tenía sujeta contra la alfombra de mi habitación, un sabroso escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Deseaba locamente que me lamiera el coño, en esos instantes. Casi estaba por decirle que lo hiciera, cuando sentí sus dedos separar delicadamente mis labios vaginales, y su húmeda lengua comenzó a lamer mi clítoris. Luisa me estaba haciendo lo que ninguna otra mujer me había hecho antes, sí alguno que otro de mis amantes, me habían no tan solo pasado su lengua por entre mis piernas, sino que hasta me habían lamido y chupado el coño y hasta mi culo divinamente, pero que otra mujer igual que yo lo hiciera en esos momentos, era algo en lo que nunca había ni tan siquiera experimentado, ni pensado en serio. Sentía que me derretía toda por dentro, a medida que ella continuaba lamiendo mi vulva, de la manera tan dulce que lo hacía. Ya en ese instante las dos nos encontrábamos acostadas desnudas sobre mi cama, y me dediqué con mis propias manos a buscar su coño, para luego también yo seguir haciéndole a Luisa, lo que ella tan divinamente me hacía a mí. Por un largo rato ambas nos besábamos en nuestras vulvas repetidas veces, nos las lamíamos, y chupábamos, de manera desenfrenada, hasta que yo y ella alcanzamos divinos he incomparables orgasmos. Sin dejar de tocarnos mutuamente, continuamos. Cambiábamos de posición en varias ocasiones y una a la otra nos acariciábamos, en cierto momento coloqué el centro de mis piernas contra su coño, y a medida que las dos nos movíamos como poseídas por el placer, disfrutaba enormemente del roce de su coño contra el mío. Ya bastante exhaustas las dos nos quedamos dormidas abrazadas en mi cama. A la mañana siguiente, al despertarnos, creo que tanto ella como yo sentimos algo de vergüenza. Al vernos del todo desnudas y habiendo dormido abrazadas toda la noche. Yo le comenté que era mi primera vez con otra mujer, y Luisa me confesó lo mismo, pero le aseguré que no me arrepentía de nada de lo sucedido entre nosotras dos. Ella me aseguró que sentía lo mismo que yo. Pero a medida que nos levantábamos de mi cama, me preguntó si en alguna ocasión había salido con su marido, en ese momento no tuve el valor de mentirle, y le dije que si. Pero antes de que continuase preguntándome, le aseguré que había sido la peor de todas mis experiencias sexuales. Queriendo darle la impresión, de que hacía ya tiempo de eso. Luisa en parte no pudo ocultar su malestar, pero continuó llena de curiosidad preguntándome, por que yo le decía que había sido mi peor experiencia sexual. Armándome de valor le conté lo sucedido, pero como si hubiera sucedido en un remoto y distante pasado. Cuando le expliqué que su marido, en esos momentos no había terminado de introducirme su verga, cuando se había venido, y luego sin decirme nada se había marchado, ella se quedó con la boca abierta. Al terminar de yo decirle eso, me di cuenta de su asombro por su rostro. Fue cuando la escuche decir. -Desde hace un año más o menos que comencé a trabajar en el banco, él me abordó y casi por el temor a que fuera a perder mí empleo, acepté acostarme con él. Pero desde la primera noche que mantuvimos relaciones, nos pasó exactamente lo mismo, que te pasó a ti esa noche con él. Pero según él la culpa era toda mía.- A medida que ella me contaba eso se había puesto a llorar de nuevo, en esos momentos le pregunté a Luisa con cuantos hombres realmente se había acostado, y cuando me comentó que él era el primero y hasta esos momentos el único, casi me pongo a llorar junto a Luisa, de la pena que sentí por ella. La convencí de que nos diéramos una ducha juntas, y a medida que entrábamos las dos al baño para, para darnos una ducha, le fui diciendo algunas de las verdades de la vida, como que ella no era la responsable de lo que a él le sucedía, sencillamente su marido era un súper eyaculador precoz, y que ella en realidad nada podía hacer por él a menos que él no se sometiera a un tratamiento real. A medida que las dos nos duchábamos, le continué hablando sobre el tema, aunque Luisa parecía no creer lo que le decía, hasta que le propuse que me visitase a la noche, que le tendría una agradable sorpresa, pero que no le comentase nada a su “maridito”. Antes de salir de mi apartamento, le presté uno de mis vestidos, o mejor dicho se lo regalé, en vista que yo había destrozado en gran parte el que ella cargaba puesto cuando llegó a mi apartamento. Ya en el Banco, lo primero que hice fue hablar con mi subalterna, la que le dio mis señas y dirección a Luisa. Apenas la confronté con lo sucedido, la chica se ha puesto a llorar como una Magdalena, aceptando que ella le había dado la dirección mía a la joven, por que sencillamente se había identificado con ella, ya que su marido también le era infiel, al igual que el gerente lo era con Luisa. Luego quedé en sentarme a discutir con ella la situación, pero por los momentos mi mente se ocupaba de otra cosa. Durante el resto del día realicé unas cuantas llamadas, hasta que localicé a un viejo amigo, y lo de viejo es en serio. Le pedí que me visitase en mi apartamento esa noche, sin darle más detalles. A la noche, Luisa se presentó con la excusa de entregarme nuevamente el vestido que le había regalado, como mi intención era otra, no me puse a discutir con ella, y la invité a tomar asiento, me comentó que el gerente, no se había presentado a trabajar ese día, y que al parecer nadie lo había visto. A medida que las dos comenzamos a charlar, me di a la tarea de ir seduciéndola, a diferencia de la primera vez que todo se dio de manera natural, tuve que ir poco a poco, para que Luisa no se fuera a espantar al darse cuenta que mis intenciones eran volver acostarme con ella nuevamente. Entre hablar sobre maquillaje, y otros temas lentamente Luisa fue dejando que yo me le acercase, hasta el punto en que ambas nos volvimos a besar, durante un largo rato las dos nos besábamos acaloradamente, y nos acariciábamos divinamente, lentamente tanto ella como yo nos fuimos desprendiendo de nuestras ropas, hasta quedar del todo desnudas nuevamente las dos. Nos estábamos comenzando a pasar la lengua por sobre la vulva de la otra, cuando mi amigo entró en la habitación sin nada de ropa, le había pedido que esperase en la cocina y en esas fachas hasta que ella y yo comenzáramos en serio a mantener una fuerte relación. Luisa al notar su presencia, estuvo a punto de rajarse, pero en esos momentos, centré mi atención sobre su coño, derrumbando cualquier objeción que ella pudiera levantar. Mi amigo comenzó por acariciar primero mi cuerpo, y cuando Luisa pareció aceptar su presencia, comenzó acariciarla a ella. De manera lenta pero segura, mi amigo fue poco a poco ganando terreno con Luisa, al tiempo que yo lentamente comenzaba a retirarme. Hasta que finalmente él comenzó a introducir su miembro entre la vulva de ella. Luisa se mantuvo a la expectativa, y a la espera de que en cualquier momento él se viniera dentro de ella y se levantase de inmediato, como normalmente la tenía acostumbrada su marido el gerente. Pero al comenzar a sentir dentro de su vulva el miembro de mi amigo, y que continuaba introduciéndolo y sacando de manera salvaje de su propio coño, Luisa dejó de mantener esa actitud de quien espera de que algo malo suceda, y se ha entregado en cuerpo y alma a disfrutar del momento. Ella movía sus caderas de manera bien salvaje, y hasta daba uno que otro no gemido sino gritos de placer, a medida que mi viejo amigo la penetraba con gusto y ganas. A pedido de él cambiaron en unas cuantas ocasiones de posición, pero en todas y cada una de ellas Luisa alcanzó a disfrutar de sabrosos orgasmos, en ocasiones yo la asistía acariciando su clítoris con mis dedos, o hasta con mis labios y lengua. Finalmente mi amigo tras una buena sesión de sexo casi animal se vino dentro del coño de Luisa, la que disfrutó todos y cada una de las muchas penetraciones que él le realizo con su verga. Cuando las aguas retornaron a su nivel por decirlo de alguna manera, Luisa no podía dar crédito a lo que había sucedido. De manera fina, dijo lo siguiente pero en otras palabras, como era posible que ese viejito, hiciera eso y su marido le amargase la vida a ella, haciéndola sentir tan culpable, por él acabar casi de inmediato. Adivinen desde esa noche a quien mandaron para el carajo. Luisa pidió traslado, a mi área. La que conseguí a cambio de que se llevasen a mi problemática subalterna. Mi amigo en ocasiones sale con Luisa, o con las dos a la vez, pero regularmente Luisa y yo, de cuando en cuando nos agrada ponernos a jugar juntas y solas. Pensar que todo comenzó como una pelea de perras. Por un tipo que realmente no vale la pena.

 

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