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Primeriza a domicilio

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Lo que voy a contar me sucedió a la edad de 18 años, es decir hace 4 años. Fue mi primera experiencia de sexo lésbico y les aseguro que ha sido la experiencia sexual más enriquecedora, intensa y deliciosa que he tenido en mi vida.


Hola, mi nombre es Adriana, soy venezolana, de 22 años y estudiante universitaria. Soy trigueña, muy bonita, delgadita, de estatura media, cabello negro lacio largo, con tetas grandes y con muy buen cuerpo (modestia aparte). Siempre había tenido una actitud sexual totalmente heterosexual, jamás me habían interesado las mujeres, ni había fantaseado con ellas.


Ese año, por las vacaciones y para mantenerme ocupada y ganar algo de dinero, acepté trabajar como encargada en la pizzería de un tío. Debía encargarme de la caja y de vigilar que todo funcionara correctamente en el área de atención al público. En ese trabajo conocía y veía a muchas personas, muchas de las cuales olvidaba a los pocos minutos. Pero no me ocurrió así con Corina, una mujer de 38 años, rubia, de ojos verdes espectaculares, de estatura media, muy voluptuosa y preciosa. Por donde pasaba levantaba comentarios de admiración de todos los hombres. No había momento en que no le dijeran piropos.


Corina era cliente fija de la pizzería, por lo que la veía muy a menudo. Entre nosotras solo había amabilidad, pero yo sentía algo muy extraño cada vez que la veía y sentía que sus hermosos ojos verdes se posaban en mí. Era algo tan fuerte y raro que me descomponía toda, me sacaba de concentración y control, me erizaba la piel y hasta me hacía sudar. Pero no era algo malo, solo era extraño, parecido a cuando me gustaba un chico. Decidí no darle importancia y logré estar tranquila durante varias semanas en las que, además, casi ni la vi.


Una tarde en la que salía temprano había que hacer una entrega a domicilio, a nombre de una Sra. Valdivieso, y no se encontraba ninguno de los repartidores por estar ocupados en otras entregas, por lo que me ofrecí a entregarla yo, ya que la dirección me quedaba en el camino. Al llegar al edificio indicado, toqué el intercomunicador y una voz de mujer me indicó que subiera, lo que no me agradó mucho pues estaba un poco apurada. Mi sorpresa fue grandísima cuando al llamar a la puerta del departamento, quién abrió fue la Sra. Corina, la bella mujer que había visto en la pizzería. El corazón empezó a latirme rápidamente y comencé a sudar como una fuente, lo que me perturbaba ya que no entendía que me pasaba. Ella también se sorprendió, pero inmediatamente se compuso y volvió a ser la misma mujer segura y de aspecto dominante que tanto me perturbaba.


Me saludó con la misma cordialidad de siempre. Nerviosamente le expliqué que me había tocado hacer la entrega porque no había ningún repartidor, a lo que ella respondió con una sonrisa (mezcla de picardía con complacencia) que me descompuso aún más. Me invitó a entrar mientras buscaba el dinero, a lo que le respondí que estaba apurada, pero inconscientemente entré y no sabía por qué. Fue en ese momento que me di cuenta que Corina llevaba puesta una pequeña bata de seda y sin nada de ropa interior. Eso me puso mucho peor de lo que estaba, e hizo que me asustara y empezara a desear salir de allí, pero algo extraño y desconocido me hacía permanecer en el sitio.


El departamento estaba un poco desordenado, con mucha ropa nueva de mujer sobre la mesa y algunos muebles. Me explicó que era parte de la ropa que vendía en su tienda y que si deseaba podía probarme alguna pieza. Iba a negarme cuando de pronto apareció, proveniente de una de las habitaciones, una mujer realmente preciosa, de unos 30 años, con un cuerpo escultural y un rostro angelical, también vestida solo con una diminuta bata de seda. Se llamaba Michelle y como dije, era tan hermosa como Corina. Me dijo que era una cliente y amiga suya, que había ido a ver la ropa nueva que había llegado. Se pusieron a hablar conmigo de la ropa que había en el lugar, mientras Corina seguía buscando el dinero. Me mostraron todo y les confieso que me sentía bastante a gusto hablando con ellas y viendo aquella ropa tan bonita. De pronto me di cuenta de la hora y vi que ya tenía bastante rato en ese lugar, por lo que le pedí que buscara el dinero para poder irme. Corina se disculpó y se mostró apenada y para compensarme mi tiempo me ofreció una prenda de ropa como regalo, la que rechacé inmediatamente diciéndole que no hacía falta. Ella insistió diciendo:
- No acepto que me digas que no. Yo te he retrasado y no es justo. Además, esta ropa se que te ha gustado y para ser honesta estoy segura que a ti se te va a ver muy bien. Eres una chica hermosa, con buen cuerpo y quiero compensarte...


- Tienes razón – dijo Michelle – A ella se le debe ver muy bien todo lo que hay aquí.


Insistieron tanto que no tuve más remedio que aceptar, además de que era una oferta que no podía rehusar ya que de verdad toda esa ropa me fascinaba. Lo que escogí fue una blusa espectacular que había visto desde mi llegada. Cuando les pedí el baño para probármela me dijeron que dejara la pena y me la probara allí mismo, que a ellas eso no les importaba. En eso, y sin previo aviso, Michelle se quitó la bata quedándose completamente desnuda. Les juro que el corazón me empezó a latir a millón otra vez, cuando vi aquel cuerpo escultural totalmente desnudo. Sus tetas eran preciosas, grandes y firmes, y ni hablar de su trasero. Cualquier hombre daría lo que fuera por poseerla. Empezó a probarse parte de la ropa mientras yo no hacía otra cosa que verla.


Cuando voltee hacia Corina me di cuenta que ella tenía la bata totalmente abierta y también podía ver sus tetas y su cuca, lo que hizo que me sintiera aún más perdida. Me miró y me dijo que no perdiera más tiempo, que me midiera la blusa. Con bastante miedo y pudor me quité mi camisa, luego el sostén (ya que la blusa era para ser usada sin sostén), dejando al descubierto mi pecho. En ese momento sentí que Corina y Michelle me devoraban con la mirada y que me dejaban totalmente desnuda. Instintivamente me tapé con la ropa, aunque sinceramente una extraña sensación de placer estaba recorriendo todo mi cuerpo.


Me puse la blusa nueva y ambas chicas se desbordaron en halagos hacia mí. Le dije a Corina que me gustaba como se me veía y que me quedaría con ella. Ella dijo que estaba de acuerdo, pero que eso no era lo único que me podía llevar, que eligiera algo más. Casi inconscientemente respondí que no podía, pero ella volvió a insistir diciendo que si hacía que me sintiera mejor, lo otro me lo dejaba a mitad de precio. Era una oferta tan tentadora que nuevamente no me pude resistir, así que escogí un bikini espectacular que estaba segura me serviría. Otra vez les pedí el baño prestado para probármelo, ya que tenía pena, miedo y vergüenza de que ellas me vieran totalmente desnuda, y nuevamente me dijeron que no hacía falta, pero insistí tanto que accedieron.


Cuando me encerré en el baño no podía dejar de pensar en todo lo que había sentido. No paraba de preguntarme con cierta angustia qué me había y estaba pasando. ¿Por qué sentía lo qué sentía? Mientras meditaba inconscientemente me desnudé y me puse el bikini. Con la misma inconsciencia y distraída por mis pensamientos salí nuevamente al salón donde estaban Corina y Michelle. Mi sorpresa fue gigantesca cuando vi a Corina sentada en un mueble, sin la bata y totalmente desnuda, y a Michelle bailando frente a ella, quitándose lentamente la poca ropa que tenía puesta. ¡Le estaba haciendo un streep tease! Yo no podía ni hablar. Estaba tan sorprendida que no atinaba a reaccionar.


En eso Michelle me vio, se sonrió y me hizo señas para que me acercara. Me di la media vuelta para regresar al baño y oí a Corina decirme "Quédate Adriana. Quédate y disfruta lo que vas a ver". El morbo y la curiosidad eran mucho mayores que el deseo de salir corriendo de allí. Michelle ya estaba totalmente desnuda también. Se sentó al lado de Corina y ambas se fundieron en un grande y apasionado beso. Pude ver como sus lenguas se entrelazaban mientras que con sus manos se acariciaban el cuerpo. Me volví a dar la vuelta y logré avanzar un poco hacia el baño, pero, como dije antes, era tanta la curiosidad y el morbo, acompañado por una gran excitación que se acrecentó cuando las vi besarse, que volví hacia donde estaban ellas y me quedé parada observándolas tímidamente.


Ahora Michelle estaba chupándole y mamándole las tetas a Corina. Su mengua pasaba por los pezones duros, los empapaba y después se ponía a mordisquearlos o a chuparlos. Se separó y entonces fue Corina quién empezó a comerle los senos a Michelle. Parecía querer devorarlos, pues aplicaba completamente la boca sobre ellos. Michelle se agachó frente a Corina, que abrió completamente las piernas, y en ese momento sentí que el corazón se me iba a salir, pues se puso a comerle la cuca. Pero lo que más me asustaba era que toda esa escena de lesbianismo, junto con los gemidos de placer que emitían las dos chicas, me había excitado muchísimo. Me encontraba mojadísima y muy excitada, lo que me impulsaba a seguir viéndolo todo.


Corina se veía más hermosa que nunca. Me miraba, sonreía y gemía mientras Michelle le comía la concha. Su cara era de total placer, el mismo que yo sentía que me estaba transmitiendo, como si yo estuviese hipnotizada.


Michelle se levantó me miró y me lanzó un beso junto con un guiño de ojo. Corina la sentó en el mueble y ahora fue ella quién se puso a comerle la almeja a Michelle. Ella agarraba a Corina por el cabello y la oprimía contra su cuca, a la vez que lanzaba pequeños gritos y gemidos de bastante placer. Levantó las piernas, abriéndolas más y pude ver perfectamente su cuca afeitada, rosada y húmeda, algo que nunca creí me causaría excitación. Corina estaba masturbándola a la vez que se la comía y chupaba toda. Sus dedos entraban y salían de aquella almeja que parecía llamarme a gritos.


Mi grado de inconsciencia y excitación era tal, que sin darme cuenta me había ido acercando hacia las dos, hasta estar prácticamente al lado de ellas. Al estar así, tan cerca, viendo todo mucho mejor, oyéndolas muy bien, oliendo el exquisito aroma del sexo, fue que comprendí que me había sentido tan extraña porque me sentía atraída por ellas dos. ¿Por qué era eso? No lo se. ¿Cómo podía estar sucediéndome y qué me estaba sucediendo? Tampoco lo podía decir. Lo cierto es que me convencí que me gustaba lo que sucedía y deseaba locamente ser parte de ello.


Cuando volví a reaccionar me encontré sentada junto a Michelle, observando con ansias como Corina le devoraba la almeja. Por la posición en que me encontraba, el pecho de Michelle quedaba a la altura de mi cara, por lo que me quedé contemplando el pezón erecto que me invitaba a comerlo. Se inició una guerra dentro de mi, debido al impulso que sentía por chuparlo, por saber que se sentía tenerlo en mi boca. Me alejé un poco, tratando de controlarme, con la respiración entrecortada y cerrando los ojos. Cuando volví a abrirlos Michelle se tocaba el precioso pezón, lo que hizo que me excitara aún más, por lo que sin pensarlo más me precipité sobre él. Abrí la boca lo más que pude, tratando de tragarme el seno completamente, buscando que entrara completamente en ella. Con la lengua podía sentir el duro pezón que tanto había deseado saborear. Lo lamía, mordisqueaba, chupaba y mamaba deleitándome en la embriagadora sensación que estaba experimentando.


De pronto caí en cuenta de lo que estaba haciendo. Estaba cachapeando por primer vez y eso me asustó muchísimo. Me separé rápidamente, pero cuando quise levantarme Michelle me tomó por el brazo y Corina por una pierna. Corina se levantó, acercó su cara a la mía y dijo casi susurrando: "No te asustes. Relájate, entrégate y disfruta esta experiencia que va a ser la mejor de tu vida".Ya las lágrimas brotaban de mis ojos cuando Corina me besó en la boca dulce y apasionadamente. Jamás me habían besado tan bien y mientras lo hacíamos Michelle me quitaba el bikini. Solo cuando quedé totalmente desnudita fue que las dos mujeres entraron completamente en acción, quedándome a merced de la lujuria de ambas.
Las tres nos sentamos en el mueble. Ahora éramos Michelle y yo quienes nos besábamos mientras Corina empezaba a jugar con mis tetas. Cuando sentí su lengua tocar uno de mis pezones, me separé de Michelle para poder verla hacerlo. Las dos mujeres se pusieron a chuparme y mordisquearme las tetas, lo que hacía que me sintiera en las nubes. Corina se puso de rodillas frente a mí. Su cara era de total lascivia. Yo estaba tan asustada que no podía reaccionar. Era una mezcla de placer y miedo que estaban conduciendo a consumar mi primera relación lésbica, con dos mujeres bastante mayores que yo, que estaban haciéndome sentir cosas deliciosas que iban en contra de todas mis convicciones, las que poco iban quedando atrás, desapareciendo, y siendo sustituidas por unas totalmente distintas.


Con una delicadeza increíble Corina separó mis piernas y se puso a besarme en los muslos. Vi que devoraba con la mirada mi almeja, que gracias a Dios yo tenía por costumbre depilarla por considerarlo más higiénico, pero ya ambas estábamos deseando que me la comiera con la boca. Con la misma delicadeza colocó sus dedos en mi concha, lo que hizo que me estremeciera, separó la piel y la dejó completamente abierta a su disposición. Me la besó como si me besara en la boca y luego empezó a pasarle la lengua, lamiéndola completamente. El corazón me latía a mil, pero aumentó su velocidad cuando sentí y vi que Corina ya no solo me la lamía, si no que me la estaba mamando e introducía sus dedos en mi rajita. Era muy diestra con su lengua y sus dedos. Subía, bajaba, entraba y salía de mi hueco a placer. Con Corina comiéndome la concha y Michelle, que seguía mamándome las tetas, creí que me iba a correr casi inmediatamente. En eso Corina se levantó y me volvió a besar en la boca. Su lengua tenía el sabor a mi sexo, lo que me gustó tanto que cuando trato de separarse, la detuve y nos seguimos besando a boca llena.


Ahora era Michelle la que ocupaba el puesto de Corina. No me chupaba la cuca, si no que me masturbaba. Corina se puso a besarme y mordisquearme las orejas, el cuello, los labios, hasta que llegó a mis senos y nuevamente se puso a chupármelos. Michelle hizo que subiera las piernas al mueble y me recostara un poco más, para también poder jugar con mi culo. Lo primero que hizo fue besármelo, lo que me sorprendió muchísimo, además aún era virgen por ahí. Cuando metió uno de sus dedos en él, automáticamente arquee el cuerpo. Me había dolido un poco, pero el placer había sido mucho mayor. Con su lengua iba de mi cuca al culo y viceversa. Entre tanto Corina siguió bajando besándome y lamiéndome toda, me excité muchísimo cuando empezó a besarme y lamerme el pie, hasta que llegó a mi cuca y volvió a comérsela. Michelle se le unió y el verlas hacerlo me ponía cada vez más caliente.


Todo se aceleró cuando se hicieron con mi clítoris. En ese momento mis gemidos fueron más fuertes. Michelle lo tocaba con la lengua y lo succionaba como si de un pene se tratara y las dos se turnaban para comérselo y jugar con él. Llegué a un punto en el que ya no gemía si no que gritaba "¡Más!, ¡más! ¡Ahhjjj! ¡Sí, así! ¡Ahhjjj!". Las dos mujeres aceleraron su trabajo lo que provocó que me corriera en la boca de ambas. Sentí que un río caudaloso brotaba de mi almeja y pude ver como las dos se bebían todos mis jugos. Cuando se incorporaron vi que tenían las caras empapadas en mis fluidos. Se acercaron y empezamos a besarnos las tres y a jugar con nuestras lenguas al mismo tiempo y yo trataba de lamerles toda la cara, para poder saborear otra vez todos mis jugos.


Me encontraba exhausta y jadeante y con una guerra mental entre lo que acababa de hacer y lo que siempre había creído correcto, pero mis dos amantes no dejaron que cayera en la duda, ni que descansara un poco. Michelle me levantó e hizo que me pusiera de rodillas sobre el mueble, quedándome en cuatro patas e inmediatamente se pusieron a comerme nuevamente mi coñito. Otra vez empecé a sentir lo mismo que antes. Corina empezó nuevamente a recorrer muy dulce y suavemente todo mi cuerpo desnudo, con besos, lengüetazos y caricias.


Cuando llegó a mi boca empezamos a jugar con nuestras lenguas, entrelazándolas, chupándonoslas y dándoles pequeños mordiscos. Ella se sentó frente a mi, en uno de lo brazos del mueble, quedando sus tetas a la altura de mi boca. Tenía tanta curiosidad y deseo por probar sus pezones que inmediatamente me dediqué a ello. Traté de meterme todo un seno en mi boca, pero era tan grande que no cabía. Con mi lengua empecé a sentirlo, duro, erecto, algo realmente fascinante. Le chupé, lamí y mordisquee las tetas a placer, mientras ella gemía y me acariciaba el cabello con una mano y con la otra me pellizcaba los pezones. Abrió las piernas dejando ante mi un manjar afeitadito que se me hacía muy apetitoso, pero que no me atrevía a probar. Michelle se acercó a mi oído y dijo:


- Anda mi dulce niña. No te rajes. Cómele la cuca como la buena lesbianita que estás demostrando ser.


Con una mano Corina separó los pliegues de piel de su cuca dejando la descubierto todo el manjar rojo y húmedo que tanto miedo tenía de probar. Acerqué la cara poco a poco, dudando entre hacerlo o no, pero convencida de que tenía mucha curiosidad por averiguar que se sentía y a que sabía. Cuando estuve muy cerca pude percibir su olor, que me pareció tan excitante que terminó de animarme a comérmela. Lo primero que hice fue besarle la cuca como ella lo había hecho con la mía. Mi primer impulso fue retroceder, pero Corina me tenía tomada por la cabeza, por lo que me atrajo fuertemente hacia su sexo. Nuevamente pegué mi boca a su concha, pero esta vez sí apliqué la lengua. En mi cabeza había una mezcla de rechazo, curiosidad, morbo por lo prohibido y aceptación, pero todo cambió cuando empecé a saborear realmente la cuca de Corina. Era un sabor extraño, pero sumamente agradable, que hizo que la aceptación y el morbo se impusieran a los demás pensamientos. Además por un momento pensé que era absurdo rajarme, pues ya había cachapeado con todo lo que había hecho. Ya no tenía sentido pensar que no era correcto y echarme para atrás.


Estaba completamente entretenida devorando la cuca de Corina, cuando sentí algo fuerte que me desgarraba la carne de mi concha. Cuando voltee vi a Michelle detrás de mi, con una especie de correa moviéndose al mismo ritmo de lo que me estaba penetrando. Mi sorpresa fue enorme... ¡Era un pene de goma y con él me estaba cogiendo por detrás! Por mucho que hubiese querido oponerme, ya era tarde para ello. Empecé a jadear y gemir muy fuertemente, tanto que estoy segura que todos los vecinos debieron oírme. En eso Michelle me dio una nalgada diciendo "Vamos mi pequeña cachapera. ¡Sigue mamándole la cuca!". Corina me tomó nuevamente por la cabeza y me volvió a pegar a su concha. Seguí comiéndomela mientras gemía de puro placer. Empecé a chuparle el clítoris lo que hizo que Corina empezara a moverse y a gemir más fuerte por lo que no tardó en correrse en mi boca. Cuando sentí que se venía apliqué toda la boca para poder beberme todo su néctar. Sentía que un líquido espeso descendía por mi garganta y me saciaba por completo. Era un jugo tan exquisito que hizo que yo también me corriera en el pene de Michelle.


Ahora estaba más exhausta que antes, pero con hambre y deseo de mucho más. No entendía por completo que me estaba ocurriendo, pero sí estaba totalmente segura que me estaba gustando y lo estaba disfrutando a plenitud. Por eso estuve de acuerdo con mis dos chicas en que debíamos seguir. Ahora era Corina quién tenía puesto el pene. Al verlo un impulso incontenible de darle una mamada se apoderó de mí. Mientras lo hacía Michelle se puso a chuparme nuevamente las tetas y Corina se sonreía sorprendida por mi iniciativa.


- ¡Eres una golosa! – decía riendo.
- Es una excelente alumna – dijo Michelle – Creo que hemos encontrado a una estupenda amante y esclava...


Hicieron que me acostara boca arriba en la alfombra y que abriera y levantara las piernas. Michelle me besaba y Corina me chupaba la cuca. Otra vez era el centro de la orgía de sexo y placer que habíamos montado las tres. Michelle se sentó nuevamente en el mueble y Corina me dijo en tono imperativo que le chupara los pies a Michelle, y aunque me sorprendió la petición, no dudé en hacerlo. Eran unos pies bellos (modestia aparte, como los míos), que de verdad provocaba besarlos.


Mientras se los lamía, chupaba y besaba, Corina me penetró dulce y suavemente. Empezó a moverse a un ritmo suave y pausado, mientras que yo gemía de placer y seguía entretenida con Michelle, que en eso se movió y se puso de rodillas sobre mi cara, mirando hacia Corina, quedándome su cuca a disposición para comérmela. Las tres nos fundimos nuevamente en una atmósfera de pasión, lujuria, deseo y sexo que iba aumentando paulatinamente. Corina me cogía mejor que lo que lo haría un hombre, Michelle y ella se besaban y chupaban las tetas, y de vez en cuando me lamían los pies (ya que los tenía levantados), mientras que yo me encargaba de devorar todo el coñito de Michelle. Era un momento perfecto y maravilloso que deseaba que jamás terminara. Las tres nos corrimos juntas en el orgasmo más intenso de mi vida. Estuve un buen rato bebiendo, sorbiendo y lamiendo todos los jugos de Michelle, mientras ellas me daban las últimas caricias.


Cuando nos incorporamos nos quedamos sentadas totalmente rendidas por el cansancio. Nos besábamos tierna y dulcemente, cuando entre las dos me abrazaron y quedé recostada contra ellas, con la cabeza a la altura del pecho de Corina. Corina me trataba como a una hija, acariciando mi cabeza y dándome pequeños besos en la frente. Ambas me estaban consintiendo y mimando como a una niña pequeña, y eso era una sensación sumamente agradable que me hacía sentir muy feliz.


- ¿Qué piensas Adriana? – preguntó Michelle.
- Tengo algo de confusión en mi cabeza – respondí – Es la primera vez que hago esto y aún me cuesta un poco aceptar que lo he disfrutado al máximo...
- Sí, nos dimos cuenta que te ha gustado – dijo Corina – Tanto, que te compenetraste completamente con nosotras.
- Lo que sí, es que estoy muy segura que me ha gustado y quiero repetirlo – les dije – Quisiera que este momento no acabe nunca.
- ¡Nos contenta oír eso! – respondió Corina - ¡Bienvenida a tu nueva vida!


Dicho eso, las tres nos pusimos a jugar nuevamente con nuestras lenguas. Me contaron que se conocieron en la tienda de Corina hacía un año y que desde ese momento se había hecho pareja. Michelle me contó que antes de Corina ella tampoco había tenido relaciones lésbicas, que Corina la había seducido. También Corina me confesó que desde que me había visto por primera vez, le había gustado y que hasta había pensado en seducirme. Me contaron como se sorprendieron cuando vieron que era yo la que había llevado la pizza, que parecía un sueño hecho realidad, algo enviado por el cielo, y que habían decidido no perder la oportunidad de poseerme.


Al nombrar la pizza, reaccioné como impulsada por un rayo. Me levanté y les dije que me tenía que vestir para irme, que ya se estarían preguntando dónde estaba. Corina se levantó y me pidió que no me fuera. Les dije que no podía quedarme, que ya era tarde, pero Michelle tenía un plan. Hizo que llamara a mi madre diciéndole que pasaría la noche en casa de mi mejor amiga, a lo que no se opuso. Luego llamé a mi amiga y le dije que pasaría la noche con mi novio y que ella me tenía que ayudar. Todo salió de acuerdo al plan. Mi deseo de que ese momento no terminara se hizo realidad. Esa noche la pasé haciendo el amor con mis con mis amantes, aprendiendo cosas que jamás soñé con aprender. Fue una noche salvaje de puro sexo y placer lésbico, que hizo que definitivamente aceptara que era lesbiana.


Me hice amante de esas dos mujeres. Muchas veces, al salir de la universidad, me iba a casa de ellas y hasta tenía la condición y obligación de desnudarme completamente apenas cruzara la puerta del departamento, para que así ellas pudieran disfrutarme completamente. Con el tiempo me mudé con ellas y prácticamente todos los días hacíamos el amor a placer. En ocasiones organizábamos fiestas y reuniones con otras chicas, que siempre terminaban en unas tremendas orgías. Hasta logré llevar a la bisexualidad a mi mejor amiga y al lesbianismo a otras chicas que eran mis amigas.


Desde entonces vivo a plenitud cada día de mi vida. Hace ya un tiempo que vivo con una chica que es mi pareja, pero de vez en cuando nos juntamos con Michelle y Corina, compro una pizza y hago nuevamente la entrega a domicilio, para revivir aquella tarde tan especial.

 

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