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Tarde calurosa con Ana

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

En el calor de la noche me sorprendí con un sueño muy sensual, tal fue el apasionamiento del momento que me desperté totalmente mojada, a mi lado mi marido dormía emitiendo sus típicos ronquidos. Me levante de la cama sudorosa y me fui a la nevera a beber agua y me refresque con un cubitos de hielo aplicándomelos por todo mi cuerpo. Las imágenes de mis sueños me venían a la mente dándome unas ganas tremendas de masturbarme.

Me fui al baño y debajo de la ducha me empecé a acariciar los pechos y con la ducha a la máxima presión me masajeé el clítoris, aquella mujer con la que había hecho el amor en sueños me ponía a cien y recordándola me corrí. Nunca había mantenido una relación sexual con una mujer, pero aquel sueño me perturbo de tal manera, que desde aquel día miraba de otra manera a las mujeres, las amigas y las no amigas, por eso cuando mi mejor amiga me llama aquella tarde para que fuera a pasar la tarde con ella, pues su familia estaba de vacaciones y ella tenía que esperar que le fueran a hacer una reparación eléctrica, le dije que iría muy gustosa, pero sin poder evitarlo empecé a imaginármela desnuda.

Como el calor seguía apretando al terminar de trabajar, aprovechando que mi marido no venía a comer, me dirigí a casa de mi amiga, llamé y subí a su piso. Mi amiga me estaba esperando en el rellano de la escalera con un camisón muy ligero, que al contraluz me permitió ver su cuerpo semidesnudo pues solo llevaba un tanga de color negro. Nos saludamos y contándome el mucho calor que tenía, me hizo pasar a su casa.

Lo cierto es que eran las cuatro de la tarde y yo llegaba sudorosa y de mal genio, me dirigí al baño para refrescarme. Ana, que así se llamaba, me invito a que me diera una ducha, lo que acepte sin pensarlo dos veces. Me duche con agua fría pues la verdad es que aunque intentaba evitarlo no hacía más que pensar en ella desnuda y haciéndome el amor.

Cuando termine de ducharme, me puse la toalla que Ana me había prestado, y comprobé que apenas me cubría, me miré en el espejo y observe que los años no pasaban en balde, mi cuerpo ya no era lo que fue y es que a partir de los cuarenta uno van empeorando, pero me dije que a ella también le pasaba lo mismo. Ana me llamó desde el cuarto, al llegar ella estaba tumbada en la cama y tenia un ventilador enfocado a sus piernas, me dijo:

- Ven, túmbate conmigo y quédate quieta es la mejor manera de combatir el calor.

Yo me eche a su lado y por un momento cerré los ojos intentando quitarme de la cabeza los pensamientos que me venían, ella era mi mejor amiga desde hacía 20 años. Pero lo que siguió me sorprendió mucho, Ana se acerco un poco más a mí y me dijo:

- Sabes, sigues teniendo un bonito cuerpo... siempre me ha gustado. - ¿Qué dices? Ya voy empeorando mucho.

- No, no que va, mira tus piernas siguen siendo muy bonita, y me empezó a acariciar los muslos. - ¿Quieres que te de un masaje? Se te ve cansada.

Antes de que le contestara me giro y me puso de espaldas, me quito la toalla y untándose las manos de crema comenzó a masajear mi espalda. Yo no sabía que decir, pues me estaba excitando tanto que empecé a sentirme húmeda. Ella me hablaba despacito, había puesto un poco de música y olía a sándalo. Sus manos empezaron a bajar hasta mis nalgas, y al llegar allí agacho su cabeza y mordisqueo los cachetes de mi culo, a mi se me escapo un suspiro y me di la vuelta.

- Ana, porque haces esto, me estoy poniendo muy cachonda y luego no querría arrepentirme.

- No te preocupes yo llevo soñando con esto desde hace siglos, y hoy he percibido en ti un olor salvaje, he visto que me comías con la mirada. Dime que tu también quieres tenerme, porque yo me muero por ti.

A continuación me beso en los labios, primero muy despacio, saboreando cada rincón, cada pliegue de mi boca, después su lengua y la mía iniciaron una especie de cortejo en el que jugaban a penetrar cada hueco. Sus labios eran carnosos aunque no muy grandes, su sabor era como de lluvia de primavera y me volvía loca la forma que tenía de besar. A esas alturas las dos estábamos tan húmedas, que a pesar del sándalo el cuarto olía a sexo. Ana me comía los pezones y sus manos habían entrado en mi agujerito y masajeaban mi clítoris de tal manera que sin poder evitarlo me corrí, ella se rió y bajando su cara a mi coño comenzó a sorberme todos mis jugos, mientras sus manos trabajaban mis nalgas y su dedito comenzaba a entran en mi ano. Yo gritaba:

- ¡Cómeme! ¡Cómeme!.

Ella me dijo que le gustaría correrse conmigo y haciendo el 69 las dos empezamos a comernos nuestros chochitos, el de ella era riquísimo, nunca había probado antes aquel placer, mientras hacia el amor pensé que no sería la última vez. Las dos tuvimos una gran corrida, agotadas nos quedamos abrazadas y mirándonos. Ninguna hablaba pero nuestras manos empezaron otra vez explorar el cuerpo de la otra. Ana se levanto y vino al poco con una tarrina de helado de chocolate y un bote de guindas, besándome de nuevo en la boca se empezó a restregar contra mi pubis, mientras sus manos agarraban mis muñecas y me inmovilizaban a la cama, saco del cajón dos pañuelos y me ato las muñecas al cabecero, después cogiendo el helado empezó a untarme los pezones y el canalillo que se formaba en mis pechos, después comenzó a chuparme dándome grandes lametones, con lo cual me estaba poniendo otra vez a cien. A continuación se embadurno su coñito de helado y se comenzó a llenarlo de guindas, se puso encima de mi boca y con mi lengua le empecé a lamer y a comer, las guindas se habían alojado muy adentro de su vagina, ella jugaba conmigo retirándomelo hasta que le suplicaba que me lo diera a comer, mientras sus manos acariciaban todo mi cuerpo y ella me conminaba a que le sorbiera hasta sus entrañas....

Nunca había tenido tantos orgasmos seguidos, aquella tarde fue apoteósica y puedo jurar que no fue la última, si os ha gustado os seguiré contando.

 

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