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Avion a moscu

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Una vez en el avión, me senté y ya estaba listo para realizar el viaje, ya que llegué de los primeros, aquello estaba muy vacío aun, los asientos eran de tres personas, me tocó en el lado de la ventana. A continuación empezó a llegar gente, hasta terminar de meterse el total de los viajeros, los cuales éramos muy pocos, a mi lado se sentó una chica muy hermosa, y en el otro asiento, el más cercano al pasillo otra mujer también bastante bella. El avión no estaba lleno, y habían situado a la gente sentándolas en las filas impares para estar menos juntos. Nada más despegar empezamos a charlar los tres, ninguno nos conocíamos, pronto empezamos a intimar.
La más cercana a mí se llamaba Mari Ángeles, era una chica de Córdoba, con veintidós años, morena, ojos verdes, cuerpo bien formado, senos prominentes, piernas atléticas, decía que realizaba deporte, vestía una blusa fina de color celeste, que dejaba ver su canalillo, con una falda corta marrón, viajaba hacia San Petersburgo.
La otra chica se llamaba Delia, era de Cádiz, con veintitrés años, morena, ojos marrones, cuerpo contoneado, llevaba una blusita semiabierta verde, sus lindos senos parecían querer salirse de su blusa, sus pezones morenos se marcaban perfectamente, llevaba una minifalda negra, que dejaban ver bien sus piernas, viajaba hacía Chelyabinsk.
La conversación era como si nos conociéramos de toda la vida, contándonos hasta cosas íntimas. Al rato empecé a sospechar de Mari Ángeles, parecía como si le gustase Delia, la observaba embriagada, deseosa de abordarla, de estrecharla entre sus brazos, además le lanzaba indirectas, aunque Delia no se preocupaba, incluso a veces le daba pie, parecía que Mari Ángeles quería sexo con Delia, y esta sin lanzarse, actuaba como si no le importara, yo estaba flipando con la situación. Estando en esas, aprovechando que Delia no la miraba, Mari Ángeles se tiró un poco del vaso de agua encima, yo me di cuenta, ella dijo que era muy torpe, que se tiró el vaso sin darse cuenta, la miré y me puso cara cómplice, rogándome como que me callara, le seguí el juego y no dije nada, Mari Ángeles se fue al servicio. Nos quedamos los dos solos, y continuamos hablando de cosas, hasta que me dijo que Mari Ángeles tardaba mucho, que la pobre se habría ensuciado mucho la falda, le dije que solo era agua, y que se le secaría, pero ella me insistió en el tema, diciéndome que la pobre vaya faena fortuita le pasó, tenía cara de saber lo que pasó, quería que se lo dijera de mi boca, y tras varias palabras así, le dije que se la tiró ella misma, y ella me replicó que lo suponía.
Al rato llegó Mari Ángeles, estuvimos un rato callados, hasta que de pronto Delia le preguntó por lo que hizo en el servicio, se puso algo colorada y le respondió que se secó la falda, Delia la miró y le dijo que como había estado la masturbación y que si pensó en ella, me quedé perplejo, Mari Ángeles no sabía que responder, le repitió la pregunta, y ella lentamente le dijo que sí con la cabeza, entonces Delia le rogó que le contará con detalles lo que hizo en el servicio, que ella tenía derecho, ella no le respondió, pero nuevamente le repitió la pregunta, y nerviosa empezó a contárnoslo, nos dijo que corrió al servicio a limpiar la falda, para evitar que se manchara, que una vez allí se la quitó para secarla, y que al quedarse en bragas no pudo contenerse y sus dedos instintivamente buscaron su coñito, apartando las braguitas a un lado, imaginando que eran los dedos de Camila, que estuvo un tiempo, hasta que le llegó el orgasmo, tras él, se acomodó la falda y retornó.
Me quedé perplejo, Mari Ángeles estaba contándonos como se masturbó en el servicio, mientras pensaba en Delia, después de esto, Mari Ángeles le preguntó a ella como sabía lo de la masturbación, la cogió de la mano y le dijo que no se preocupara, que ella también lo hacía, Mari Ángeles le preguntó nuevamente de cómo lo sabía, y le respondió que su mano olía a su coño, que le encantaba el aroma, seguidamente tomó sus dedos, y los metió en su boca, lamiendo uno a uno delicadamente, a la misma vez, la mano de Mari Ángeles que le quedaba libre, se deslizó desde la cara de Delia hasta la minifalda, pasando por sus pechos, al llegar a la diminuta falda, levantó esta, observándose claramente que no llevaba bragas, su coñito estaba depilado, era una hermosa tentación. Yo al ver esto, estaba también muy caliente, empecé a masajear mi polla por fuera de los pantalones, de lo que las chicas se dieron cuenta, pero no le dieron mucha importancia, estaban cegadas una con la otra.
Segundos después, Delia retiró la mano de su falda, y le dijo que se tranquilizara, que mejor fueran al baño, Mari Ángeles se levantó rápida y cogió de la mano a Delia, y se empezaron a dirigir al servicio del avión, me estaban dejado solo, y las miré con cara de pena. Delia me miró justo antes de salir del habitáculo en el que estábamos, y con la cabeza me hizo un gesto para que las siguiera. Nos dirigimos al water, y entramos en aquel pequeño servicio los tres, e increíblemente nadie se dio cuenta, aunque el avión estaba semivacío, tan pronto entramos cerramos con el pestillo.
Delia me miró y me dijo que me fuera a la esquina, que no iba a hacer nada, solo iba a observar, y que si quería que me pajease, la obedecí. Seguidamente, Delia miró a Mari Ángeles, y le dijo que la iba a llevar al cielo, que le iba a quitar ese calentón de zorra que tenía, tras esto, se puso a su espalda, y apoyó las manos sobre los hombros de Mari Ángeles, llevó las manos hacia el cuello, rodeó el borde de la camisa hasta llegar al primer botón, el cual desabrochó. La respiración de Mari Ángeles y la mía se habían acelerado, y signos de la excitación se dejaban ver, a Delia por encima de la camisa, comenzaron a notársele los pezones endurecidos y mi polla estaba comenzando a crecer bestialmente. La boca de Delia se acercó al oído derecho de Mari Ángeles, rozándole, sintiendo su aliento caliente y le dijo que se relajase, que eso era solo el principio.
Continuando estando Delia a la espalda de la otra chica, sus manos lograron desabrochar su blusa, después le subió el sujetador e introdujo sus manos entre sus pechos, lo que le ocasionó un gemido involuntario a Mari Ángeles al sentir las manos. Delia envolvió sus tetas delicadamente con sus dedos, las presionó y se dedicó a pellizcarlas sutilmente para después pasarle sus largas uñas alrededor y dejarlas duras como piedras.
Sin poder soportar más la cordobesa esas caricias, tomó las muñecas de Delia, y la colocó frente a ella, mirándose mutuamente a los ojos, y comenzando a besarse ferozmente sus lenguas se encontraban duras, cálidas y movedizas, estableciendo una batalla deliciosa. Las manos de Delia nunca dejaron sus pechos, y continuaron pellizcando y estirando los pezones, hasta que dispuso su boca en ellos, lamía los senos de Mari Ángeles con esa lengua tan maravillosa, los dejó bañadísimos con su saliva, se dedicaba a mordisquearlos, estaban durísimos, tomó cada pezón entre sus labios estirándolos, succionándolos, mordiéndolos, haciéndola enloquecer. Mi calentón era cada vez mayor, estaba excitadísimo, y decidí sacarme mi pene por la bragueta del pantalón.
La boca de Delia descendía por el cuerpo cordobés, sus manos iban quitándole la ropa de forma precisa, sacando la camisa de su falda, para abrirle las piernas a Mari Ángeles a continuación. Delia comenzó a acariciarle con una mano la entrepierna, sobre la braga, su palma abierta subía y bajaba por toda la extensión de su rajita, presionando paulatinamente, simulando meterle un dedo, manoseando así el centro de su coño. Después Delia subió su mano y la metió entre la braguita y la vagina, acariciándola un rato, y diciéndole que era una zorrita a la que le gustaba masturbarse pensando en la chicas guapas, Mari Ángeles asintió con la cabeza. Yo no aguantaba más, y comencé a manosear mi polla, la cual tuve que liberar de mis pantalones.
Tras un rato de sobeo del coñito, Delia le quitó la falda, y le bajó las bragas y se quedó desnuda frente a ella, no podía aguantar más con lo que veía, con lo que tenía a escasos centímetros, me masturbaba aceleradamente, estaba a punto de correrme, tomé unas servilletas, y vacié mi polla sobre ella. Las chicas me miraron, y se rieron, Mari Ángeles en ese momento dijo que ya había uno contento, a la vez que se sentaba en la taza del water, y apoyaba una de sus piernas en el lavabo. Delia se arrodilló frente a sus piernas abiertas y sus manos se dedicaron a su rajita, transportándola a otro mundo. Delia le decía que estaba muy mojada. Mari Ángeles le rogaba que le metiera los dedos, Delia le dijo que era una putita, y a la vez le metió dos dedos hasta el fondo, les daba media vuelta dentro de ella y los sacaba empapados, después lubricaba los labios mayores y menores de su anegada vagina, y la lengua de Delia se dedicaba a lamérselos, a recoger su flujo desde el interior para repartirlo, de adelante hacia atrás, hasta llegar al agujero de su culo. Delia le decía a su compañera que le encantaba sus flujos, que estaban deliciosos, que sabían a guarra en celo, Mari Ángeles solo sabía gemir y retorcerse. Yo estaba nuevamente caliente ya, aquello era espectacular.
De pronto Delia paró, me miró y me dijo que si estaba otra vez liado, asentí con la cabeza, y me dijo que ahora venía lo bueno, iba a reventar a la zorrita pajera. Se giró e introdujo un dedo en su vagina, y al mismo tiempo otro en el agujerito del culo, presionando en medio, juntando las paredes de ambos lados, haciéndole dar un salto de placer a Mari Ángeles, la lengua de ella comenzó a lamerle el clítoris, primero en círculos, llenándolo de flujo, para después subir y bajar, endureciéndolo, y haciéndolo brotar de la carne, después lo tomó entre sus dedos y lo estiró, lo pellizcó, después lo mordió.
Al rato, le dio la vuelta a Mari Ángeles, colocándola sobre la taza del water, sujetada por los codos, y dejando ver arriba de sus hermosas piernas su vagina coronada por su culo, el cual estaba abierto por la penetración anterior, pero no era virgen sin duda. Comenzó a lamerle el culo sin descanso, Mari Ángeles estaba llena de su propio flujo por todos lados, chorreándole por las piernas hacia abajo incluso, Delia seguía metiendo un dedo en el agujero mojado de su culo mientras que la otra mano no dejaba de arrastrarse a lo largo de la húmeda raja. Minutos después, Delia le introdujo dos dedos en su vagina con la otra mano, estaba siendo penetrada por ambos lados, con gran brutalidad, Mari Ángeles se retorcía de placer, Delia la insultaba, le decía que era una zorra, que era una pajera, que la iba a reventar, que era la más puta del mundo, Mari Ángeles solo decía que le metiera los dedos más rápido, que se corría. Yo estaba otra vez excitadísimo, me masturbaba con gran violencia.
Delia ya sin control, metía y sacaba sus dedos con gran bestialidad, ya eran tres de una mano en la vagina y dos los que reventaban el culo, estaba reventándola, siguió así hasta que las caderas de Mari Ángeles se elevaron sobre la cara de la compañera, estallando en un orgasmo brutal, que Delia devoró con ansias, tragándose todo lo que podía, limpiándola todo.
Después se arreglaron las ropas mientras me miraban como me intentaba masturbar de nuevo aun, les dije que esperasen un momento, Mari Ángeles se sentó en el water, y Delia permaneció de pie, al rato y tras ver que no terminaba, Delia se acercó a mí, y me dijo que me iba a ayudar, se arrodilló, tomó mi polla con la mano, y empezó a masturbarme fieramente, para a continuación engullir en su boca mi pene, entero, no dejando nada fuera, notando el final de su boca con el glande, era salvaje, estaba a punto de reventar, me masturbaba con su boca fuertemente y profundamente, y casi no tenía arcadas, aunque tocaba su final. Al momento y con la mirada fija de Mari Ángeles, lancé mi semen en la garganta de Delia, la cual retrocedió un poco por las embestidas, pero se tragó todo, no dejó escapar nada, dejó inmaculado mi pene.
Ya una vez terminado todo, nos vestimos definitivamente y salimos, y a los minutos aterrizábamos en Moscú, nos despedimos los tres con un tierno beso, y antes de irnos Delia nos dijo que había disfrutado mucho en el vuelo haciendo correrse a dos pajeros tan salidos como nosotros, se fue, y nunca más nos volvimos a ver.

 

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