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Aquí pasa algo raro raro raro

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Recientemente me encontré con Amanda, una bella, hermosa y alegre joven, desde que la vi me impresionó bastante, aunque para serles sincero, no creo que yo la haya impresionado a ella, o por lo menos no me lo pareció hasta que aceptó mi invitación a cenar. Desde que se acercó a mi, me dio la impresión de que algo buscaba, y no es que yo me crea un adonis, todo lo contrario. Estoy muy conciente de que sencillamente, podría haber llegado hacer mi hija, no lo digo por que hubiera la posibilidad de que llegase a conocer a su madre hace tiempo, sino por la gran diferencia de edades. Además como no soy de los que anda pagando, para que las chicas jóvenes se acuesten conmigo. Pero algo raro me pareció que sucedía con Amanda, por su cambio en la manera de hablarme, y hasta de tratarme. Con cierta distancia y displicente apatía, cuando me la presentaron en esa fiesta. A un sumo interés en mi persona, de manera tan inusitadamente rápida. Para adelantar les diré, que luego de cenar y bailar la invité a mi casa, ella declinó la invitación. Pero en su lugar me invitó a la de ella inmediatamente. Pensé que en su hogar se sentía más segura, más cómoda, en fin a mí lo que me importaba era pasar esa noche con ella, y no complicarme la vida averiguando los por qué. Al final llegué a la conclusión de que Amanda, como un sin fin de mujeres que he conocido, que prefieren la seguridad que le brinda su propio hogar y su propia cama. Apenas llegamos ella con bastante amabilidad me brindó un trago, y me comentó que iría a ponerse algo más cómoda, mientras yo esperaba al poco rato Amanda apareció en la puerta de su habitación, sensualmente vestida, con una pequeña bata de dormir semitransparente, bajo la misma pude apreciar su hermoso cuerpo, apenas cubierto por un fino conjunto de satín rojo que se ajustaba hermosamente a ella. Con agilidad tomó asiento a mi lado, y sin perder tiempo nos comenzamos a besar, yo acariciaba todo su cuerpo, mientras que de una manera u otra mi lengua jugaba dentro de su boca, o con los parados pezones de sus senos. Amanda me comenzó a desabotonar mi camisa, pidió que me quitase la chaqueta, y continué tocando todo su cuerpo. El suave aroma de su perfume me tenía embriagado. Hasta que me propuso que fuéramos a su dormitorio, ya dentro me ayudó a quitarme el pantalón, y luego apagó las luces quedando los dos casi totalmente a oscuras, apenas y podía ver su silueta, por la poca luz que se colaba por la ventana, hasta que me dijo que necesitaba ir al baño, mientras yo me terminaba de quitar el resto de mi ropa. Preocupado en parte por el súbito cambio, que dio en la fiesta, hasta llegué a pensar que se trataba de un transformista o transvestista, pero procuré desechar esa idea, aunque cuando en el sofá mientras la besaba traté de colocar mi mano sobre su coño y aun por encima del satín de su ropa intima, para sentir la húmeda cavidad de su coño, realmente no pude hacerlo, ya que siempre sus delicadas manos me lo impedían. Cuando regresó ya me encontraba del todo desnudo sobre su cama, podía ver su silueta desnuda del todo meterse en la cama, donde ambos continuamos besándonos y acariciándonos como locos, en esos momentos dirigí mis manos a su entrepiernas, y sentí lo que tanto deseaba, su vulva caliente y húmeda con mis dedos, lo que me tranquilizó. Algo que si me llamó la atención fue el cambio en el aroma de su perfume, me seguía embriagando tanto o más que cuando nos encontrábamos en su sala, pero era diferente, olía como algo más dulce que la primera vez que lo sentí. Pero rápidamente llegué a la conclusión de que se había puesto otra fragancia en el baño. Mis manos comenzaron acariciar su coño de manera tal, que hasta creo que alcanzó un orgasmo por la manera de comportarse, sin soltarla comencé a introducir mi verga dentro de su coño, a medida que lo hacía podía sentirla gemir de placer, Amanda comenzó a moverse, con todo el brío de su joven cuerpo, me tuve que esforzar un poco para no venirme de inmediato, mientras que la escuchaba decirme al oído que le diera más y más. Cosa de que por si me enerva bastante cuando una mujer como ella me lo pide. Me sentía reventar de gusto, teniendo su cuerpo bajo el mío, moviéndose de esa forma y manera. Tras un rato cambiamos de posición, fue cuando ella sin decir nada buscó mi verga con sus labios y se la introdujo dentro de su boca, su lengua la sentía sobre mi glande como se deslizaba sabrosamente, mientras que yo hacía hasta lo imposible por no venirme de inmediato. Por mi parte, busqué su coño con mi boca y sin perder tiempo se lo comencé a mamar y lamer como yo solo se lo se hace a una mujer. Amanda aun con mi verga entre sus labios y dentro de su boca gemía cada vez que yo pasaba mi lengua y mis labios por sobre su húmedo clítoris repetidas veces, y con mis dedos acariciaba lo profundo de su vagina. En cierto momento, comencé a pasar mi lengua un poco más haya de su coño, alcanzando su palpitante esfínter. Cuando lo sintió por primera vez, Amanda se quedó como paralizada, al parecer era la primera vez que alguien le pasaba la lengua por entre sus calurosas nalgas. Cuando volvimos a cambiar de posición, yo realmente estaba a punto de venirme, saqué mi verga de su calida boca, y me centré en chupar sus parados pezones. Amanda se colocó dándome la espalda, y con apenas un susurró de su vos me pidió que se lo introdujera por de tras. Llevándome por el tacto, localicé su cerrado hueco, todo mojado por mi saliva, y colocando mi glande sobre el mismo, comencé a presionarlo contra su esfínter. A medida que la penetraba la escuché quejarse de dolor, me pidió que se lo sacase casi llorando, pero ya en ese momento ni que me ofrecieran un millón de dólares, estaba dispuesto hacerlo. Mi cuerpo y el de ella finalmente quedaron del todo juntos, mis testículos pegaban contra sus paradas nalgas, las que de momento comenzó a mover divinamente. Enterré una de mis manos dentro de su coño, y la escuché gemir de placer nuevamente. Así continuamos los dos, hasta que ya no pudiendo más, me vine dentro de su sabroso culito. Amanda también debió haber alcanzado un delicioso clímax, lo digo por su manera de comportarse. Cuando extraje mi verga de su culo, ella tras permanecer un rato tendida a mi lado, con rapidez se levantó de la cama, desapareciendo por la puerta que conducía al baño. Me estaba quedando medio dormitado, cuando creí escuchar voces en el baño. Me levanté y lleno de curiosidad me dirigía a la puerta, y cuando la abrí, me llevé una tremenda sorpresa. En lugar de una Amanda había dos, al principio pensé que era hermanas gemelas, pero no fue así. Al verme ambas mujeres se quedaron sorprendidas, me imagino que con la misma expresión que yo debía tener en mi cara. Desnudo frente a la puerta, les pedí una explicación, una de las Amanda que se encontraba tan desnuda como lo estaba yo, por lo que me supuse o creí saber que era ella con quien yo me había acostado, mientras que la otra, se encontraba vestida con el bello conjunto de satín rojo. Al verlas detenidamente, me di cuenta que la que había estado con migo en la cama, era algo mayor que la otra. Apenas y se notaba la diferencia, fue que entonces Raquel que resultó ser el nombre de la que se acostó conmigo comenzó hablar. Mientras que la Amanda real, procuraba ocultarse tras ella. En ese momento me dijo que Amanda realmente no era lo que aparentaba, que se trataba de su hijo, como tomé la situación con calma, Raquel continuó hablando y me invitó tal como estábamos los dos a sentarnos en la sala. En resumidas cuentas, “Amanda” salía a buscar hombres, pero cuando estaba por continuar, cambiaba de puesto con su madre, la que terminaba lo que su hijo había comenzado, luego él volvía a ocupar su puesto y si era necesario hasta podía llegar a mamarle la verga a candidato de turno. A medida que Raquel me contaba lo sucedido, “Amanda” sensualmente llamaba mi atención, en cierto momento me sonreí y como que para ella, digo para “Amanda” fue como si aceptase que me mamase la verga. Con gracia femenina, se dirigió al baño mientras que Raquel continuaba pidiendo disculpas por lo sucedido. Cuando regresó se colocó a mis pies, y sin decir palabra comenzó a lavar mi verga con una toalla húmeda y jabón. A medida que su hijo hacía eso Raquel, se me acercó, y comenzó a besarme. Entre una cosa y la otra sentí que mi verga era chupada divinamente por “Amanda”, mientras que yo dirigí mis manos y boca al divino coño de su madre. No les voy a venir con el cuento de que nunca me le he comido el culo a un tío, la verdad es que lo que tras un rato de sentir como la chica se esforzaba tanto mamándome la verga, y su madre me pasaba sus paradas tetas por mi cara, terminé por comenzar acariciar sus parado y lindo culo. Él sugestivamente, comenzó a bailar frente a mí y lentamente se fue quitando la poca ropa intima que tenía puesta, siempre tratando de ocultar su miembro entre sus dedos, sus senos eran idénticos a los de su madre, y se movía de manera casi hipnótica frente a mis ojos. Cuando comenzó a restregarme su culo contra mi cuerpo, no perdí tiempo y sin pensarlo mucho se lo introduje, mientras que Raquel colocaba su coño frente a mi boca. A la mañana cuando nos despertamos en la cama de una de ellas, me encontraba en el medio de las dos. Amanda me daba la espalda, mientras que Raquel me abrazaba. De momento Amanda se levantó y cubriendo su cuerpo con una bata de baño, salió de la habitación. Cuando regresó yo terminaba de enjuagarme la boca, y en sus manos nos traía el desayuno para su madre y para mí. En ocasiones de cuando en cuando las visito. Y entre los tres disfrutamos divinamente.

 

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