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Disfruté más que mi mujer

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Nunca creí que ver aquello me pudiera excitar de tal manera contemplando como tres perfectos desconocidos ocupaban todos los agujeros de mi preciosa esposa a la que hasta ese momento nunca había poseído ningún otro hombre, llegando incluso a romperle la virginidad de su culo.


Llevo leyendo muchos relatos eróticos y eso es lo que ha hecho que desde hace tiempo mi forma de pensar respecto al sexo haya ido cambiando desde un tradicionalista estúpido a un liberalismo que me ha hecho gozar de experiencias excitantes. Hoy quiero contaros la que fue mi primera aventura de cornudo y cómo mi mujer disfrutó como nunca pensó que pudiera.

Todo empezó en estas mismas páginas. Primero me enganché yo y poco a poco fui introduciendo a mi mujer en su contenido. Comenzamos leyendo relatos simples de heterosexuales y acabamos leyendo de todo tipo de cuestiones, aunque no creáis que (de momento) nos atraen determinadas perversiones.

Como veo que es normal describirse las parejas protagonistas os diré que yo soy un hombre alto de aspecto atlético y doy clases como catedrático en una Universidad española que, como es evidente, me callo a fin de evitar comentarios por parte de mi alumnado. Mi polla está en consonancia con mi aspecto y en pleno rendimiento presenta una longitud de casi 20 cm. Mi mujer está espléndida, llama la atención, siempre acude a su trabajo (es directora de una sucursal bancaria) como si fuera a una fiesta de gala: el pelo a media melena arreglado en todo momento, las uñas largas, cuidadas y pintadas, en lencería no escatima ni un euro por lo que sus sujetadores y bragas o tangas son de lo más sensual. Suele ir con traje de chaqueta con la falda por encima de la rodilla, que en cuanto se sienta le llega a medio del muslo y unos zapatos de tacón alto que resaltan sus piernas. Su pecho es una 100 y ahora tiene su coño perfectamente depilado. Acude a un gimnasio tres días por semana y me encuentro orgullosísimo de ella.

Como os decía antes hasta hace bien poco llevábamos una vida familiar y sexual muy normal, con un par de polvetes a la semana y quizás alguno extraordinario si cuadraban las circunstancias. Esa media fue aumentando desde que leíamos juntos estos relatos. Yo pude detectar que aquellos temas que más le llamaban la atención eran los de orgías y sobre todo si intervenían negros o moros. Se ponía juguetona y se lubricaba inmediatamente. También procuraba leerse todos aquellos que trataban sobre infidelidades o intercambios. Un buen día mientras estábamos en el sofá, con nuestros hijos en casa de unos amigos, ligeritos de ropa y calientes nuestros cuerpos y tuvimos la siguiente conversación mientras nos íbamos acariciando los pechos y la polla:


- Cariño, parece que te divierte leer cómo le ponen los cuernos a otros, ya que tiene los labios chorreando. ¿No será que me los estás poniendo a mí o que te gustaría llegar a ponérmelos?

- Cielo, yo nunca te podría ocultar las posibles aventuras que tuviera y si surgieran siempre serían con tu permiso.

Oír aquello me excitó, pero también me sorprendió. Mi recatada esposa no negaba que pudiera llegar a tener aventuras con otros, sólo lo supeditaba a que yo le diera la autorización. Era increíble lo que mi mente podía volar en aquella situación y mi polla creció como nunca y estoy seguro que ella lo notó porque se sorprendió de la fortaleza de mis embestidas.

Unas semanas más tarde de aquel acontecimiento me tuve que desplazar a impartir unas charlas a otra Universidad y, dado que era una ciudad en la que mi mujer nunca había estado, solicitó a su jefe de zona unos días libres y me acompañó. Como era habitual cargó con un tremendo equipaje para casi media semana, pero ella quería sentirse segura de que no le iba a faltar de nada y que en las cenas oficiales y demás actos públicos iba a ser la más deseada y la más codiciada de todas las damas allí presentes.

Aquellos días resultaron de lo más alegres. Habíamos hecho muchos amigos y yo coincidí con otros colegas de otras Universidades que hacía tiempo que no veía, por lo que las noches eran muy animadas y mi mujer siempre disfrutaba de los comentarios amables que le dirigían los hombres e incluso provocadores de algunos colegas que yo consideraba lanzados de más. Por las noches, tanto por los efectos del alcohol como de dichos comentarios mi mujer llegaba tremendamente caliente e incluso el último día jugamos a que se fuera a quitar el tanga al servicio y regresara a la mesa donde cenábamos con el coño al aire. Aquello nos pareció increíble y como era la primera vez que hacíamos una cosa así la adrenalina se nos disparó de tal manera que no veíamos el momento de irnos a follar a la habitación.

El último día nos despedimos del resto de las personas conocidas ya que nosotros habíamos decicido hacer un poco de turismo y quedarnos en la ciudad. Estuvimos paseando después de la comida y comentando todo lo que nos había ocurrido. Ella me dijo lo caliente que se puso en diversas ocasiones y cómo si hubiera estado soltera se hubiera follado a más de uno de mis colegas, ya que le gustaron mucho y sobre todo cómo la trataban. Incluso me comentó de uno de ellos que en una de las veces que acudimos a un pub, cuando ella anunció que iba al servicio éste colega dijo que le acompañaba y cómo durante el camino le tocaba disimuladamente el culo y lo mucho que eso le excito, teniendo que masturbarse en el servicio. Incluso me dijo que ese día también se quitó su tanga y que notaba que estaba empapada. Yo con esa narración noté cómo mi polla creía y ella también se dio cuenta, por lo que como estábamos cerca de nuestro hotel decidimos subir a la habitación y disfrutar de la calentura que teníamos.

Después de eso nos relajamos y nos prometimos una gran cena de despedida. Ya que estábamos en un puerto de mar decidimos premiarnos con la última mariscada. Nos fuimos al mejor (y más caro) restaurante que nos dijeron. Era un sitio pensado para que los comensales se sintieran cómodos y entre el vino y las historias que nos habíamos forjado en esos días, nuestras mentes y nuestros cuerpos fueron aumentando de temperatura.

Tras la cena decidimos ir a una discoteca de esas de mediana edad. No había mucha gente y tenía dos ambientes diferenciados. En la zona inferior existía una gran barra que hacía muchas eses de tal forma que casi casi se rozaba la espalda de la persona que estaba detrás. Una zona de sillones corridos con pequeñas mesitas y varias mesas con sus correspondientes butacas alrededor de la pista de baile que tenía la forma de un enorme corazón. En la parte superior la barra era muchísimo más pequeña y sin forma alguna y había pequeños sofás con una mesa más grande con cada uno de ellos. Al verlo recordé mis años jóvenes en que acudía a sitios así para poder magrear a alguna chica tras intentar robarle algún beso en la pista de baile. Estaba claro que este local tenía muchos años y se había inaugurado en mi época de danzarín.

Estábamos muy desinhibidos y tras pedir una botella de cava y dos copas nos sentamos al lado de la pista. Estábamos viendo a las parejas bailar y nos reíamos y besábamos sin ningún tipo de reservas ya que sabíamos que sería muy difícil, sino imposible, encontrarnos con alguien conocido en aquel local. En un momento dado sonó una de nuestras canciones, de esas que todas las parejas guardan en sus recuerdos y sin pensarlo dos veces agarré a mi esposa por las dos manos y la arrastré a la pista. Ella se sorprendió, pero se dejó levar y continuamos canción tras canción, parando solamente para brindar.

Cuando se nos acabó la botella decidimos darnos un respiro y acercarnos a la barra a pedir otra botella más. En eso estaba yo, pidiendo la botella, cuando oigo que alguien se dirige a mi mujer para que baile con él. Era un hombre que ya había visto por allí y que había estado bailando solo y mirándonos de forma ocasional (al menos eso pensé yo). Mi mujer rehusó la invitación, pero el hombre insistió, entonces fue cuando le dijo que estaba con su marido y que sólo bailaba conmigo. En ese momento el hombre se dirigió a mí y me dijo:


- Usted parece una persona culta y entenderá que a cualquier hombre le apetezca bailar con su esposa. Ya que ella dice que sólo baila con usted es por lo que le solicito que me permita acudir a la pista con ella para poder disfrutar del ritmo que he comprobado que desborda.

Evidentemente yo ante tanta galantería y educación no me pude resistir y viendo que a mi mujer no le desagradaba la idea les invité a disfrutar en la pista de baile. Poco imaginé yo lo que iban a disfrutar entre ellos, pero no quiero adelantar acontecimientos y me apoyé en la barra observando las piruetas de la pareja. El no perdía ocasión para apretarla a su cuerpo y bajar su mano por el culo de mi mujer, pero no quise que después me tacharan de celoso y me puse a pensar en otra cosa. En se momento lo único que se me vino a la mente fue aquella frase en que mi esposa me había prometido que no iba a haber nada con otros hombres sin mi autorización. ¿Se estaría refiriendo a situaciones como esta? Mi mente no paraba de darle vueltas a esa idea cuando de repente me abordó un hombre:


- ¿Es usted el esposo de esa belleza con la que baila mi amigo?

- Supongo que sí. Al menos en un 50% su afirmación es verdadera ya que la mujer que está en la pista bailando con ese hombre es mi esposa. Lo que desconozco es si su pareja es su amigo o no.

- Pues si, somos amigos, vinimos juntos y al volver del servicio me encontré con que no estaba donde lo había dejado y me puse a buscarlo hasta que lo he visto en la pista. Permítame decirle que tiene una mujer bellísima y que desborda sensualidad.

- Muchas gracias - dije medio ruborizado. Sé que tengo una gran mujer, en todos los sentidos, a mi lado.

- Seguro que la aprovecha usted bien. Me dijo en un tono entre pícaro y pervertido, pero yo no quise darle mayor importancia.

- Es muy completa.

- Eso salta a la vista Vaya culo y tetas que tiene. Perdóneme si le molesto con mis comentarios, pero es que salta a la vista su físico.

- Si, dije yo deseando que aquella conversación acabara cuanto antes.

Al poco rato regresó mi mujer con su compañero de baile ya que hubo un cambio de música y mi mujer se abalanzo en mis brazos dándome un beso en los labios que me demostraba la calentura que llevaba. Tras las presentaciones oportunas, el que la llevó a bailar nos dijo que quería agradecernos la gentileza y que dado que se encontraban muy cansados después de tanto ejercicio y que como los sillones de arriba eran más cómodos que nos fuéramos a tomar una nueva botella de cava a esa zona, que invitaba él. Mis negativas fueron en vano y dada la insistencia de los tres (mi mujer incluida) no me quedó más remedio que aceptar. Incluso creo que algo tuvo que ver en esa decisión el hecho de que no suelo beber y ya llevara dos botellas de cava bebidas.

Subimos y tomamos asiento en una zona algo oscura desde donde se podía ver la pista inferior. Dado mi interés, decidieron que yo pasara primero y dejaron a mi mujer en el medio. Nuestras conversaciones eran fluidas y cada vez más extrañas. Mi mujer enseñaba casi la totalidad del muslo y cada vez que se reía (que era muy a menudo) sus tetas se le movían como si quieran saltar del sujetador que las medio tapaba. Los dos hombres eran de aquella ciudad y se dedicaban a la venta de productos informáticos para lo cual habían creado una pequeña sociedad. Se les notaba que estaban acostumbrados al trato con la gente ya que eran educados, amables y estaban correctamente vestidos. Se llamaban Xavier y Antonio. Xavier estaba entre mí mujer y yo y Antonio era el que se encontraba más distante de mi posición y era el que había estado bailando con mi mujer. Como os decía las conversaciones fueron aumentando de tono y con los chistes verdes, llegó el tema del sexo en nuestra pareja y fue Antonio el que dijo:


- Con una hembra como esta no tendrás problemas de follar como un loco y no necesitarás a ninguna otra mujer.

- Evidentemente, yo siempre le he sido fiel a mi esposa y supongo que ella a mí, dije entre risas.

- Eso ya lo sabes que es así, cariño. Ya sabes que si tú no me das autorización, yo nunca tendré relaciones con otro hombre, me recordó mi mujer.

- Eso está bien - terció Xavier. Así se evitan los problemas en la pareja y disfrutan los dos ya que uno no se propasará si sabe que no cuenta con el visto bueno del otro.

- Por ejemplo ahora cariño, Antonio me ha puesto tremendamente caliente mientras bailábamos en la pista y me ha pedido que nos fuéramos a su coche pero yo le he dicho que me debo a mi matrimonio y que no haría nada de nada. La verdad es que he notado su enorme polla pegada a mi coño y llegué a lamentar que él tuviera su pantalón y yo mi falda, pero la fidelidad sabes que está por encima de todo entre nosotros.

No daba crédito a lo que oía, pero a la vez me excitaba lo que me estaba diciendo ya que yo estaba notando su calentura. En eso, de nuevo Antonio me sacó de las nubes al decirme:


- ¿Me das permiso para comprobar la dureza del culo de tu esposa?

Me sorprendí a mí mismo oyendo como le decía muy bajito que sí a lo que mi mujer reaccionó levantándose un poco y pasando con sus tetas casi al lado de la cara de Xavier me dio un beso en los labios recorriendo toda mi boca con su lengua. Cuando acabamos pude comprobar cómo Antonio le había dado un cachete en su culo y levantándole la falda estaba masajeándolo con las dos manos. Mi mujer se volvió a acercar a mí y tras darme otro beso igual de intenso pero esta vez más corto me dijo:


- Cariño, me encantaría que en agradecimiento por lo bien que se han portado estos nuevos amigos, me permitieras regalarles mi ropa interior dándole a Antonio mi tanga empapado de mis jugos y a Xavier mi sujetador, pero quiero que seas tú el que me lo quites y se lo des a ellos.

Tras unos momentos de indecisión, en los cuales mi mujer depositó su mano sobre mi polla y la acarició muy suavemente sobre el pantalón, decidí quitarle la chaqueta del traje, abrirle la blusa y quitarle el sujetador. Sus tetas saltaron espléndidas con los pezones tiesos y duros como nunca los había visto. Quise ir a cerrar la blusa, pero ella me lo impidió discretamente alegando que allí no había mucha luz y que nadie se iba a enterar de cómo se encontraba. Poco tuve que subirle la falda para retirar su tanga ya que entre unos movimientos y otros estaba casi en su cintura, pero al retirar su tanga pude comprobar que estaba empapado, lo cual me excito una barbaridad al saber que mi mujer estaba cachondísima.

Antonio se dirigió a mí alabando las excelencias de mi esposa y mi suerte como marido suyo ya que no todos los días se podía admirar una hembra de ese calibre y me solicitó permiso para poderle tocar sus pechos y pezones ya que le parecían únicos en el mundo. Yo nuevamente balbuceé un si, pero mi mujer dijo:


- No se trata de que le des permiso o no cariño debes mostrarte activo ya que sino entenderé que lo haces por puro compromiso ante estos amigos tan atentos. Coge las manos de Antonio y ponlas en mis tetas, de esa forma sabré que realmente te agrada que las sobe con placer. Lo que lamento es que Xavier no pueda disfrutar de mi cuerpo ya que Antonio al ser más adelantado ha copado mis pechos. Te haré una propuesta que seguro que va a satisfacer a Xavier, si estás de acuerdo con mi propuesta coge una de sus manos, abre mis piernas y llévala a mi húmedo coño para que compruebe mi excitación y pueda beber mis mieles como haces tu en la intimidad. Si no te parece una buena idea nos levantamos y me follas en el hotel hasta caer rendidos.

Me sorprendí tomando las manos de Antonio y no sólo poniéndolas encima de las tetas de mi mujer, sino ayudándole a magreárselas de forma tremendamente excitante y descarada. Tras unos instantes me di cuenta que Xavier estaba esperando mi reacción y le tomé una de las manos y mientras con la otra separaba las piernas de mi fiel esposa se la acercaba a su coño, tomaba dos de sus dedos para introducirlos en su raja y tras notar cómo se mojaban se los llevaba a su boca, diciéndole: ahora sigue tu.

No creía lo que estaba haciendo. Estaba tremendamente caliente y no podía ver bien todo lo que hacían mis dos nuevos amigos con mi esposa, así que abandoné mi apartado rincón para sentarme encima de la mesa que tenía enfrente de ellos y poder contemplar el espectáculo en su plenitud. Mi mujer disfrutaba como nunca la había visto y se dejaba llevar por las sensaciones que percibía. Tanto era el placer que recibía que me dije a mí mismo que esos amigos deberían recibir ellos un placer semejante y cogí una de las manos de mi esposa y la puse encima del que ya se adivinaba pollón de Antonio y lo mismo hice con la otra para ponerla encima de similar aparato que aparentaba tener Xavier. Ella me sonrió agradecida y tras un rato pegándoles movimientos de lo más sugerentes y excitantes se dirigió a mí para decirme:


- Cariño, sabes que necesito autorización para todo lo que hagamos y creo que tu permiso debe ser lo más explícito posible, así que dado que estos amigos se mueren de ganas por que los masturbe directamente ya que tanto la tela del pantalón como del slip le están provocando roces, me gustaría que les sacaras sus pollas y dirigieras mis masturbaciones. ¿Qué te parece?

En ese momento a mi todo me daba igual, ella disfrutaba como una posesa y yo nunca había gozado tanto sin participar en ello. Sin pensarlo me acerqué a Antonio y tras mirarle fijamente a los ojos y recibir una sonrisa de complicidad le desabroché el pantalón y saqué de su prisión una polla de al menos 25 centímetros tiesa y mojada en su punta. Apoyé la mano de mí queridísima esposa en ese pollón y comencé a moverla rítmicamente de arriba hacia abajo. Cuando cogió un cierto ritmo dejé que continuara ella sola y pude adivinar una mirada de lujuria en sus ojos como nunca la había sentido. Acto seguido hice la misma operación con Xavier, me moví un poco en la mesa para acercarme a él y tras mirarle a los ojos me quedé parado, pensando qué estaba haciendo, cómo estaba poniendo en manos de dos depravados a mi fiel esposa. En ese momento sonó en mi cerebro como un mazazo la voz de Xavier que decía: ‘’Venga cornudo que quiero correrme en la mano de esta puta’’.
No daba crédito a lo que oía, pero hice como si aquello no fuese conmigo, le saqué su polla, que aunque más pequeña que la de Antonio era algo más gruesa y le acerqué la otra mano de mi esposa para que realizar la misma operación masturbatoria en la polla de aquel individuo que en base a la excitación que tenía había ofendido a mi mujer y mi honor, aunque creo que en esos momentos mi honor importaba ya bastante poco.

En esos pensamientos estaba cuando me encontré con mi mano tocándome mi polla por encima de mi pantalón, situación de la cual mi mujer se percató:


- Me gusta esta experiencia, mi vida. Han conseguido excitarme como tu nunca lo habías hecho y encima compruebo que esa sensación te gusta. Creo que a partir de ahora serás un cornudo perfecto y podré tirarme y disfrutar de todos los hombres que quiera delante de ti y con tu ayuda. Necesito la polla de estos dos amigos dentro de mí de una forma salvaje, brutal y de nuevo te pido que me ayudes a cumplir mis deseos. Pero … ya sabes que sólo lo haré si tú, mi cornudo, estás de acuerdo en que me vuelva una puta viciosa. Quiero que acabes de desnudarme totalmente para que pueda sentir todo el placer que puedan darme y dado que fue Antonio el que me descubrió quiero que sea él el primero que me penetre y quiero que sea sin preservativo. Sabes que me operé hace tiempo para poder sentir tu polla dentro de mi coño y ahora no voy a perder el gusto de sentir la polla y los huevos ajenos en ese mismo sitio. Por tanto, y para que Xavier no se aburra, le comeré ese pollón que no sé si me cabrá en la boca de lo gordo que es. Tú mientras tanto mira como la puta de tu fiel esposa es follada delante de ti en un sitio público y si tu quieres te puedes masturbar en donde te encuentras.

Sin pensarlo dos veces me levanté, me acerqué a ella y le retiré como pude la blusa y la falda totalmente arrugadas. Y como tenía que estar conforme con lo que ella quería, me propuse que la mejor forma de que ella notara que yo deseaba que ella disfrutara era ponerla a cuatro patas encima del sofá. En esa posición le acerqué su boca a la polla de Xavier y se la introduje. Vi como subía y bajaba y como su saliva la hacía brillar de una forma especial. Una vez acoplada esa zona le pedí permiso a Antonio para cogerle su polla y acercarla al coño de mi mujer. Una vez allí le dije fuerte para que los tres pudieran oírlo que ahora era su momento y que la hicieran gozar y se corrieran dentro de ella las veces que quisieran.

El espectáculo era increíble, allí en medio de una discoteca, donde los dos camareros de aquella pequeña barra no se perdían detalle, estaba siendo follada mi mujer mientras se la chupaba a otro y yo optaba por sacar mi polla para masturbarme allí. Los movimientos eran frenéticos. Las tetas de mi mujer se movían de un lado para otro y Antonio y Xavier rivalizaban por cogerlas de la forma más firme y placentera para ella. Los tres se corrieron juntos y mi mujer no dejó escapar ni una gota de la polla de Xavier, mientras que con una mano retuvo la salida de su coño de Antonio por lo que cuando retiró su polla la pude ver más reducida y goteando ligeramente. Pude comprobar que entre mis piernas había un charco de semen producto de mi masturbación y excitación. Mi mujer sonrió feliz y me dio un beso que sabía al semen de Xavier, pero que me gustó. En ese momento tomó nuevamente la palabra y nos dijo:


- ¿Sabéis una cosa? A mi marido se la chupé muy pocas veces, me daba un asco tremendo, pero hoy tu polla Xavier me ha sabido a gloria, estaría bebiendo tu semen una semana entera sin cansarme. Yo cuando me casé era virgen por todos los sitios y al día de hoy todavía sigo siendo virgen por uno de ellos.

- ¿Por cual? - terció Xavier.

- Evidentemente por el culo, amigo mío y espero que mi querido esposo no se oponga a que como premio a vuestra buena disposición para darnos placer se lo entregue a Antonio, mientras tu Xavier haces un sándwich conmigo y me penetras nuevamente por este coño deseoso de ser follado de nuevo. ¿Qué opinas, maridito cornudo? ¿Crees que es una buena forma de agradecer lo que estos chicos han hecho por nosotros? o quizás se te ocurre otra horma más excitante.

- Cielo, creo que es sublime la idea que se te ha ocurrido y permíteme que prepare todo para que recibas el máximo placer en este momento.

Ni corto ni perezoso fui dejando el sofá libre y primero desnudé totalmente a Xavier y lo coloqué boca arriba sobre el sofá. Su polla estaba tomando de nuevo unas dimensiones apreciables y la mirada de mi mujer lo decía todo. La coloqué a ella encima de él y le recomendé que entretuviera un poco a Xavier mientras yo desnudaba a Antonio. Una vez en cueros pude comprobar que su tranca ya no necesitaba ayuda alguna y que estaba dispuesta a entrar en acción. Pensé lo mucho que le dolería a mi querida mujercita ese pollón entrando por su culo virgen, pero rápido se me desvaneció la idea ya que le fui preparando el orto y le acerqué allí la polla. Una vez los tres en posición, les grite que se animaran que lo que quedaba ya era tarea suya.

Xavier lo tuvo fácil para penetrarla ya que el coño estaba tan dilatado que podían entrar hasta tres pollas como la suya si allí hubieran aparecido, pero Antonio estaba intentando abrirse paso lentamente. Mi mujer gritaba y en un momento dado me dijo:


- Cariño, para ser plenamente feliz solo necesito llenar mi único agujero vacío.

- ¿Cuál es, cielo? Ya tienes una polla en cada uno de los dos sitios.

- ¿Y para que crees que sirve mi boca? Quiero sentir nuevamente el semen deslizarse por mis labios.

- Espera que te acerco mi polla que está deseosa de recibir tu placer.

- ¡No! Cornudo, aléjala de mí. Cuando quiera darte placer te lo daré sólo para ti. No quiero compartir nuestro placer. Busca a alguien por las cercanías, ¡y que sea rápido!

Alcé la vista y la persona que vi más cercana fue uno de los camareros que estaba recogiendo unos vasos vacíos en una mesa cercana y que había aprovechado esa disculpa para ver el espectáculo más de cerca. Me di cuenta que era mulato y rápidamente pensé que su polla seguro que dejaba saciada a mi mujer por algún tiempo. Le llamé con unas señas y se acercó al momento. Le expliqué:


- Mi mujer quiere cumplir un deseo y yo no quiero que tenga problemas de felicidad por lo que te rogaría que me permitieras desnudarte para que mi mujer te coma la polla.

- Lo siento señor pero estoy de turno y no me está permitido hacer estas cosas. Mi jefe podría despedirme.

- Págale lo que sea, quiero su polla en mi boca – gritaba mi mujer.

- Tengo 600 euros en el bolsillo, ¿eso ayudaría a que no tuviera ese miedo del que me habla?

- Lo siento pero es que me juego el puesto de trabajo.

- Le doblo la cantidad, pero permítale cumplir ese capricho a mi mujer. Tome ahora 600 € y cuando acabe su turno nos acompaña a un cajero automático y le doy el resto.

- Venga, marica, sácale su polla y acércamela a la boca - me gritó mi esposa.

Yo, sin esperar la aprobación del camarero, le introduje los 600 € en uno de los bolsos de su pantalón al tiempo que se lo desabrochaba, lo dejaba caer al suelo con el slip y acercaba la polla a la boca de mujer. El en cuanto sintió su lengua jugando con su prepucio la agarró de los pelos y la atrajo a sus huevos con tanta fuerza que casi se asfixia allí mismo.

En ese momento pude comprobar como todos se movían rítmicamente y como mi esposa vibraba de placer. Los gritos de los cuatro casi apagaban el ruido de la música y las pocas personas que había en la planta superior contemplaban extasiados el espectáculo. Nunca había experimentado algo así. Mi polla estaba nuevamente dura así que aproveche a llevar mi mano a ella y masturbarme. Tras un momento de placer acabé sobre la espalda de mi esposa. Ella rebosaba semen por su boca y por su culo, mientras que Xavier suspiraba de placer debajo de ella.

Estuvimos un rato todos desnudos acabando lo que quedaba de la botella de cava y en un momento dado mi mujer se dirigió a mí para decirme:


- ¿Ves como nunca te sería infiel sin tu permiso? Tú me has dado autorización no sólo con tus gestos sino con tus hechos ya que te has corrido como mínimo dos veces. Te mereces una recompensa, que te la daré en el hotel cuando pagues a este camarero lo que le debes. Será nuestra guinda del pastel.

Nos despedimos de nuestros amigos Xavier y Antonio intercambiando los números de teléfono y prometiendo que haríamos todo lo posible para volver a vernos. El camarero se fue con nosotros, pero mi mujer estaba obsesionada con el tamaño de su polla, nunca la había visto tan grande, así que haciendo un aparte me dijo:


- ¿No te importa que la guinda del pastel espere? Me gustaría comerme este mousse de chocolate que la vida me ha puesto delante, mirando descaradamente al paquete del camarero.

Como comprenderéis yo acepté y los tres nos fuimos al hotel, pero esa historia y las que han seguido en estos últimos meses serán objeto de nuevas aventuras.

Lo único que lamento es que mi bella mujer ha disfrutado muchísimo con esto y lo que siguió pero yo sigo estando sin poder disfrutar plenamente, me gustaría ponerle los cuernos a ella de verdad, sin pedirle permiso ni autorización, como ella hizo conmigo para que sufra las consecuencias de una verdadera infidelidad. ¿creéis que obro bien?

 

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