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Mesa de billar

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Aquel día se presentaba como tantos otros normal, como todos los días desde que decidí marcharme a un tranquilo pueblo.

Había ido allí a trabajar de camarero y la verdad es que ganaba un buen dinero. Solamente tenía un problema, el sexo.

En aquel pueblo, eran muy mayores todas las mujeres que había y las jóvenes estaban ya casadas. Así que la sequía estaba siendo larga.

Aquella noche solamente quedaba un cliente en el bar, ya estaba muy borracho y me negué a servirle mas copas, debido a que el muy cabrón ya me había roto dos vasos.

En estas, llegó su mujer, Ana, para llevarlo a casa. Era una mujer de 30 años guapísima, con el pelo moreno y unas medidas que catalogué como 95-60-95. Llevaba solo un camisón, y se notaba que no se había arreglado mucho.

¡Otra vez borracho!- Abroncó ella a su marido – Anda vamos para casa.

Pero el marido ya estaba dormido en la barra. Así que trató de cargar con él ella sola. Yo vi mi oportunidad en ese momento con lo que me ofrecí muy galantemente a acompañarla a casa y ayudarla con su marido.

Ella aceptó ya que no podía con su marido ella sola.

En un momento del camino, el marido estuvo a punto de caerse. Cuando ella se agachó a cogerle pude ver que no llevaba ropa interior e inmediatamente me empalmé debido a que tenía un coño bien rasurado.

Llegamos a casa, le hicimos vomitar en el lavabo y el muy cabrón me lleno de mierda. Después le metimos en la cama y se quedó inmediatamente dormido.

Yo salí al comedor y ella se ofreció para dejarme ropa, ya que estaba lleno de mierda.

Toma pruébate estos pantalones que seguro que te quedan bien- Me dijo-

Mientras ella se sentó cono las piernas abiertas, la visión por segunda vez de ese coño tan perfecto, hizo que me volviese a empalmar. Pero en esta ocasión ella lo tuvo que ver ya que yo estaba sólo con mi bóxer.

Me puse los pantalones como pude y comprobé que eran más ajustados que los que yo llevaba, con lo cuál la zona del paquete estaba a punto de reventar.

Si quieres tomarte algo- me dijo-

En ese momento yo recordé que el bar todavía estaba abierto, con lo que debía ir a cerrarlo. Maldiciendo por lo bajo, la dije que tenía que ir a cerrar el bar y ella me dijo que otra vez sería.

Llegué al bar maldiciendo la ocasión que había perdido. Cuando estaba haciendo la cuenta, un coche paró justo a la puerta del bar. Abrí pensando que podía ser Ana, pero no era más que la Guardia Civil que estaba haciendo la ronda por el pueblo.

Por este pueblo pasaban dos Guardias Civiles mujeres y aquel día con el calentón que llevaba me parecieron más atractivas que nunca.


-¿ Hola está el bar cerrado? -Preguntaron.

No, para la Guardia Civil siempre esta abierto- conteste

Pasaron las dos y se pidieron dos orujos. Se lo tomaron mientras charlábamos. Me dijeron sus nombres: Cristina y Lorena. Lorena era la más pecosa y cristina era rubia con unos pechos firmes y grandes.

Les invite a un segundo orujo y ellas empezaron a comentarme que no era normal ver gente tan guapa como yo por esa zona y demás cosas.

En estos términos seguía la conversación cuando a Cristina se le cayó el décimo orujo que se estaban tomando. El orujo fue a caer a mis pantalones, (aquel no era el día de los pantalones) y ellas pudieron ver lo empalmado que estaba. Lorena se ofreció a secármelo y empezó a manosearme primero con la servilleta y luego sin ella, por encima del paquete que se puso mucho más empalmado.

En esto me confesaron que durante el servicio de hoy habían estado haciéndose unos dedos las dos y que al verme entrar en el bar habían decidido que yo les quitara el calenton.

Empezaron a quitarse la ropa, mientras yo me empezaba a pajear. Cuando terminaron yo ya estaba muy caliente. Ellas empezaron a chuparme mi hermosa polla, alternativamente. Cristina viendo que sobraba comenzó a chuparle el coño a Lorena.

Lorena, que debía estar aun más caliente que yo termino corriéndose enseguida, en ese momento coloque a Cristina encima del billar del bar y comencé a metersela por el coño. Mientras Lorena me chupaba los testículos, en aquel momento la vi correrse y con su humedad yo hice lo mismo.

En estas Lorena se levantó y fue a donde guardaba los palos de billar, cogió uno y comenzó a metérselo por su concha. Eso me puso cachondísimo y volví a empalmarme, en ese momento Cristina comenzó a chuparmela como una posesa, mientras tanto yo no podía dejar de mirarla las tetas, que estaban en erección y eran tremendamente grandes.

Así que tumbé a Cristina y mientras Lorena se me colocaba encima restregando su concha por mi hombro, yo coloqué mi polla entra las tetas de Cristina y las moví suavemente. Cristina colaboraba y comenzó a mover ella sus tetas con lo que yo le empecé a meter un dedo por su chocho. Acompasaba el ritmo y según yo metía y sacaba más rápido mis dedos ella movía sus tetas igual.

Al final Cristina se corrió y Lorena que a estas alturas ya llevaba dos orgasmos se colocó encima de mí con lo que me cabalgó como una amazona, sujetando la piel en la base del pene.

Aquello me dio una excitación que me hizo estar a punto para correrme.

En ese momento colocaron el tricornio que estaba en el suelo y me hicieron correrme en el interior.

Cuando estaban las dos lamiendo el tricornio, oímos la puerta del bar y nos asustamos.

¿Tan caliente te he dejado que has necesitado dos para enfriarte?- Oí como decía Ana desde la puerta, convertida en una diosa con su camisón repleto de transparencias.

No- respondí- ni con dos me basta para enfriarme la contesté.

En eso Ana se desnudó y cogió la botella de orujo que todavía estaba en la barra, se tumbó y echó el orujo por todo su cuerpo.

En esto comencé a chuparle, el sabor del orujo se me subía a la cabeza mientras que a Ana se le iban erizando los pezones. Al llegar a su concha el orujo se mezclaba con sus propios flujos y hacían que chupará con mayor avidez. Al final se me volvió a empalmar y comencé a chingarmela. Estaba apunto de tener un orgasmo cuando se me ocurrió una última posibilidad, la di la vuelta y la puse a cuatro patas y comencé a masajearla el culo, mientras Lorena seguía chupándola la concha y Cristina se estaba metiendo la barra del futbolín.

El culo de Ana se notaba que nunca había sido penetrado así que empecé poco a poco a introducirle mi polla, cuando llegue al final el grito de Ana se tuvo que oír en todo el pueblo.

Comencé a bombearla y cuando terminé el orgasmo de Ana estaba siendo espectacular.

Me corrí en sus intestinos y caí exhausto.

La noche fue inolvidable, la repetimos en más ocasiones y conseguimos hacer aquella orgía semanal. Nadie sospechó. Ni siquiera cuando encuentran un palo de billar o la barra del futbolín mojados.

 

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