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Mi querida amiga Paula

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Imaginaos un niñito, de dieciséis años, en un viaje de fin de curso con su escuela. Claro, ese niño era yo. Tenía una amiga de toda la vida, llamada Paula, que no veía desde hacía un par de meses. No iba conmigo a la escuela, así que descartad la idea de follar en el viaje. Resulta que después de una caraja de espanto, me llegó un mensaje al móvil. Me decía que se iba a ir a vivir con su padre a Teruel (yo soy de Barcelona), y que puede que no nos veamos más...que el sábado quedásemos en su casa, para hablar un rato. Solo quiero comentar que ahora, a mi novia, para decirle que quiero hacerlo, le digo que hablemos.

Llegó el día esperado, después del viaje, me fui para su casa. Piqué al timbre, y ni siquiera se oyó su voz, solo la apertura. Subí (un segundo piso), y llamé a su puerta. Paula salió a abrirme. Estaba preciosa. Paula es de pelo larguísimo, liso, y de un castaño oscuro que me encantaba. Por su frente caían dos mechones sueltos. Vestía con una camisa blanca muy suelta, y sus piernas solo estaban cubiertas por un pareo. Si fuese Dios, la pondría adornando el firmamento.

Yo, sin embargo, parecía un trapo. Me hizo pasar, y nos sentamos en el sofá. Me encanta el cine, y puso waterwold, mientras apagamos las luces. Me dijo que su padre estaba de copas, que no volvería. Se sentó a mi lado, con una cajita en las manos. De ella sacó un cigarro, que abrió con maestría, quitándole un poco de tabaco, y una piedrecita grisácea, que quemó con el mechero, y un polvo blanco cayó en el cigarro. De igual manera lo cerró, y posteriormente, lo encendió.

Eso echaba un olor a perros muertos increíble, y me lo pasó. a los varios minutos, la película rodaba sin atención. Mi boca, al menos, era algo tipo pastoso, no tenía huevos a abrir los ojos, y me dolía la cara de reír. Ella, supongo, estaba igual. Poco a poco se me iba acercando, dejando ver al arrastrarse un poco más lo que cubría el pareo. No me acuerdo como, acabó su mano en mi estómago. Con un movimiento de sierra iba deslizando la mano cada vez más abajo, y ella se iba inclinando, hasta poner su cabeza en mi hombro, y meter la mano bajo el pantalón y los calzoncillos.
Yo solo fui capaz de bajar un poco la mano, desde su costad hasta la entrepierna. Mi sorpresa fue que debajo del pareo no llevaba nada, y de la emoción, más que de la paja que me estaba haciendo, mi pene dio un impulso. Comencé a sobarle la vagina como bien sabe dios que podía. Ella se levantó y me dijo que fuésemos a la cama. Se que esto no tiene nada de porno, pero fue increíble la de veces que se tropezó con objetos interpuestos en su camino. Yo no paraba de reír. Nos sentamos en la cama, uno al lado del otro, y no sabía que hacer. Cogí la almohada, y como un capullo, arremetí con ella en su cara, ella me la quitó y me comenzó a golpear. Fue entretenido, hasta que acabé yo echado en la cama, con ella encima, tiró la almohada, y me besó.

Fue bajando sus besos, por mi cuello, que me volvía loco. Cuando le molestaba la cosa, apagó la luz de la mesita, me quitó la camiseta, y de un tirón, a lo bestia, el pantalón. Ella hizo lo mismo. Yo estaba en la nube cuando sus besos llegaron a mi estómago, y a la entrada de mis calzoncillos. Mientras daba besos, iba bajando muy despacio los calzones, hasta dejar descubierto mi pene. Me daba mucha vergüenza, pero con el colocon no me podía dignar a hacer nada. Lo cogió con una mano, le dió viarios besos, y se lo metió en la boca. Comenzó a subir y bajar, con sus labios carnosos, rodeando mi pene. No olvidaré aquella sensación jamás. Y menos, la cara que me puso cuando me corrí en su boca, mirándome con una mirada de esas que te rajan, separándose del miembro, con la boca casi cerrada, sonriendo y diciendo que ahora volvía que iba al lavabo. ¡QUE VERGUENZA!

Volvió, eso si, y se volvió a poner encima mío. Se que quitó el sujetador, y me atreví a tocarle las tetas. Maravillosas me parecían, pero no eran tanto. Mientras las sobaba, me frotaba el coño contra el pene. Comencé a notarlo empapado. Ella se levantó un poco, y fue ascendiendo en la cama, hasta poner su entrepierna en mi cara, apoyando las manos en la pared. Deduje lo que quería, y comencé a lamerle todo su coño mojado, bien depiladito, y a sobarle el clítoris (lo sabía por los relatos porno que leía de costumbre) hasta que se movía como una loca, y me cerraba las piernas, aprisionándome la cabeza. Volvió a levantarse un poco, y se colocó de nuevo encima del pene.

No se como, pero lo volvía a tener como un mástil. Pero esta vez ella se inclinó hacia mi, y me comenzó a comer el cuello. Con una mano se apoyaba en la cama, y la otra notaba que se deslizaba entre nuestros cuerpos, hasta llegar a nuestros objetos sexuales. Se echó un poco para adelante, cogió mi pene y lo apuntaló en la entrada de su vagina. Sinceramente, yo no me enteraba de un pijo, solo sabía que se podía hacer un huevo en mi cuerpo. Poco a poco, introdujo la cabeza del pene en su vagina, quitó la mano, y se alzó con las dos manos en la cama, recogiendo las rodillas, y poniéndose casi a noventa grados. Poco a poco se fue dejando caer encima de mi pene, y yo me estaba volviendo loco de placer.

Sinceramente, me sobraban manos, no sabía que hacer con ellas (acostumbrado a las pajas), y se las coloqué en las tetas. Ella soltaba unos gemiditos que me ponían aún mas cachondo. Bajé las manos a su culo, y empecé a seguir sus movimientos. cuando noté que me iba a correr, hice ademán de querer separarla, pero con cada una de sus manos me quitó mis manos de su culo, las echó adelante junto a ella, y las aprisionó contra la cama, evitando mi movimiento. Acercó su cara a mi oreja y me dijo; esta noche serás mío, y yo tuya.

Levantó la cabeza, y comenzó a dar unos contoneos tremendos encima mío, que yo notaba como golpes en mi pene, y entonces, me corrí (¿curioso, no?) Ella lo notó, me miró, se separó y se echó a mi lado. Pasamos así un par de horas, medio dormidos, colocadísimos, hasta que fue hora de irme.

 

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