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Relatos Eróticos

Primera Vez

Pasion y placer

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Nos encontrábamos solas en la casa, pues los padres de Marina, mi prima, habían ido de fin de semana a la playa. Ella de 21 años, alta y voluminosa, con pechos redondos y firmes, mirada sensual. Yo con 18 años, más delgada pero con unos pechos que resaltaban bajo la amplia camisa de pijama, que llevaba abierta mostrando en parte uno de mis pechos. A mi edad, aun era virgen.

De pronto escuchamos la voz del hijo del vecino, chico guapo, alto y fuerte, que llegaba a buscar a mi prima. Ella se levantó y fue a su encuentro. Sólo cubría su cuerpo una camiseta de dormir, y al abrir la puerta, los ojos de Roberto se llenaron de sorpresa. Mi prima le dijo “Pasa, te presento a mi prima Paula”. “Mucho gusto” le dije, tratando de cubrirme. Le ofreció una cerveza y le preguntó si quería acompañarnos un rato, a lo que él respondió que sí, sin saber lo que le esperaba.

Marina se dirigió al equipo de sonido y puso una música muy sugestiva, para animar la velada. Nuestro amigo se sentó en el sofá, escoltado a cada lado por nosotras, con lo cual me pude dar cuenta que su entrepierna había comenzado a dar señales de vida.

Yo siempre había soñado cómo sería mi primera vez, y al ver el nerviosismo de Roberto, comenzó a surgir en mi una oleada de ansiedad en mi interior, lo que me llevó a cruzar las piernas y apretarlas. ¡Ay, que sensación más increible, provocó en mi la presión que ejercían mis músculos!... mi sexo se mojaba muy rápidamente, sin saberlo estaba comenzando mi excitación. Para mi prima y para nuestro amigo no pasó desapercibida mi condición, por lo cual Marina se levantó y acercándose a mi me dijo: "Déjate llevar por tus deseos, no temas, todo está bien…"

Mientras ella miraba descaradamente a Carlos, con un movimiento rápido me sacó la camisa y de inmediato se quitó la suya, nuestros pechos saltaron dichosos y erguidos. El miraba y no podía creer que estuviera viendo a dos chicas desnudas frente a él. Marina me puso en pie y me invitó a bailar aquella música sensual y ambas nos dejamos llevar por los acordes de la canción. Ella como quien no quería, comenzó a mostrarle a Carlos sus pechos y su culo redondo y bien relleno, y yo tratando de no quedarme atrás, movía mi larga cabellera al compás de los acordes musicales, dejando ver mi cuerpo desnudo. Ambas lo miramos, esperando que se animara a unirse a nosotras.

No se hizo rogar, y aunque algo avergonzado, pues era evidente que su pija estaba más dura que antes, se quitó la camisa, el jean y luego el interior. Una vez libre su miembro, pude darme cuenta que no era muy grande, pero si gruesa y firme. Mi prima lo atrajo hacia nosotras y se ubicó tan cerca de él, que con cada movimiento lo rozaba con sus pechos como al descuido, luego lo tomó por el cuello y le dio un beso de lengua, lo cual animó mucho más al chico.

Yo que miraba la escena dije: "No sean egoístas y acérquense, soy yo quien necesita lecciones". Ellos así lo hicieron, y él me dio un beso, yo lo abracé y devolví su caricia con unas ganas increíbles. En ese abrazo pude sentir su pija tocar mis carnes, lo que que me hizo estremecer y desear sentirlo dentro de mi. Mientras tanto Marina no dejaba de tocarlo y darle pequeños besos incitadores. Muy tiernamente esos brazos fuertes me condujeron al sofá y con delicadeza me ayudó a sentarme, para luego ponerse de rodillas y mientras sus manos acariciaban mis piernas, su boca buscó la mía sedienta de placer mordí sus labios, y sentí como un fuego quemaba mi garganta.. Su lengua jugó con mis pechos, y mis pezones se pusieron más duros, brotando de ellos, placenteramente, gotas de una leche acuosa y caliente, causándome cierto sobresalto que hacía recorrer por todo mi cuerpo un loco deseo de abandonarme sin medida a sus caricias. Así fue bajando hasta mi concha, húmeda y palpitante. Lentamente apartó mis labios vaginales y comenzó a chuparla y a jugar con mi clítoris, produciéndome pequeños gritos de placer y la necesidad urgente de levantar mi cadera para que su lengua entrara mucho más en mi conchita.

Mientras tanto, mi prima, se había sentado en el piso junto a él, muy excitada y preparada para recibir el mismo tratamiento. Carlos no perdió tiempo y se dirigió a la entrepierna de ella, que estaba palpitante. Con un dedo tocó la húmeda cuevita y abriéndose paso, buscó su clítoris, apoderándose de esa joya inflamada por la pasión. Jugó un rato con él, para luego darle paso a su inquietante lengua, que inició con todo cuidado su labor, mientras sus dedos entraban y salían de su concha bañada por sus jugos. Ella alcanzó así, entre suspiros y gemidos, su primer orgasmo.

Marina se levantó y tomando a Carlos por los hombros, recostó a nuestro amante en la alfombra, y luego ambas nos acostamos a su lado. El comenzó a chuparme los pezones, mientras mi prima le chupaba la pija casi con desesperación, subiendo y bajando, tomando su bolsa y mordisqueando sus huevos, lamiendo su gorda cabeza. Yo sabía que pronto perdería mi virginidad, pero eso ya no me preocupaba, es más, lo deseaba. Y Roberto se dio cuenta de ello, pues separando mis piernas se colocó entre ellas y muy despacio, casi con miedo de dañarme, colocó su pene en la entrada de mi cueva muy mojada y, llevando mis piernas hacia mi pecho, despacio, casi en cámara lenta, fue metiéndola en mis entrañas... yo emití un grito, que apagué mordiendo mis labios, pues su gruesa y rígida pija llenaba todo mi canal vaginal, sintiendo una mezcla de ardor y dolor, que junto con mi estrechez, produjeron que dos lágrimas rodaran por mis mejillas. El comprendió e hizo un breve alto en su cometido, sin dejar de acariciar mis pechos y besar mi rostro.

Mi prima, aprovechó el momento para frotarle con sus pechos la espalda a Carlos, hasta llegar a su culo, donde acercó su boca y le pasó la lengua por el ojete, haciendo que nuestro amigo diera un salto de placer, y reanudara sus meneos dentro de mi. Yo sentía que en mi interior se había roto algo, pero esto no me impedía disfrutar, y me abandoné a sus caricias, siguiendo cada uno de sus movimientos. Pero él era muy goloso... sin dejar que yo llegara a mi primer orgasmo ya próximo, me hizo a un lado, y se puso encima de mi prima, ella anhelante tomó su miembro entre sus manos y lo colocó en posición, ofreciéndose totalmente. Cuando él empujó, entró hasta el fondo, la bolsa de sus huevos golpeaba sin cesar sus golosas nalgas, y ella suspiró agradecida, sus gritos de placer me llenaban de morbo y lujuria. Yo que estaba muy excitada, me senté abierta de piernas recostada en el sofá, mirando como se follaba a mi prima e introduje en mi concha dos dedos acariciando mi inflamado clítoris, arriba abajo, en forma circular, de mil formas deliciosas que provocaron fuertes espasmos en mi cuerpo, que mezclados con mis gemidos, no tardaron en llevarme a aquel orgasmo increíble y deseado. Roberto, loco de placer, ya no pudo más y se corrió dentro de Marina.

Quedamos tendidos en la alfombra... de pronto mi prima se puso en pie y fue a su habitación... al regresar traía en su mano, un consolador enorme. Entonces nos dimos cuenta que nuestro juego recién comenzaba. Se acercó a mi y puso su juguete en mi boca, y yo como leona en celo comencé a chuparlo como si fuera verdadero. Lo sacó de mi boca muy mojado de mi saliva, y poniéndose en la posición de perrito, introdujo esa pija inmensa en su chochita, lo que nos animó a Carlos y a mi a reanudar las caricias, explorando una vez más cada parte de nuestros cuerpos. El me colocó en cuatro, se puso detrás de mi, abriendo mis nalgas, llenó mi ojete con su saliva, y metiendo un dedo, luego dos, comenzó a preparar mi agujero oscuro para lo que seguía, sin dejar de manosear y pellizcar mis pezones. Con su miembro otra vez duro, empezó a penetrarme. Primero colocó su cabeza, al sentirla arqueé mi espalda, él me tomó de las caderas y en un movimiento rápido introdujo toda su pija, yo gemí de dolor y placer. Para entonces, Marina que se había colocado debajo de mi introdujo en mi concha el consolador, mojado con sus jugos, que generosamente fue haciendo brotar en mi nuevas oleadas de placer, que fueron apaciguando el dolor. Cada vez que Roberto embestía mi culo adolorido, ella hacía girar con maestría el consolador provocándome un gozo indescriptible.

Mi prima cambió su posición, se puso delante de mi, mostrandome su rosada concha, y me pidió que metiera el consolador en su cueva ardiente, por demás bien lubricada. Sin decir palabra, procedí a complacerla. Mientras tanto Roberto que había disminuido la intensidad de sus movimientos, no se perdía ningún detalle, como queriendo saborear todo.

Cómo gozábamos, aquello era un torbellino de placer, nuestros cuerpos transpirados, resbalosos al tacto, temblaban de pasión. Marina se estremecía al sentir aquella enorme pija y no tardó en llegar al orgasmo. Yo por mi parte, comencé a sentir como un volcán se fue formando en mis entrañas, provocando fuertes movimientos a mi cuerpo, que fuera de sí, y sin reparo alguno, inició el desborde de aquel líquido caliente que recorría toda mi concha, dejando escapar hacia mis muslos unos hilos de este tibio tesoro de amor.

Nuestro amante no pudo más, sacando la pija de mi ardido culo, explotó llenando mi nalga y mi espalda con su caliente esperma. Marina que disfrutaba aun su orgasmo, lamió el semen del pene de Carlos dejándolo reluciente. Los tres nos acariciamos exhaustos. Una vez repuestos y vestidos, acompañamos a la puerta al hijo del vecino, y con sendos besos sonoros, nos prometimos volver muy pronto a encontrarnos.

Ahhhhhhh me olvidaba, cuando quedamos solas, mi prima me confesó, que ellos habían preparado este encuentro, especialmente para mi, y que Roberto había sido también quién la inicio a ella en el arte de amar. De más está decir que, seguimos viéndonos en la actualidad…

 

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