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A mi ama

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Había recibido una orden de mi ama, escribe un relato de tu convivencia conmigo como mi esclava particular y publícalo. Como todas sus ordenes me esforcé en cumplirlas lo antes posible, siempre fue una ilusión cumplir sus ordenes lo mÁs rápido posible.
Hacia un mes que había dado el paso, después de mucho tiempo de ser esclava ciber, de haber pasado por el dominio de amos y amas, la había encontrado, ama Maria Jesús era el Ama más comprensiva, imaginativa y dominante que había encontrado.
Poco a poco me fue haciendo vencer mis límites, yo estaba casada, eso impedía determinadas cosas y me hacía guardar datos personales.
Pero mi ama, utilizó su paciencia, poco a poco había ido ganando mi mente y finalmente, como ella decía "todo llegará" saltaron las barreras, le di las fotos que me pedía, los teléfonos que me pedía, me entregué toda a ella.
Eso hacia ya tiempo, y saltar esas barreras hizo que llegáramos al salto definitivo, un día ella me dio la orden final: "Haz mañana la maleta y vente a vivir conmigo, vas a ser mi esclava particular". Lo hice, no debo entretenerme en este momento, pero lo hice. Desde entonces duermo a los pies de mi ama cuando ella me lo permite. Me encargo de todo lo de la casa, pero para mí, no significa ningún problema, antes al contrario, gozo viendo llegar a mi Señora y haciendo que encuentre la casa limpia, colocada como a ella le gusta, con la comida que me ha mandado preparar.
Nada más entrar, si tengo algo de ropa puesta he de quitármela, estoy desnuda y limpia por si ella necesita algo de mi. Me dirijo hacia ella y me arrodillo a sus pies esperando sus primera órdenes que suelen ser que le quite los zapatos, si ella me lo permite, en ese momento le doy un masaje en los pies que ella suele agradecer.
Después camino dos metros tras ella si ella quiere que la acompañe a la habitación.
Allí le ayudo a desvestirse y ponerse ropa cómoda. Es maravilloso ir descubriendo el maravilloso cuerpo de mi Diosa. Solo la miro a los ojos si ella me da permiso para hacerlo.
Si ese día no me ha mandado ponerme algo especial suele aprovechar ese momento para coger pinzas y colocarlas bien en mis pezones o bien en los labios vaginales, o en ambos sitios a la vez.
De ese modo marca su dominio sobre mí. Yo no debo quejarme aunque me duela pues de lo contrario seré castigada más duramente.
En la forma que haya decidido dejarme le sirvo la comida, cuando termina le pido permiso para comer de las cosas que han sobrado. Ella suele dármelo.
Luego le sirvo el café y ella se retira a descansar un rato. A veces me da permiso para acostarme a los pies del sillón donde ella reposa.
Hay un momento del día que las dos esperamos con deleite, yo lo disfruto y se que ella también. Es el momento de azotarme. Me ata las manos de poleas colgadas en el techo, ata mis pies bien separados a unas barras laterales y me azota, lo hace por todo mi cuerpo, por delante y por detrás, en la espalda, las nalgas, las piernas, los pechos, el vientre. Todo mi cuerpo recibe el castigo y el dolor de su látigo. Yo me retuerzo, me siento sometida, dominada, como O cuando en su película fue azotada por la sirvienta negra de su amo. Acabo la sesión entregada, con mi cuerpo dolorido y mi mente pidiendo más, más. Pero no se lo digo, mi ama no quiere que yo le pida castigos, ella hace siempre lo que debe hacer conmigo.
La parte más sexual de la relación puede llegar en cualquier momento del día, no hay regla, y esos momentos no están pensados para goce mío sino de mi ama. Es más yo tengo la orden de intentar excitarme lo menos posible, debo sentirme y así me siento, sometida y dominada, como un objeto sexual de mi ama. Me hace darle masajes, chuparla entera, oh su cuerpo de Diosa, su clítoris, su vagina, penetrarla con mi lengua. A veces, ella antes de recibir todo eso me hace tumbarme y me pellizca y me muerde los pezones, me marca los hombros con sus muerdos, también el vientre, a veces leves, levísimas caricias han conseguido llevarme a un orgasmo que debo vivir como sometimiento, como dominación, con vergüenza de haber sido obligada a gozar cuando mi obligación es ni tan siquiera excitarme. Y a veces también, ella me coloca a cuatro patas, se coloca un consolador con un cinturón a la cintura y me penetra, lo hace repetidas veces, suave y fuerte y entonces llego a la culminación de mis sentimientos de ser un objeto sexual para ella. Debo agradecerle a mi Ama que me permita hacerle gozar, siempre doy gracias por ello.
Mi sumisión desde que la sirvo en su casa ha avanzado mucho, ella piensa que ya casi estoy lista para ser entregada a otros amos y amas, y me ha asegurado que lo hará. Yo ya lo he aceptado, lo único que espero es no dejar en mal lugar a mi ama, que pueda sentirse orgullosa de su esclava particular si alguna vez realmente me entrega a alguien.
De cara a esa entrega, hace una semana me dijo que para entregarme y que se supiera a quien pertenezco debía ser marcada por ella. Supe que dolería pero me sentí orgullosa de que quisiera que llevase su marca y así dispuso que se haría al día siguiente.
Fue por la tarde, acabado su reposo me llevó a mi cama, me mando tenderme boca arriba, encendió una vela y derramo cera ardiente sobre todo mi cuerpo, luego calentó un anillo con sus iniciales, cuando estaba al rojo me pidió que cerrará los ojos y entonces sentí como la carne en la parte derecha de mi vientre ardía, un olor a quemado que supe dejaría su marca. Me dejo reposar una hora, me dijo que no me levantara. Volvió, me mando darme la vuelta, encendió otra vela, derramó cera sobre mi espalda, de nuevo calentó su anillo, me mandó cerrar los ojos y otra vez el intenso dolor esta vez en la nalga izquierda. Me sabía marcada para siempre por mi Ama.
Me sentí orgullosa, supe que siempre, siempre había vivido con la ilusión de ser marcada por ella aunque no me era permitido pedírselo, siempre, siempre había pertenecido a mi Ama, y que siempre le pertenecería.

 

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