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Abuso placentero

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Mi mente no quería pero mi cuerpo me traicionó. Disfruté mientras él abusaba de mí y me convertía en su puta


Mi nombre es Irene y soy estudiante de último semestre de Informática. Como parte de mi carrera debo hacer una práctica profesional de 6 meses en una empresa. Es así como ocurre lo que relato hoy.


Luego de una semana como practicante en la empresa comenzaba a familiarizarme con el sistema y sobre todo mis compañeros de trabajo. Javier se sentaba en el escritorio de en frente y desde q llegue tenía una manera muy amistosa de tratarme. Luego de un par de días comencé a notar que me miraba disimuladamente y cuando yo lo pescaba se sonrojaba y seguía trabajando en su computadora.


El Viernes me invitaron varios compañeros a ir al bar de la esquina a tomar algo para relajarnos. Como tenía ganas de socializar un poco y no tenía planes acepté. Al salir me di cuenta de que Javier venia con nosotros y me alegró porque así tendría alguien con quien charlar. En efecto charlamos mucho y nos reímos. Luego de la cuarta o quinta copa se comenzó a animar el ambiente en el bar y varias parejas saltaron a la pista. Javier de manera muy casual me invitó a q bailáramos y como hacía semanas q no bailaba acepté gustosa. Comenzamos bailando salsa y luego pusieron merengue. Poco a poco sentí como Javier acercaba más su cuerpo y llegó un momento en q no pude disimular el sentir su polla erecta sobre mi muslo. Traté de poner distancia pero era más fuerte que yo y comencé a ponerme nerviosa. No niego q Javier me parecía guapo y simpático pero no quería involucrarme en la oficina y menos recién llegada. La pieza terminó y le dije q tenía q ir al baño. Al volver me disculpé con todos y me fui para casa un poco abochornada y confundida por la situación.


Al lunes siguiente Javier se disculpó y me dijo que no acostumbraba ser tan agresivo, que debió ser las copas de más q se había tomado y que por favor lo perdonara. Quedamos en olvidar el acontecimiento y pasaron un par de semanas en las cuales no hubo nada más así q di por enterrada la situación, no sin dejar de sentir alivio y un poco de decepción ya que muy internamente él me atraía.


Un miércoles de final de mes estábamos trabajando en un nuevo proyecto y se nos hizo tarde. Cuando nos dimos cuenta Javier y yo éramos los únicos en la oficina y eran pasadas las 10pm. Decidimos que ya que estábamos puestos termináramos y luego nos sentiríamos más aliviados de trabajo, pero ambos teníamos algo de hambre ya que no habíamos almorzado así q decidimos ordenar comida china. Javier sacó una botella de vino que había sobrado de la fiesta de navidad pasada y nos dispusimos a comer y relajarnos un poco antes de terminar con el proyecto.


Sentados charlábamos a gusto cuando noté que Javier tenía una mirada extraña. No podía asegurar que era pero me puse sumamente nerviosa y excitada a la vez. Hice un movimiento en falso y sin querer eché la copa de vino sobre mi camisa. Apenada tomé una servilleta y traté de secarme. Él tomó la servilleta en sus manos y siguió secándome mientras nos reíamos por la situación.


De pronto noté que su rostro estaba a escasos centímetros del mío y que había dejado de secarme con la servilleta para posar su mano sobre mi seno. Le traté de detener preguntando que hacía y él no me decía nada, sólo respiraba rápidamente y agitado mientras seguía acariciando. Confundida y excitada por la situación traté de separarme e hice el ademán de levantarme cuando él me tomó de la cintura y me volvió a sentar. Le dije que se detuviera, q por favor se calmara. Comenzó a decirme que no lo haría, que yo le atraía mucho y que desde el día en el bar no podía dejar de pensar en poseerme. Yo me asusté y le supliqué que me soltara, ya que aunque trataba él era mucho más grande que yo y su fuerza no me dejaba. Comenzó a susurrarme al oído y pasar su lengua lascivamente por mi cuello mientras yo trataba de separarme de él. Es cierto que me atraía mucho pero no quería dejarme llevar por esa atracción. Al final de cuentas yo me negaba y él trataba de abusar de mi.


Me molesté y hablé fuerte para que se detuviera. Entonces sonrió, me tomó de las muñecas y me recostó en el suelo donde nos encontrábamos. Su peso no me dejaba moverme.


“Anda amor, no te hagas la rogada” me decía. “Me gustas desde que llegaste y no dejo de pensar en vos. Necesito tenerte y hoy es el día. Si luchas sólo lo haces más divertido, sé que te atraigo y me gusta que te hagas la difícil. Me tienes tan caliente que mis pantalones van a estallar.”


Yo suplicaba que me dejara, q no le diría a nadie. Mi cuerpo sin embargo me traicionaba ya que estaba húmeda y no podía evitar que la situación me excitara de sobremanera. Con sus piernas separaba las mías y con su mano subía mi falda mientras con la otra sostenía mis manos inmovilizándome. Su mano abrió mi blusa violentamente y comenzó a magrearme las tetas sin contemplación. Mi excitación ya no podía esconderla y él estaba desesperado. Tomó su cinturón y ató mis muñecas a la pata del escritorio. Luego abrió su pantalón y su polla dura y caliente salió disparada como un proyectil. Yo no podía moverme, sólo tratar de q no notara lo excitada que estaba.


“Que tetas tan ricas que tenés Ire. Estás hecha una zorrita completa. Yo te voy a dar lo que necesitas, te hace falta una buena verga en tu concha caliente ricura. Te voy a reventar esa concha y llenártela de leche.”


Su boca se apoderó de mi pezón enhiesto mientras corría mi tanga y con su polla me sobaba el clítoris y metía dos dedos completos entre mi coño. Yo trataba de no gemir pero ya no controlaba lo que mi cuerpo hacía. Este hombre me trataba como una puta y no podía creerlo pero me gustaba. Me excitaba como nadie me había excitado. Succionaba mis tetas tan duro que parecía q me las iba a arrancar.


“Listo putita, ya estás preparada para recibir mis pollazos. Ahora si gritarás como la puta que eres, encanto.”


Tomó la polla en su mano y la acomodó a la entrada de mi concha. De una sola embestida me la dejó ir y un grito salió de mi boca mientras mi cuerpo entero se estremecía.


¡”Ahhhhhhhhhhh q estrecha que estás. Así te quería tener zorra, clavada hasta el fondo y gimiendo como una perra. Mmmmmmmm q rica q estás. Te gusta verdad? Anda, dime que te gusta mi polla. Dime que te de más duro, sé que lo quieres.”


“Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiii ahhhhhhhhhhh dame más, dame más por favor. Soy tu puta, clavame toda, no te detengas.” Estaba fuera de mi, el placer me transformaba. Gemía y suplicaba que me reventara el coño sin compasión.


“Te gusta eh puta? Ahora verás lo puta que eres.”


Me tomó de la cadera y me dio vuelta poniendo mi culo en pompa. “Que rico culito perra, este sí que lo voy a reventar todito.”


“No por favor, por ahí no, nadie me lo ha hecho por ahí y me dolerá mucho.”


“Mmmmmmmmmm nadie te ha estrenado el chiquito? Ufffffffff esto sí que lo voy a disfrutar.”


Traté de quitarme pero mis manos seguían atadas y él me tenía atrapada por la cintura. Entonces comenzó a meterme la polla de nuevo en el coño y embestirme mientras con sus dedos y su lengua me humedecía y abría el culo poco a poco. Al principio el dedo me dolia pero el placer que sentía con su polla en mi coño era más y no me resistí. Ya me había corrido dos veces y no paraba de gozar.


“Que estrecho que está, aquí si que me voy a dar gusto zorra.” Yo seguía pidiéndole que no me metiera la verga por ahí, que con los dedos era suficiente pero él se reía y más duro me embestía. Sacó entonces su polla de mi concha y apuntó la cabeza a mi ano. Estaba muy húmeda por mis flujos y luego de unos minutos la cabeza entró, produciéndome de todos modos un dolor intenso en mi esfínter.


“Que apretado culo que tienes, ya te lo abriré yo todito amor. Ahhhhhhhhhh cuanto desee darte por el culo. Tan correcta que te comportas y eres una putita que le gusta que le rompan el culito.” Sus dedos entraban en mi concha y estimulaban mi clítoris produciendo una combinación de dolor y excitación que me tenía al borde de la locura. Cuando su cabeza hubo entrado se relajó un momento mientras mi ano se acostumbraba al intruso. Luego de pronto me la clavó hasta la mitad casi desgarrándome por dentro.


“AAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH me dueleeeeee sácala por favor, no aguantooooooooo”.


“Espera putita, ahorita te acomodas, en unos minutos estarás pidiéndome que te dé más duro, ya verás.” Se comenzó a mover lentamente y cuando dejé de gritar de dolor volvió a empujar hasta clavarme la polla completa en el culo. “Ahora sí estás como te quería ricura, mmmmmmmmm q rico culo que tienes, q caliente y cerradito, ahhhhhh me encanta zorrita, estás deliciosa.” Se quedó un par de minutos quietos mientras mi culo se acomodaba al tamaño de su polla y luego comenzó un movimiento lento y profundo dentro de mi culo. Al mismo tiempo movía sus dos dedos entre mi coño y me apretaba las tetas con la otra mano. Poco a poco el ardor se fue desapareciendo y dio lugar a más y más placer. De pronto me encontré gimiendo de placer sin control.


“Ahhhhhhhhhhhhh q rico que me lo haces, sigue, dame más, rompeme toda vamos, no te detengas ahora cabrón. Dame con fuerza por el culo, vamos, rompele el culo a tu putita amor, aaaaaaahhhhhhhhh.”


“Asi te queria zorrita, te dije que me rogarías. Quieres más? Aquí tienes más, AAAAAAHHHHHHHHH q culo tan rico MMMMMMMMMM me voy a venir y te lo voy a dejar lleno de leche.” Se movía más y más rápido mientras yo estaba cerca de llegar a mi cuarto orgasmo de la noche. Nunca me había sentido tan puta y tan abusada. Nunca me habían dado tanto placer tampoco.


“Me vengo puta, me corro en tu culo zorrona.” En ese momento mi orgasmo llegó apretando su polla entre mi culo y empapando su mano. Al sentir las contracciones de mi ano y mi concha, Javier estalló en mi culo con más leche de la que nadie me había echado nunca.


“AAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH tomala toda zorra, toda para ti mmmmmmmmm q bien te lleno el culo de leche putita, ahhhhhhhhh q rico culooooooo:”


“Asi cabrónnnnnnnn mmmmmmmm siiiiiiiii q leche tan rica ahhhhhhhhh lléname el culo con ella, no pares aaaaahhhhhhhh.”


Caímos rendidos al suelo los dos, él soltó mis manos y me abrazó mientras metía su lengua entre mi boca y atornillábamos nuestras lenguas juntos.


Luego de ese día Javier y yo empezamos a salir y me trataba como una princesa. Eso sí, cuando llegaba la hora de follar, volvía a ser la puta que había despertado en mí y que nunca más volvería a callar.

 

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