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Descrubiendo mi lado sadomaso

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Continuación del relato erótico “Descubriendo mi lado sado (Entrenando a Pilar II)” publicado en “El Rincón de Marqueze.net” el día 24 de marzo de 2002.
Nos dirigimos a su casa, cuando llegamos allí ella subió primero pues debía prepararse conforme a las instrucciones que yo le había dado.
Yo mientras tanto me fui a tomar un café y estuve pensando como iba a desarrollar la sesión pues, a decir verdad, tendría que improvisar por mi falta de experiencia.
Al cabo de media hora subí a su casa y encontré la puerta como había ordenado sin cerrar, empujé y Pilar estaba esperándome tal y como la había ordenado:
De rodillas en el hall, totalmente desnuda salvo por los zapatos de aguja, un delantal, una cinta blanca al pelo que hacia las veces de cofia, el collar de perro en el cuello y una bandeja en las manos.
Sobre la bandeja descansaban sus tetas y una fusta....
Me acerqué a ella y poniéndome a su lateral me saqué la polla del pantalón y comencé a follarla por la boca, con una mano la sujetaba del pelo y con la otra empecé a acariciar sus tetas, pellizqué sus pezones y cogí la fusta.
Seguí follándola mientras pasaba la fusta sin azotarla por sus hermosas nalgas y comencé a hablar.
-Bueno querida, vas a recibir seis azotes como castigo por haberte corrido sin permiso de tu amo...
La levanté tirándola del pelo y con pequeños golpecitos de la fusta la fui guiando delante de mi.
Era hermoso ver moverse su culo haciendo equilibrios por los tacones y sus tetas ofrecidas en la bandeja.
Al pasar por la cocina vi el lugar ideal para atarla y la ordené parar y traer, en la bandeja, unas cuerdas.
Ella marchó y volvió enseguida con las cuerdas en la bandeja.
Tenia una mesa auxiliar plegable de cocina bastante adecuada, la hice doblarse sobre ella de forma que por un lado sus dos agujeros quedaban totalmente expuestos y por el otro colgaban su cabeza y sus tetas.
La até brazos y pies a las patas de la mesa y me coloqué frente a ella.
-No te voy a amordazar porque si sueltas el mas mínimo sonido doblaré la ración de azotes.¿Comprendes?.
-Si amo, gracias amo por castigar a su perra.
-Bien, después de los azotes te voy a dar por el culo, como eres una guarra no habrás tenido la precaución de limpiarte el ano con una lavativa ¿verdad?.
-No amo, soy una guarra.
-No hay problema, me la limpiarás con la boca porque pienso ir directamente de tu culo a tu boca y correrme en ella.
-Gracias amo.
-Vamos allá.
Y me puse detrás y descargué el primer fustazo. Pilar se arqueó pero no dijo nada, ni un gemido, una deliciosa marca roja trasversal quedó marcada en sus nalgas. Así descargue la fusta cinco veces y a la sexta cambié el sentido de los azotes y golpeé su coño abierto y rezumante.
Pero ni así chilló, tan solo un pequeño gemido y una violenta sacudida que recorrió todo su cuerpo me indicó que la había dolido de veras. Entonces avancé y la sodomicé de un solo golpe.
Estaba sumamente excitado y a la cuarta o quinta embestida noté que me iba a correr por lo que cumplí mi promesa, sucia de sangre y heces se la saqué del culo y se la metí en la boca hasta tocar sus amígdalas. Salvo una pequeña arcada inicial se portó de maravilla y con los labios y la lengua me la dejó brillante, tragándose además el semen de mi corrida que vertí en ella.
-Muy bien perrita, ha estado muy bien, ahora te quedarás así mientras voy a fumarme un cigarrillo.
Y me fui a sentar al salón dejándola allí atada, chorreando y con el culo como un tomate.
Había estado muy bien....
Cuando acabé el cigarrillo volví y allí estaba, por supuesto, la palmeé las nalgas y la un par de golpecitos juguetones con la fusta en las tetas. La desaté, la até la cuerda al collar y la obligué a ponerse a cuatro patas.
-Como una perrita obediente, pero te falta la cola...hum.... vamos a ver...
Si, en un escobero había un plumero de plumas negras. Lo saqué y se lo enseñé.
-Esto puede hacer muy bien de cola por ahora. Póntelo
-¿Cómo amo?
-Pues metiéndote el mango por el culo imbécil.
Obediente se separó las nalgas con una mano e introdujo el mango del plumero con la otra.
-¿Verdad que estas contenta?
-Si amo
-Pues que se te note, mueve la cola.
Y así recorrimos el pasillo con ella sujeta por la correa delante de mí y meneando el culazo para mover el plumero.

 

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