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La empleada sumisa

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Maite era una chica que trabajaba en una oficina como las que pueblan todas las ciudades de España llena de trabajadores, cada uno con su mesa, su ordenador y sus cosas. Esos días iban a cambiarle la vida y de pasar de ser una chica normalita aunque un poco lanzadilla cuando se acostaba con algún hombre a ser la más viciosa y sumisa de la empresa.

Como muchas mujeres había leído algún libro sobre dominación o visto alguna película y se había excitado, pero nunca había pensado que llegaría a someterse a nadie. Un día en una tienda vio un bonito colgante de cuero con una plaquita redonda de plata que era el símbolo de la D/S. Lo que ella no sabía era que entre los 200 trabajadores de su empresa había uno que era Amo y que sabía lo que significaba el símbolo.

Al encender su ordenador del trabajo un día por la mañana vio que tenía un e-mail de una dirección que ella desconocía, por curiosidad lo abrió y decía lo siguiente:

Hola zorrita:

Ya veo que te gusta ser una zorra a la que dominen y ser usada para el placer de un Amo, si deseas tener un Amo quiero que esta tarde te quedes media hora más en el trabajo y salgas a las siete y media en lugar de a las siete, irás al baño de la primera planta, entrarás en una de las cabinas, te sacarás el tanga, lo pondrás luego en el grifo del lavabo tras haber escrito con un rotulador negro de esos que tienes en tu escritorio la palabra puta, luego saldrás y bajarás al garaje, esperarás en el vestíbulo donde se coge el ascensor, cuando oigas que el ascensor baje y llegue a la planta en la que estás te levantarás la faldita enseñando tus nalgas. Te puedo asegurar que la persona que llegue en ese momento seré yo al 90 % de seguridad, como verás hay un 10% de posibilidades de que sea otra persona y que piense que eres una zorra, que lo eres si aceptas esto, pero se que te excita ser una sumisa.

Te espero

Sir Partner

Maite estuvo por borrar el e-mail y quitarse el colgante, pero su coño había respondido de forma autónoma y se había mojado. Iba a estar a la hora convenida, se levantó de su mesa y fue al baño a asearse y a refrescarse. Cuando llegó vio que tenía un nuevo mail:

Hola zorrita:

Tienes un culo muy bonito, me va a encantar usarlo esta tarde.

Sir Partner

Maite sintió esta vez que se humedeció tanto que parecía que se había orinado encima, transcurrió el resto del día completamente distraída y mirando continuamente al reloj para que llegase la hora. Llegaron las siete y las dejó pasar, una compañera se acercó a su mesa para invitarla a ir en su coche, pero ella dijo que no que tenía que terminar unos asuntos.

A las siete y veinticinco recogió todo, cogió el bolso y bajó al baño de la primera planta, cuando llegó se dio cuenta porque tenía que ser el de la primera planta, solo había una cabina. Entró en ella y vio como había una pequeña videocámara de última generación con una nota que decía que grabara todos sus movimientos y dejara después la videocámara con el tanga. Ella obedeció sin rechistar, se quitó el tanga mostrando su culo, como iba desprendiéndose de él, como salía la tira de tela de entre sus nalgas, como se veía su coñito completamente rasurado y como brillaban sus ingles por la excitación, se bajó la falda, salió, dejó el tanga donde la habían ordenado junto a la cámara. Cogió el ascensor, una parte de ella estaba avergonzada, pero otra parte completamente entregada y caliente.

Llegó al vestíbulo y esperó de espaldas a la puerta del ascensor, cuando oyó la llegada del mismo se levantó la falda por detrás. Una mano la tapó la boca y la conminó a no darse la vuelta. La felicitó por haber sido tan obediente. El cerró la puerta del vestíbulo y con una llave especial la del ascensor. La hizo darse la vuelta y que se arrodillara y le lamiera los zapatos. Ella cumplía todo de una forma mecánica. Lamió los zapatos dejándolos relucientes. El Amo la hizo levantarse y que se desnudara, ella iba realizando todas las cosas sin rechistar. Por fin estaba desnuda, Maite era una chica morena de pelo largo rizado, una altura de 1,75 aproximadamente, delgadita, unos 50 kilos escasos y muy, muy guapa. No podía mirar al Amo a los ojos, pero vio como él la observaba de arriba abajo, la chica tenía unos pechos medianos con los pezones color café oscuro, culo redondo y duro bien puesto y el pubis sin absolutamente nada de vello.

Vio al Amo y si le conocía, pero de vista, nunca habían hablado solo habían coincidido alguna vez en el ascensor. La ordenó que le adorase la polla. Ella la cogió con la mano como si fuera un micrófono y pasó sus labios lamiéndola en toda su extensión para empezar a mamarla, de vez en cuando la sacaba de la boca y aprovechaba para comerse sus huevos, uno a uno, la polla crecía cada vez más y se iba poniendo más dura.

La sujetó del pelo y la hizo colocarse a cuatro patas. Se la metió de un solo golpe en el coño y comenzó a follarla mientras la sujetaba de los pechos, ella gemía, la polla en esa postura se introducía entera en su intimidad e iba rozando las paredes vaginales casi en búsqueda del punto G. La excitación de los dos iba en aumento. El se tumbó boca arriba e hizo que ella le cabalgase y le demostrase lo perra que era, quería verla follando y viendo como se comportaba llevando la iniciativa.

Ella se puso en cuclillas y se metió la polla dura del Amo completamente dentro e inició suaves movimientos pélvicos haciendo círculos apretando la verga con su vagina no dejándola escapar. El se entretenía chupando y mordiendo sus pechos y pezones. Llevaban un rato follando, ella ya había tenido un par de orgasmos. El Amo la derribó en el suelo, la situó boca abajo, la ordenó que abriera ligeramente las piernas, cuando estaba en esta postura acercó su pene y empezó a hacer fuerza para entrar por su puerta trasera, el glande se abría paso, estaba casi dentro, él lo sacaba y lo volvía a meter, por su forma resbalaba dentro y fuera y eso hacía que la chica se excitase más, entonces de un solo golpe la penetró en el ano y comenzó a follarla de manera violenta. Evidentemente no aguantó mucho y se corrió llenándola de semen.

La sacó del culo de la sumisa y se levantó recompensándola con un cariñoso beso y una caricia como premio a su obediencia. Ese fin de semana le iba a pasar con él. Fue un fin de semana absolutamente estupendo lleno de sexo, sumisión y entrega.

 

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