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Servicios de habitaciones

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Me llamo Ingrid, tengo 23 años y una figura de campeonato. Mis medidas son 90-60-92. mido descalza 1,78, soy rubia, con el pelo largo, y como me gusta vestirme con ropa un tanto provocativa, por donde voy todos los hombres se vuelven para admirar mis curvas. Estoy muy orgullosa de mis tetas, que se sostienen sin necesidad de sujetador, por lo que raras veces lo uso, además de que me gusta al andar sentir el bamboleo de mis pechos desnudos.

Por si todo eso fuera poco, soy bastante viciosa pues no le hago ascos a nada en lo que a sexo se refiere. Si un fin de semana no me solicita ningún macho de los que acuden a los garitos que yo frecuento, voy yo y busco uno o varios para llevarme a la cama, pues para mi un fin de semana sin follar, mamar una polla o que me abran el culo, no tiene sentido.

Ahora voy a relatar una aventura que tuve este verano pasado y que estoy segura os va a poner a cien.

Me encontraba de vacaciones en la costa, yo sola, pues no me gusta atarme a nadie, y ya el primer día de estancia en el hotel, le eché el ojo a un camarero que estaba como para mojar sopas. Era alto, moreno, con una planta impresionante y con un bulto en la entrepierna que se adivinaba que debía de tenerla de tamaño especial. Decidí llevármelo al huerto y una vez en mi habitación, me puse de lo más sexy: una camiseta de tirantes muy finos, que me llegaba poco más abajo de las ingles y sin bragas ni sujetador, por supuesto. Con esta indumentaria me dispuse a llamar al mozo en cuestión por lo que, por teléfono, pedí me subieran unas bebidas, pero cual no sería mi sorpresa cuando llamaron a la puerta una voz de mujer, me dijo; "servicio de habitaciones".

Yo no había pensado que pudiera ser que subiera otro camarero o camarera que no fuera él. De todas formas abrí la puerta y apareció una jovencita camarera con las bebidas solicitadas. Era menudita pero no le faltaba de nada. Tenía un cuerpo perfecto aunque era más baja que yo y con menos formas, pero de todas maneras y a pesar del uniforme, se la veía muy apetecible. Una vez que dejó las bebidas en la mesa, se fue hacia la puerta pensando yo que se marchaba pero ella lo que hizo fue cerrarla por dentro y encarándose conmigo me dijo:

- ¿Qué creías, so puta, que iba a dejar que te follaras a mi novio? - me quedé de una pieza pero ella siguió.

- Nada más verte esta mañana, cuando llegaste al hotel, vimos que venías dispuesta a pasarte por la piedra a todo hombre que se te pusiera a tiro y cuando hace un momento mi novio me ha dicho que iba a subirte unas bebidas, se lo he impedido para hacerlo yo, y por la vestimenta que llevas estabas dispuesta a todo. Pero no te preocupes que si quieres yo también estoy dispuesta a lo que sea.

Diciendo esto comenzó a desnudarse aunque no hizo falta mucho pues bajo el uniforme solo llevaba el vestido de Eva, es decir, nada. Tenía el coño afeitado y unas tetas que, a pesar de ser más pequeñas que las mías, eran realmente buenas. Se tendió en la cama, tomó el teléfono y marcando un número interior, dijo:

- Andrés, ya puedes subir, que estamos preparadas.

Yo no sabía que hacer pues, a pesar de mis muchas correrías, nunca me había pasado algo tan raro, sobre todo algo que yo no estuviera planeando y controlando. No transcurrieron ni dos minutos, cuando llamaron a la puerta y al abrirla apareció Andrés.

Encarándose conmigo, me dijo al tiempo que me soltaba una bofetada mayúscula:

- ¿Qué haces que no estás desnuda comiéndole el coño a mi novia? ¿Es que crees que vamos a tener todo el día?.

Asustada, me quité la camiseta y me acerqué a la cama dispuesta a hacer lo que Andrés ordenaba. Agachándome, comencé a comer el coño a Julia, que así me enteré después que se llamaba. En esas estaba cuando Andrés, que se había desnudado, aprovechando que mi culo estaba hacia arriba y abierto, de un solo golpe me metió la polla en el ano. Daño no me hizo ya que, como he dicho anteriormente, estoy acostumbrada a recibir por ahí, pero la sorpresa fue mayúscula pues me enculó sin que yo me lo esperara. Entre tanto me follaba el culo, Julia se corrió con mis lamidas dos o tres veces hasta que Andrés se vació en mi recto llenándome el culo de espesa leche.

- Por ahora vamos bien, pero como estamos trabajando y tenemos prisa, esta noche continuaremos contigo - dijo Andrés vistiéndose después de haberse limpiado la polla con mi camiseta.

- Esta noche, al acabar el servicio, vamos a subir Julia y yo, y esperamos que estés en la habitación, pues de lo contrario lo sentirías enormemente.

Julia se puso de nuevo el uniforme y se marcharon. Después de este suceso me quedé pensando que había ido por lana y me habían trasquilado, como suele decirse y realmente no sabía en que iba a consistir la sesión nocturna que me habían anunciado.

Pasé toda la tarde en la piscina, intentando olvidarme de mi experiencia, pero no conseguí quitarme de la cabeza a la pareja, tan original, que me tocaba en suerte. Llegó la noche y a eso de las diez, llamaron a la puerta, apareciendo Andrés y Julia. No venían solos, pues les acompañaban dos jóvenes más, una chica y un chico. Me los presentaron como Tony, el chico, y Bea la chica. Tony era alemán, alto, rubio, fuerte, algo así como un armario ropero, y Bea era más normalita aunque cuando se desnudó vi que tenía un cuerpo fenomenal. Lo que más me llamó la atención es que venían preparados con diversos artilugios de sado. Al verlos sentí cierta preocupación por lo que podía pasar. A una señal los cuatro se desnudaron. Tony tenía una polla realmente descomunal, larga, muy larga y enormemente gorda, y eso que estaba en reposo.

Las chicas se lanzaron sobre mí, desnudándome la poca ropa que yo llevaba y cogiendo unas correas que traían, me ataron a la cama de pies y manos, boca abajo. Me pusieron una almohada bajo la tripa para que sacara el trasero y Tony, subiéndose encima de mí, me introdujo el cipote en el culo. Aquello no paraba de entrar y pensé que me llegaba la polla hasta el cuello. Empezó un mete y saca lento pero que me hacía ver las estrellas, pues realmente nunca me habían dado por el culo con una polla de esas dimensiones. Andrés, entonces, poniéndose delante de mi, me metió la polla en la boca indicándome que se la fuera chupando despacio, sin prisas, pues teníamos toda la noche para nosotros. Mientras tanto las chicas se dedicaron a azotarme, con unos látigos, la espalda. Lo hacían con una cierta fuerza pero que, a pesar de hacerme daño, no era como para no aguantarlo.

De vez en cuando paraban para morrearse. Cuando Tony se cansó de darme por el culo, se salió, dejándome un vacío en el culo que pensé que me quedaba hueca. Andrés también me la sacó de la boca y antes de que me diera cuenta, me habían desatado y dándome la vuelta en la cama, me pusieron boca arriba. Me ataron los pies y las manos en la cabecera de la cama, dejándome nuevamente el culo y ahora el chocho bien a la vista. Andrés se colocó debajo de mí y me introdujo la polla en el culo. Después del tamaño de la de Tony, prácticamente no la sentí. Tony empezó a meterme un dedo en el coño, después dos, tres, hasta que, en un momento, introdujo el puño entero. Yo pensaba que me moría, nunca me habían hecho eso, que creo que se la llama "la marioneta"o algo así.

Me sentía a punto de reventar pues Andrés no paraba de moverse follándome el culo y Tony con el puño dentro de mí, tampoco se estaba quieto. Para completar la jugada las chicas, una tras otra, se turnaban para que les comiera el coño. Bea tenía el coño con una gran cantidad de pelo y según pude comprobar, hacía ya algunos días que no se lo había lavado, pues olía a todo. Se sentó encima de mí y me obligó a limpiarle bien el chocho mientras Julia se dedicaba a ponerme pinzas en los pezones y dándome grandes tirones, me hacía ver las estrellas. No podía decir nada ni gritar, pues la boca la tenía completamente ocupada comiéndole el coño a Bea y no sé el tiempo que me hicieron estar en esta situación.

A pesar del daño que por chocho y tetas me hacían, yo notaba que me estaba excitando muchísimo la situación, hasta el punto en que tuve un orgasmo como nunca había tenido. Al rato de estar así, Tony sacó el puño de mi coño y me introdujo la polla en la boca, obligándome a abrirla de forma exagerada debido al tamaño de su miembro. Comenzó a moverse como si me estuviera follando la cara y en pocos momentos se corrió, llenándome la boca de semen que tuve que tragar aunque algo se me salió por los labios. Andrés también se corrió en mi culo con gran cantidad de leche. Descansaron un rato los hombres, no así las chicas, que volvieron a la carga. Me desataron los pies de la posición en que los tenía y me los volvieron a atar dejándome como una equis. Entonces sacaron unas pinzas y comenzaron a depilarme el sexo a tirones, lo que me hacía un daño horrible, sin descanso.

Entre las dos, en pocos minutos, me dejaron completamente calva de chocho pero con la piel terriblemente irritada de los tirones de pelo que me habían hecho. Después se subieron encima de mí y se mearon sobre mi coño, produciéndome un escozor en la piel ya que, como digo, se encontraba muy irritada. Como comencé a gritar por el daño, la primera que terminó de mear encima de mi, cogió un látigo y me propinó una tanda de golpes en el pecho, tripa, brazos y cara que me dejó señales por todo el cuerpo. Los hombres, después de descansar un poco, volvieron a follarme por todo los sitios, corriéndose nuevamente en mi boca, culo y chocho. Serían aproximadamente las tres de la madrugada cuando se fueron, después de haberse corrido los cuatro pues ellas se hartaron de correrse en mi boca, ya que en diferentes momentos hicieron que les comiera los coños.

Siempre estuve atada por lo que no tenía más remedio que obedecer, sobre todo temiendo los latigazos que me daban cuando me negaba a hacer algo. Durante los días que estuve en el hotel, dos semanas, fui el juguete de los cuatro, pues en una ocasión, estando tomando el sol en la piscina, llegó Tony y sin decir palabra, me cogió del brazo, me llevó a una caseta que hacía las veces de almacén del jardinero y allí, quitándome el tanga, me folló sin preámbulos, cosa que al no estar demasiado excitada, me dejó el coño bastante dolorido. He de decir que poco a poco me fui acostumbrando a la forma de tratarme de los cuatro e incluso comenzó a gustarme, pues los últimos días esperaba ansiosamente la noche para que me aplicaran la sesión de sado que, además fueron aumentando, llegando a hacer que me bebiera su orina, la de los cuatro, así como el semen que un día dejaron los dos en un vaso y cuando se marchaban, me "invitaron" a degustarlo.

El último día me pusieron un collar de perro y me hicieron ir por el pasillo del hotel a cuatro patas durante cinco o seis minutos, cruzándome con otros clientes que me miraban realmente asombrados. Recuerdo que ese día me corrí como una cerda del morbo que me daba y como me marchaba ese mismo día del hotel y nadie me conocía, ya me daba todo igual.

Ahora, en mi ciudad, me he buscado unos amigos y amigas y de vez en cuando organizamos unas verdaderas orgías donde el sado abunda.

 

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