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Un hombre rico

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

40 años, 80 kg. 1,79, normalito, pero inmensamente rico, y además, aburrido, me aburría como una ostra, aburrido hasta la saciedad, durante un par de años disfrute del cambio más grande que había dado mi vida, el éxito, el dinero, el poder, la adulación interesada, la envidia, pero todo cansa, hasta que...

Tropezamos en la terraza de un bar, me disculpé y ella también, la invité a mi mesa. Estaba en Barcelona de paso, una escala técnica de mi avión que necesitaba unas piezas de recambio antes de seguir hacia Estados Unidos, para hacerle un chequeo completo.

En su mirada vi un cierto tono de reproche, tenía los ojos grandes con rizadas pestañas, oscuros, casi negros.

--No te equivoques, me he disculpado sólo por educación, no estoy acostumbrado a disculparme ni a invitar, suelo ordenar.-dije-

--Yo tampoco, -- dijo ella, -- es más como sigas con esa actitud, tendré que aplicarte un correctivo. ---

--Y sería muy duro el correctivo--- inquirí, medio en broma medio en serio.

-- Lo quieres probar dijo ella. - con un media sonrisa.

--Y si fuera al revés, y si el correctivo te lo aplicara yo, qué pensarías.-te estas metiendo en camisa de once varas, pensé, pero no podía dejar que me dominara.

--No me importaría ni mucho ni poco, pero antes he de conocerte mejor, no están los tiempos para confiar en el primero con quien té topas.-soltó reflexiva. Me intrigó esta lucha de caracteres, deseaba saber su punto débil, tenía que descubrirlo. Me atraía como un imán.

Mientras tomábamos unas copas la observaba con atención. De mediana estatura, pelo negro, a cascadas sobre los hombros, bonita cara sin ser bella y cuerpo de lo más normalito, algo gordita pechos altos, redondos y aperados, pero con simpatía y don de gentes, ojos negros y rientes, parecía que hablaba con ellos más que con la voz. Y hablaba, hasta por los codos. Contó que trabajaba como traductora, que le gustaba la lectura y - sorprendiéndome-también el sado pero que aunque con oportunidades de tener esclavos y esclavas propias, no tenía dinero suficiente como para mantenerse sin trabajar y que montar un negocio como ama no le atraía demasiado, pero no por eso desaprovechaba desinteresadamente los que caían en sus manos.

Me miró a los ojos y dijo - Posiblemente tú puedes ser uno de ellos.-

Desde luego poder de atracción sí que tenía, me encantaba su desparpajo, yo estaba acostumbrado últimamente a la adulación y servilismo que da el dinero.

Estaba hastiado de tener tantas personas haciéndome reverencias sólo porque era inmensamente rico.

Tomando un sorbo -Ana dijo-- Hasta ahora sólo he hablado yo, ahora cuenta tú. De dónde eres, a qué te dedicas, qué haces en la ciudad. En fin lo típico.

--¿No serás también policía? - pregunté sonriendo.

Crucé las piernas y decidí contarle mi historia verdadera, era pequeño empresario, de una empresa que estaba abocada a la ruina, hasta que un día y a través del fallecimiento de un pariente lejano, del que a decir verdad no sabía siquiera que existía, me había dejado como único heredero una inmensa fortuna, que después de pagar los gastos estatales seguía siendo inmensa, además del dinero en efectivo era dueño de importantes corporaciones, fabricas y latifundios en varios países, me vi metido en guerras económicas y además no entendía qué pasaba, así que opté por lo más cómodo, vendí todas las corporaciones, fábricas y todo lo que pudiera exigir una atención continua por mi parte, sólo dejé los bienes raíces, casas, fincas, urbanizaciones, algún que otro hotel, explotaciones ganaderas y similares, actualmente me dedico a conocerlos, evaluarlos y los que no me gustan los pongo en venta.

Desde hace un año sólo me dedico a viajar, por placer y para no aburrirme a conocer mis posesiones. Que tenía una oficina en Madrid, donde mis abogados y contables gestionaban mi patrimonio y sobre todo una secretaria, Eva, que se encargaba de todas las cosas que podía desear y era mi nexo de unión con la oficina, era totalmente eficiente y tenía casi plenos poderes míos para hacer y deshacer. Ella era realmente el alma de mis empresas y sobre todo me quitaba trabajo, me lo ofrecía todo en bandeja ya resuelto o con opciones para que yo decidiese. Era una cincuentona muy eficaz.

Ella asombrada, puso cara de incrédula pensando que me estaba quedando con ella, -- si no te crees lo que te cuento, vente conmigo.-comenté.

Evidentemente podía tener la mujer que quisiera y que el dinero pudiera comprar, pero era todo artificial. De hecho los primeros meses quedé casi agotado de tanta cama, follé como nunca, pero todo al final cansa. Necesitaba variantes en mi vida, algo fresco. Presentí que lo tenía delante de mí, me atraía, me gustaba, no sabía el qué, no era físicamente nada de otro mundo pero tremendamente sexy.

Mirándome fijamente con la boca abierta.-- Pero te crees que soy tonta,-- me dijo con una media sonrisa,-- mira mejor nos vamos a tu casa y allí hablamos más tranquilos.

--No tengo casa en esta ciudad, me alojo en el hotel, esta cerca, iremos dando en paseo.-observé. Como era natural tenía a mi disposición la mejor suite, lujosamente amueblada y decorada, tres habitaciones, dos cuartos de baño completos y un dormitorio enorme.

Ella asombrada sólo dijo una palabra, Jodeeeeeeer.

Me sonreí, sentándola en sofá la besé con fuerza metiéndole la lengua, la desnudé dejando sus pechos libres, con una aureola perfecta, grande y los pezones erectos, ella se levantó y se arrodilló delante de mí, con cara de sátira me sacó la polla y empezó a chuparla con fruición, como si su vida dependiera de ello, lentamente pero con el paso de los minutos casi con rabia, tragándosela toda hasta la misma base de los huevos, entre oleadas de placer recordé que le gustaba el sado y un deseo incontenible salía de mi pecho, necesitaba azotarla.

Alcancé los pantalones y le quité el cinturón, doblándolo me dedique a pegarle pequeños cintazos en el culo que veía reflejado en un espejo, estaba casi goteante, con el primer cintazo, ella se sobresaltó un poco, y me miró sin sacarse la polla de la boca, según me iba calentando iba dando más cintazos, para estimularla aunque su entusiasmo no mermó en ningún momento, algunos fuertes que eran correspondidos por pequeños gruñidos de dolor amortiguados por mi polla, se corrió un par de veces y yo sin poder aguantar más me corrí en su boca, no desperdicio ni una gota, seguí con la polla en su boca varios minutos, la mantenía dentro pero sin moverse, notando cómo se ponía flácida poco a poco, sin poderlo evitar me meé en su boca, ella apretando los labios para evitar que se escapara mi pito, fue tragando poco a poco. Los ojos picarones me sonreían, y orgasmó otra vez más.

Con este acto me descubrió su lado masoquista y yo descubrí mi lado sádico.

Me encontraba desorientado por esta manera de hacer el amor, no estaba acostumbrado a pegar, sin embargo me gustó mucho, se lo dije.

Por la noche salimos a cenar, después dando un dando un paseo hasta el hotel hablamos de temas sadomasoquistas, ella me contó historias de esclavos y esclavas que había tenido, ella prefería las esclavas, según contaba daban menos problemas, sólo había una gran disputa al final que ponía término a la relación.

Me contó de una que había tenido que era extremadamente dócil, tan absolutamente dócil y tan falta de carácter que daba pena castigarla, entonces no había morbo y por lo tanto no disfrutaba. Me fue contando acerca de las clases de látigos y fustas que había tenido y por higiene no volvía a utilizar nunca más con otra persona.

Por fin llegamos al hotel, yo ya estaba caliente, subimos entre arrumacos a la suite, nada más cerrar la puerta intente atraerla hacia mí, ella dijo, espera, con la sonrisa picarona en los labios que tanto me atraían me desnudó lentamente, palpando cada uno de mis músculos, acariciando mis pechos, jugando con mi pelo, me quitó los pantalones y calzones, tocó levemente mi polla como sopesándola, el leve cosquilleo partió de mi nuca, me estaba poniendo a cien.

En una especie de striptease se desvistió dejándose sólo unos zapatos negros de medio tacón. Me dejé caer en la cama, la miraba con ojos golosos.

Date la vuelta dijo, y me mandó colocar boca abajo, ponte a cuatro patas, ordenó, yo la dejaba hacer pero mi polla estaba a punto, se sentó a ahorcadas encima de mí, empezó a restregar su coño por mi espalda, lentamente, me acariciaba los huevos con su mano y la raja del culo, de repente me dio un manotazo en el culo, me cogió de sorpresa.

-- Veremos si te gusta, perro, si no te gusta peor para ti, pues lo hago sólo para mi placer-- gruñó

Me sobresaltó su amenaza pero la dejé hacer, era nuevo para mí todo lo que esta mujer podía conseguir, me estaba llevando a lados insospechados de la sexualidad que no sabía que yo poseyera.

Sentía resbalar por mi espalda sus jugos, ella se movía cada vez más deprisa, como también deprisa daba golpes en mis nalgas con la mano abierta.

--Se te están poniendo coloradas, pero no lo suficiente. Comentó, se bajó de un salto y cogió del suelo una de sus zapatillas, con ella en la mano volvió a sentarse encima y algo más calmada, se dedicó a pegarme.

La excitación no me dejaba sentir el dolor en toda su magnitud, ella seguía sin contemplaciones, espaciaba de vez en cuando los golpes, acariciando la piel y notando el calor de mi culo con la otra mano, hasta que por fin paró, desde luego tenía el culo rojo, me picaba.

Ella se levantó y me ordenó que me diera la vuelta. Así lo hice y sentándose directamente en mi polla, se la metió de un tirón;-- pon las manos detrás de la nuca y no se te ocurra quitarlas de ahí,-- ordenó mientras se movía lentamente, arriba y abajo, con pequeñas paradas y de delante a detrás, cogió mis pezones y se dedicó a pellizcarlos, cada vez más fuerte, me dolía terriblemente pero la excitación y el placer que me daban eran mayor que el dolor.

Esta a punto de correrme y empecé a gemir, ella se paró y me dio un bofetón.

--Ni se te ocurra correrte sin mi permiso.-

Siguió con movimientos lentos. Yo no podía más, y por fin ella se corrió, dando gritos, jadeante.

--Córrete ahora, vamos perro, córrete o te arrepentirás.-- Gruñía y amenazaba clavando sus uñas en mi pecho. Me corrí desde lo más profundo de mi ser.

Estábamos extenuados, nos quedamos dormidos. Al día siguiente aún me dolía el culo y los pezones, se lo hice saber.

-- Eso no es nada, ya verás cuando tenga "mis herramientas"-- rió.

-- Qué necesitas-- le dije.

Vamos a desayunar y después andamos un poco para que se te alivie el culito.

-- Es que te has pasado Ana-- protesté.

Terminado el desayuno, fuimos a un sex-shop allí compró una fusta, collar de perro, grilletes para las muñecas y los pies, una barra de aluminio para separar las piernas y algunos consoladores y ropa sexy. Cuando terminó y me miró, dije al dependiente que duplicara el pedido pero sin la ropa sexy, como es natural.

--¡Eh! qué estas pensando--exclamó mirándome intensamente.

-- En lo mismo que tú, --dije riendo. De todas maneras nos podemos equipar a lo grande en Rotterdam, Berlín o donde tú quieras.

-- Será muy caro, esto es mejor y más barato dijo. -dijo pensativa.

--Pienso que has olvidado que mi fortuna es inmensa, y que aún tengo muchas propiedades que he de visitar y sobre todo que no tengo nada que hacer.-dije a modo de aclaración.

Después de unos minutos y sin pensarlo, le propuse. --Además tengo una proposición que hacerte, quiero que trabajes para mí. --

--Y qué debo hacer y cuánto ganaré- dijo con mohín gracioso.

--¿Ganar?, ponte tú el sueldo. ¿Hacer?, sólo una cosa, estar las 24 horas disponible para mí. - Propuse.

-- No soy una prostituta, te has equivocado conmigo.-exclamó enojada.

-- No es eso lo que quiero de ti. Sabes idiomas, serás mi traductora, sabes cosas del mundo sado que quiero que me enseñes, serás mi acompañante fija, en fin serás como mi mano derecha, y si de camino disfrutamos de nosotros pues los dos salimos ganado. ¿Aceptas?.-- Pregunté deseoso de que aceptara.

Moviendo su pelo rizado fingió pensar un momento y dijo riendo;-- ssiiiiii.-

Tendría como es natural que marcar las distancias, ella tendría que saber y aprender que yo era el amo, siempre y en todo lugar, pero también me atraía, y de qué manera, él sentirme doblegado y dominado por ella, aunque sea por breves momentos, bajo control.

Esa noche al llegar a hotel contacté con Eva para que se encargara de hacer un contrato de trabajo que nos ligaría por mucho tiempo. Me entretuve con mi ordenador personal portátil, a través del mismo sabía cómo iban las cosas, estados de cuentas, firmaba documentos, y daba ordenes, era el único nexo de unión con la oficina.

Cuando terminé ella miraba la televisión, estaba realmente encantadora, de la misma manera que cuando azoté con el cinturón su culo, ahora me apetecía hacerla algo más, tomé las esposas.

--Ven-- le dije, y poniéndoselas con los brazos a la espalda.

Ella se volvió y sonriendo dijo: -Eh, con que quieres ser tú el primero en probar, bueno pero no te pases-.

Quería saber hasta dónde sería capaz de llegar yo y de aguantar ella. Tomé la barra y se la até a los tobillos, vi que se podía graduar, la abrí hasta poco más de un metro.

Joder, pensé, se me olvido sacarle la blusa y la falda, así que las rasgué, parecía si pretenderlo, más violenta y cruel mi dominio.

-Ahora me debes ropas, tendrás que comprármelas.- Amenazó Ana.

--Silencio, -- ordené

Tomándola por la cadena que unía las esposas la fui levantando con lo cual la obligaba a inclinarse hacia delante. Me encantaba la forma de su culo. La azoté, flojo al principio diez o doce veces, ella permanecía callada.

Fuimos al baño, con el cinturón la volví a poner otra vez en la misma posición pasando el cinturón entre las esposas y el travesaño de la mampara de la ducha, la cabeza estaba dentro de la bañera, me costó un poco ya que el cinto era más bien corto por lo que tuvo que inclinarse mucho, quedando casi sobre las puntas de sus pies.

Ahora sí que pude contemplarla a gusto, con las piernas abiertas sólo los zapatos de medio tacón negros. Tenía su espalda y sobre todo su coño y culo a mi entera disposición, moví la fusta y empecé de nuevo a pegar, metódicamente, de un glúteo a otro.

Plas, Plas, Plas, quería que ella gritase, que se quejara, poco a poco fui perdiendo la noción del castigo, yo seguía sin poderme detener, estaba casi sudando hasta que por fin gritó, rompiendo en llanto, cada vez más fuerte.

--Para, te lo suplico, no puedo más-clamó

Yo seguía pero tomando conciencia, con la polla tiesa, empecé a espaciar los fustazos, su culo rojo, me incitaba, toqué su coño, estaba chorreante, mi polla pletórica y sin soltar la fusta la embestí con todas mis fuerzas. Ella gemía entre llantos - te gusta perra, todavía no he acabado-con la fusta le pegué en los flancos, lo que la hacía moverse, alguna vez de le pegué de abajo arriba en los pechos y ella reculaba, hasta que entendió que era ella la que tenía que moverse para mi placer y vaya que si se movió y bien.

Me corrí como nunca, ella con los brazos doloridos también se corrió y quedó quieta pero carleando como una perra, con la respiración más que agitada, el sudor corría por su espalda. Estaba deliciosa.

 

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