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Un secuentro placentero

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Soy un ama de casa normal, casada desde hace mucho tiempo, y con una vida
aburrida. Me gusta el sado, y en secreto leía cosas sobre ello, pero nunca
había tenido una experiencia con eso hasta el día que voy a relatarles.
Cerca de donde vivo, había un matrimonio, que yo notaba el hombre me miraba
y buscaba saludarme siempre. Yo no le di importancia, hasta un día en que yo
tuve que ir a un mandado y noté que él me seguía en su camioneta, me alcanzó
y me dijo que el me llevaba, lo cual acepté.
Después de saludarnos y charlar él me miró intensamente, y bajó la mirada a
mis piernas, yo empecé a ponerme nerviosa. Noté que el rumbo que llevábamos
no era correcto, y se lo dije.
-Ya lo sé, voy a llevarte a donde no nos molesten.
-Estas loco? déjame bajar ahora, no puedo ir contigo.
-Cállate de una vez! Y no intentes nada, harás lo que yo diga o verás lo que
te hago, perra!
Aun me asombra cómo en vez de asustarme me excité, era tan masculino y
dominante que empecé a fantasear con él, pero no dije nada, estaba tan
caliente que casi podía escucharme gemir. El ya no dijo nada hasta que
llegamos a despoblado. No había casas ni nada, solo desierto.
Paró la camioneta y me ordenó bajar lo cual hice sin protestar. Hacía mucho
calor, pero me llevó a la sombra de la misma camioneta.
-Ahora quiero que te desnudes, hazlo y no intentes escapar, llevo deseando
esto mucho tiempo así que no me hagas enfadar.
Me quité la ropa y quedé desnuda ante él, me miraba despacio como saboreando
cada rincón y pedazo de piel. Yo sentía cada vez más húmeda mi vulva, y los
pezones erectos. Estaba tan excita mirándolo, y sabiéndome vulnerable y a su
merced, además tenía un bulto tremendo en el pantalón, según podía ver yo su
polla era enorme, casi podía saborearla.
-No estás mal, estas mejor de lo que pensé- dijo, y entonces comenzó a bajar
la bragueta del pantalón, sacando por fin su deliciosa verga, dura y firme.
-Arrodíllate y trágatela! Si te atreves a morderme te mato a golpes!
Yo me arrodille y tome su polla en mis manos, era enorme como pensé, empecé
a darle besitos. No me di cuenta de la bofetada hasta que me vi en el suelo y
la mejilla me ardía.
-Es que no sabes mamar! ahora verás cómo te enseño puta!
-¡No, no me hagas nada! ¡Ahora lo haré bien, por favor!- Le suplique
desesperada, y rápidamente me volví a poner de rodillas entonces me la
tragué entera, hasta el fondo, sentía la punta en mi garganta, ahogándome, y
empecé a saborearla con la lengua y a chupar como un crío.
Noté que cada vez estaba más dura, incluso él me guiaba de vez en cuando
tomándome de los pelos y hundiendo aún mas su polla en mi garganta.
De pronto me ordenó parar, y se apartó para desnudarse.
-Ven aquí...acércate.
Me puse de pie y me acerqué, él buscó con sus dedos mi vulva y hundió los
dedos en ella, encontrándome toda húmeda por la excitación.
-Ya sabía yo que eres una perra y una puta, te gusta, no? - Me tomó de la
cabeza y me besó apasionadamente, introduciendo su lengua, yo le correspondí
con desesperación, lo único que quería era sentir su verga en mí, no pensaba
en nada más.
Sus manos me acariciaban y me encendían, nunca sentí nada igual. Yo le
correspondía con ardor, tocando y besando todo su cuerpo.
Se detuvo y abrió la camioneta, de ahí sacó una colcha que extendió en el
suelo. Me hizo poner en cuatro patas, y no me tocaba, sólo me observaba en
silencio. Yo no dije nada para no hacerlo enfadar.
-Ahora voy a castigarte por que no te has portado bien, tú no harás nada,
sólo aceptaras lo que yo te haga, has entendido?- Me dijo al tiempo que
tomaba el cinturón.
Asentí con la cabeza, y esperé, él no me hizo esperar mucho, empezó a azotar
mi trasero, pero no muy fuerte, lo suficiente para hacerme gemir, después
fue aumentando la intensidad hasta hacer brotar lagrimas, pero no se detuvo.
Cuando creí que ya no podía más paró, se puso detrás de mí y me tocó el coño.
-Ya veo que te ha gustado, estás bien remojadita, puta -me metió los dedos y
me acarició.
Luego sacó los dedos y sentí la punta de su verga ahora tratando de entrar,
lo hizo de una embestida, me tomó de las nalgas adoloridas y me ordenó
moverme. Era delicioso, su polla me tocaba hasta el fondo y me hacía sentir
tanto placer que empecé a gemir como una zorra.
No tardó mucho en correrse dentro de mí, su leche caliente me llenó y me
excitó aún más si es posible.
Cuando la sacó me puso a limpiársela, lo cual hice, tragándome los restos de
semen y mis propios jugos de su polla.
-Voy a hacerte una prueba de obediencia- me dijo, estando yo todavía de
rodillas ante él.
-Haré lo que tú digas, lo que sea- respondí, dispuesta a no perder el placer
que acababa de tener, no quería que él no aceptara, así que dentro de mí
aceptaba cualquier cosa, era suya, era mi amo y no iba a perderlo.
-Voy a orinar en tu boca, y vas a tragarlo todo, si derramas una gota te
castigaré, abre el hocico!
Yo abrí la boca y cerré los ojos, pero él me ordenó abrirlos, me preparé a
beber toda su orina. Sentí el chorro de orina caliente llenar mis boca y
tragué desesperada, sin pensar en el sabor, sólo deseando no derramar nada,
pero aún así cayó buena parte al suelo y también me escurrió por la cara, el
estomago y las piernas. Sentí el líquido caliente en mis entrañas al tragar
pero no le preste atención a la sensación, sólo seguí hasta que él terminó
de orinar, y acerco la verga a mi cara, restregándola para limpiar las
últimas gotas de orina en mi cara.
-Lo has hecho muy mal perra, agáchate y para el culo.
Obedecí y él se puso detrás de mí, yo estaba con la cara pegada al suelo y mi
culo al aire, a su disposición. Empezó a darme unas nalgadas un poco
fuertes, pero luego usó el cinturón, yo gritaba entonces-¡Noo, por
favor..ahhg....para...para!-pero no tuvo piedad, continuó hasta que le
pareció suficiente y se puso delante de mí.
Mi cara estaba llena de lágrimas y sudor. Mi culo me ardía tan fuerte que
crecía mi desesperación al pensar en que podía llegar a continuar con el
castigo.
-Ahora besa mis pies, puta, no eres más que basura, si vuelve a a fallar te
haré lamentarlo aún más!
De inmediato me incliné y comencé a besar sus pies varias veces, creo que le
agradó verme así humillada al límite porque su polla estaba dura de nuevo,
como pude darme cuenta cuando volvió a ordenarme que me parara y me puso de
espaldas, apoyándome en la camioneta, y me la metió de nuevo en el culo
adolorido.
Esta vez sentí gran placer con su polla en mí, tuve varios orgasmos con sus
embestidas. Termine tan cansada que no tenía fuerzas de nada, y me quedé al
final tirada en el suelo, rendida a sus pies. Creo que me dormí un poco.
Cuando por fin me llevó a mi casa, me explicó en el camino las condiciones
de nuestra relación. Yo le debía obediencia absoluta, iría con él a donde él
quisiera, me inventaría algo, cualquier cosa, pero estaba a su disposición
cuando mi esposo fuera a trabajar. Aceptaría ya fueran golpes o caricias, y
si obedecía me premiaría con unas buenas cogidas.
Yo por supuesto ya era una perra en celo para él, me excitaba de pensar en
otra buena follada con él, si me lo hubiera permitido le besaría el cuerpo
entero, pero me indicó muy claro que sólo haría lo que él me dijera así que
me contuve.
A partir de ese día me usó un buen tiempo hasta que mi esposo me descubrió y
entonces sí, la pasé muy mal, como les contaré mas delante.

 

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