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Corrida mexicana

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

No sé exactamente como sucedió, porque normalmente no agrego ni chateo con desconocidos a través del Messenger, pero en esta ocasión lo hice. Cuento lo que realmente pasó: Inicié sesión para revisar los mails que tenía en la bandeja y comprobé que alguien con dirección desconocida me había agregado a sus contactos. En primer lugar pensé en no aceptar pero cuando quise darme cuenta, suena el ruidito clásico de este programa de correo instantáneo y era esta persona diciendo un escueto “Hola”. Por un momento quise cerrar, pero algo me dijo que comenzara la conversación y, con cierta intriga, respondí: Hola ¿Qué tal?.

Continuamos con una conversación trivial, como queriendo ir rompiendo el hielo poco a poco, hasta que nos intercambiamos la información clásica de la edad, donde vivíamos y a qué nos dedicamos. Resultó ser un chaval mexicano de 22 años - al menos eso me dijo - yo le dije que era española y él comenzó a subir su tono a partir de la pregunta: tú hiciste un relato, ¿verdad? Y yo respondí que cual de los muchos que había escrito era al que se refería. Era uno de los eróticos que, de cuando en cuando, me dan por escribir. En esta ocasión se trataba de uno de intercambio de pareja. Él comenzó a preguntar sobre cómo me gustaba coger y cosas así, cuando la cosa empezó a ponerse muy calentita, pensé en cortar porque nunca había tenido una conversación de este tipo con ningún desconocido y me daba algo de reparo continuar con el tema ya que tenía miedo de que me descubriera mi marido que estaba a punto de llegar a casa. Pero noté como una especie de curiosiodad que después se convirtió en humedad en mi sexo.

Me dijo que estaba haciéndose una paja y que cuando leyó el relato se hizo otra que le pareció fantástica - chido, como dicen por México -, eso a mí me hizo subir el morbo. El hecho de imaginarme a un jovencito masturbándose, intentando adivinar como es mi chochete, me puso realmente muy caliente, hasta el punto de que me descubrí frotando mis muslos para darme algo de gusto.

Me decía que si iba a ir a México algún día le gustaría disfrutar mi lindo chochito. Por momentos iba subiendo mi excitación. Me fui al baño y cogí un tarro de desodorante que tiene una tapa redondeada y forma cilíndrica, me la metí un poco en mi “lindo coño” y con mis piernas comencé a moverme, dejando libres mis manos para poder escribir. Cuando el “manito” me dijo que le enviara una foto me negué, pensando en que eso es un error por mi parte, pero la excitación subió hasta límites insospechados y pensé en darle una foto de las que me hizo mi marido hace unos días para nuestro uso personal. La abrí con el programa de retoque y la recorté, dejando solo mi coño abierto por mis dedos, ocultando la cara y demás elementos que podrían resultar malicioso en caso de que este caliente mexicano se le ocurriera mostrarla en Internet.

Me estaba contando que había manchado la foto de mi hermoso coño con su leche, cuando oí que mi marido estaba metiendo el coche en el garaje, rápidamente me despedí y cerré el Messenger para que no descubriera esta conversación y me metí en el baño para que pensara que estaba duchándome y no me notara la cara de excitación que tenía en ese momento. Ya no me pude quitar de la cabeza la idea de un fornido joven, con cara de vicio, delante de la pantalla del PC, visualizando la foto de mi coño y masturbándose.

Mi marido me dijo que venía a cenar y se marchaba de nuevo para una reunión de trabajo - seguro que el trabajo se trataba de echar unos polvos en cualquier prostíbulo con los amigos, ya lo había descubierto en alguna ocasión, pero nunca dije nada -, y que volvería tarde porque se trataba de unos asuntos muy complicados. Pidió que no tardara en salir porque tenía prisa y quería cenar conmigo. Muy bien, pensé yo, tu te vas de putas que yo tendré una sesión de cibersexo con mi mexicanito. Algo es algo, pensé. Cuando salí del baño, me vestí lo más tapada que pude para que no se notara nada de mis intenciones sexuales y me dispuse a cenar con él. Cenamos muy rápido, me besó, agarrándome el culo y se marchó.

Cuando noté que salió con el coche y cerró el garaje, salí corriendo, excitada de pensar en mi joven mexicano y, como si me estuviera esperando en persona, me arreglé el coñito, recortando los pelos, me maquillé y me puse un tanga rojo, casi inapreciable por su parte trasera y transparente por la delantera que, al simple contacto con mi sexo se humedeció, quedando casi pegado a mi coño y un salto de cama muy sexy con bordados, que dejaban ver mis pezones erectos.

Impaciente por la espera mientras iniciaba la sesión, me puse el envase de desodorante bajo mi culo de forma horizontal por el momento, para después, cuando estuviera con mi polla de México, introducirla completamente y correrme junto a él. Un duro desengaño me invadió cuando comprobé que no estaba conectado en ese momento. Decidí estar a la espera, por si aparecía en cualquier momento, tocándome suavemente y pellizcándome los pezones. Pasó demasiado tiempo y yo estaba tan caliente que no pude esperar más. Cerré el Messenger y el ordenador y me monté una película yo solita. Bueno en verdad, en todo momento estaba mi ciber amor presente.

Comencé a contornearme, acariciándome los pechos y haciendo un streptess, mirando hacía la cama, donde suponía que estaba él, con su polla, que imaginé de 22 cms, esperándome, tendido sobándose la verga. Me subí a la cama desde el suelo, a cuatro patas, como si fuese una gata en celo, pasándome la lengua por los labios y haciéndole guiños con los ojos. Puse un condón al desodorante, para darle más sensación de realidad a la historia que me estaba montando, y lo puse sobre la cama. Comencé a mamarlo y me imaginaba a mi macho diciéndome “ándale, putita, sácale toda la lechita, ahorita mismo”. Tumbada boca abajo, le hice una mamada a esa polla marca “rexona” que me empezó a salir líquidos como si me estuviese meando. Me recosté sobre la almohada y me desnudé completamente, abrí mis piernas y me metí la polla de ficción y pensaba en mi mexicano, encima de mí, metiendo y sacando su gran polla, sudando y jadeando, yo agarrada a su cintura, sobándome los pechos y pidiéndole más y más. Luego puse el envase en forma vertical y me senté sobre él, comenzando una cabalgada impresionante hasta que me corrí cuando volvió a mi cabeza su frase “He manchado tu lindo coño con mi leche”.

Caí desplomada en la cama y me dormí profundamente. A la mañana siguiente, mi marido junto a mí, me dijo, mirando el envase de desodorante con el condón aún puesto:

- Cariño, veo que me echaste de menos anoche.

- Oh!, sí, mi amor, no sabes cuánto.

Dedicado a Bolillo que, desde México me hizo pasar un rato agradable. Si lees esto, recibe un fuerte beso en tu polla linda.

 

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