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Mensaje en el chat

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Esta es una de esas tantas historias de la red; mientras nuestras vidas nos hacen correr deprisa, ya que el mundo en que vivimos no se detiene a esperarnos y cada cosa se aprende sobre la marcha. Así casi por casualidad y por obra del destino, de la nada resulta un todo y detrás de un monitor, por el cual hoy nos comunicamos de las formas más diversas e impensables hasta unas décadas atrás; aparecen la necesidad y la esperanza humana de estar en contacto con alguien que nos resulte similar al ideal de persona que nos visita en sueños, desvelándonos en esas interminables noches de soledad y deseo por tenerlo a nuestro lado, para poder aplacar todos los dolores del alma y saber que ya no estamos solos. Entonces en una de ésas tantas tardes en la cual nuestra computadora nos sumerge en el mundo de Internet; alguien sin rostro, en un lugar remoto de quién sabe donde y porque no llamarlo... un perfecto extraño; se presenta ante nosotros sin pedir permiso y nos hace saber que es él, al cual hemos buscado por mucho tiempo en nuestro subconsciente. Es un relato más como el de tantos otros que conocerán, pero esta es mi experiencia de vida y quisiera compartirla con aquellas personas que tienen la esperanza y la certeza de llegar a conocer a ese ser especial el cual cambie sus vidas de un momento a otro, un poco por sorpresa y otro poco por el secreto que cada uno tenemos en lo mas profundo de los sentimientos, el poder concretar el arte de amar.

Mi nombre es Viviana, soy de Bariloche y tengo 26 años. Mi vida era bastante monótona y común al resto de la gente, pero llevaba una enorme soledad a cuestas, debido a una separación de pareja, de alguien que me hizo crecer en todos los aspectos conocidos por mí hasta ese momento. Me resistía a tener que soportar tantos recuerdos y no podía entender, como todos los proyectos de una vida en común, se habían diluido en un abrir y cerrar de ojos, sin previo aviso dejándome sumergida en nostalgias y angustias por no saber que rumbo sería el que me depararía el destino de aquí en adelante. Solo me quedaba el escapar de la realidad mediante el trabajo y los afectos que me rodeaban, pero sabía muy internamente que esta persona, en la que me había convertido, ya no era la misma de la cual siempre había estado tan satisfecha, esa alegría y las ganas de vivir cada vez eran más distantes y fugases. Esta careta comenzaba a pesar demasiado, al punto de estar en un mundo irreal y efímero, que no hacía más que aislarme en mis pensamientos sin querer buscar mi bienestar.

Fue en el mes de Febrero cuando en una tarde cualquiera, me dispuse a entrar a la red; elegí un chat al azar y comencé a buscar con quien conversar y allí estaba un nombre simple y común: Walter, al que le envié un mensaje privado para saludarlo, a lo cual ese desconocido respondió y así sin saber comenzó una amistad que con el correr de los días crecía a pasos agigantados. Comenzamos por escribirnos mail en los cuales describíamos nuestras respectivas vidas. También estaban los llamados por teléfono, las largas horas compartidas por Internet; en las cuales hubo en un primer momento solo conversaciones, a lo que le siguieron y a través de nuestras respectivas web cam: veladas con algún brindis, el tomar un café o simplemente unos mates, levantarme temprano por la mañana y compartir unos minutos ya que él llegaba del trabajo y yo me preparaba para comenzar mi día, era como si la red nos permitiera crear cierta intimidad que se tiene con alguien que esta a nuestro lado, pero la diferencia estaba en que esa inmensa distancia se diluía, porque nosotros mágicamente la hacíamos desaparecer con lo mucho que teníamos en común, las confesiones y la necesidad por saber cada vez más, sobre esa persona que estaba tan lejos, pero que se sentía cercana y conocida aunque nunca habíamos estado frente a frente. Esa amistad pasó a convertirse en un cariño sincero por ambas partes, pero también crecía la intriga. Fue tal la ansiedad por conocernos que me encontré viajando a Tandíl. Ese viaje fue el más largo de mi vida; sentía temor, porque no tenía en claro que iba a pasar con nosotros si es que podíamos llamarlo así, pero presentía que estaba haciendo lo correcto y ya no importaba nada, solo me restaba esperar a que esos interminables kilómetros se esfumaran para finalizar con tanta incertidumbre.

Era una mañana tranquila y radiante en Tandíl, ese era un día más para muchos, pero para mí era el gran día. Cuando llegue a la terminal él no estaba esperándome como habíamos quedado por teléfono y eso en un primer momento me hizo sentir un poco de inquietud, pero al pasar los minutos de pronto entre todo ese gentío lo vi; jamás nos habíamos cruzado antes de aquel momento pero al abrazarlo sentí que mi cuerpo lo conocía desde siempre, ahora estábamos juntos, el tiempo y las circunstancias del destino, nos dirían el resto de esta, que desde ahora sería nuestra historia.

Llegamos a su casa, hablamos sobre el viaje, mientras tomábamos unos mates. La situación era un tanto extraña y aunque me esforzaba para no dejarme en evidencia había tanto por conocer sobre él, que mis pensamientos eran solo preguntas que me hacía en silencio y aunque buscaba las respuestas, mi mente estaba muy dispersa como para disipar todas aquellas dudas. Y en un momento al cual no tengo muy claro en mi mente, Walter se acerco a mí y me besó en los labios con ternura, entonces tuve la certeza que ese hombre al que tenía frente a mí, ya no me era indiferente, lo que nunca imaginé es que él; sería mi amante perfecto. Llevamos mis cosas a su habitación y en medio de todas esas palabras que fluían entre nosotros, nos besamos nuevamente y al sentir sus labios abrir los míos en busca de mi lengua, tuve una cierta excitación desconocida por mí hasta ese entonces, nos sentamos por un momento en su cama y al tenerlo cerca mío supe que en nosotros había eso a lo que algunos llaman química, nos acariciamos y besamos por algunos minutos más hasta que entre arrumacos y palabras dulces, le dije que necesitaba darme una ducha, ya que el viaje había sido agotador y eso serviría para renovarme, a lo que él asintió.

Luego de aquel baño, me vestí a medias, arreglé mi cabello, me maquillé y me dispuse a ir a su habitación... Al abrir la puerta de la misma lo vi, él estaba ahí acostado en su cama, esperándome con una mirada intrigante y cautivadora que me dejo atónita, pero a la cual supe disimular muy bien, eran tantas las expectativas por saber lo que era estar con aquel hombre que así, sin más me dispuse a quitarme la poca ropa que llevaba puesta para solo dejarme la remera y de un momento a otro ya estaba recostada a su lado... Me tomo con suma delicadeza y comenzamos a besarnos primero con ternura y luego con desesperación, en unos pocos minutos ya estábamos completamente desnudos y rozando nuestros cuerpos, que solo querían unirse y sentirse los dos en uno, él me besaba los senos y acariciaba cada parte de mi cuerpo, yo sentía como me excitaba más y más con cada segundo que pasaba entre sus brazos, solo quedaba entregarme por completo a él sin siquiera decir palabra alguna, más que emitir gemidos de placer, hasta que en todo ese delirio le pedí ó en otras palabras, le supliqué me penetrara porque ya no podía con tanta ansiedad y excitación. Cuando lo hizo, pude sentir aquel pene maravilloso, que al entrar en mí, me hacía tener oleadas placer y dolor, porque cabe resaltar que estaba muy bien dotado; él se movía en mi de una forma única, que solo me daba más deseo y necesidad por tener a todo su miembro dentro de mí, no me importaba el dolor sino, el sentir como me humedecía y los espasmos que me causaba cuando intentaba entrar en su totalidad, pasados unos minutos, decidí y él me dejó, tomar el control de aquella descontrolada situación. Comencé por besar su rostro, sus labios, su cuello, recorrer cada parte de su pecho y vientre saboreando su piel y reconociendo ese aroma a hombre que no hacia más que excitarme con una pasión alocada conforme pasaban los segundos, así logré llegar hasta su miembro que estaba erecto y expectante; lo tome con una de mis manos y lo introduje en mi boca para empezar a besarlo y lamerlo; primero deje que mi lengua hiciera las delicias con la cabeza de aquel pene que era enorme y bondadoso, luego continué por explorar cada centímetro del mismo hasta llegar a sus testículos que gustosos dejaron, los saboreara en su totalidad, mientras podía escuchar su agitada respiración, ahora era él quien gemía de placer y solo dejaba de hacerlo para decirme cuanto y como le estremecía lo que estaba haciendo mi boca a su pene erguido que se rendía en una completa entrega. Yo estaba totalmente mojada y extasiada por el deseo de sentirlo penetrarme nuevamente y por saber en que forma gozaba, con cada caricia que le propiciaba mi lengua a su glande, era hermoso sentir su miembro en mi boca y saborear cada gota que le succionaba para tragarlas una a una y deleitarme cuando ellas recorrían mi garganta, solo pensaba en lo delicioso que sería el que acabara en ella y tener todo su semen llenándola en su totalidad, que se me hiciera imposible el recibir todo ese esperma maravilloso... Entonces con una de sus manos me atrajo hacia él, yo me deslice hacia su rostro, lo besé con ansias de sentir esa lengua lujuriosa en mi boca una vez más y con una mano de cada uno nos ayudamos a introducir nuevamente su miembro que estaba duro y mas caliente que antes, en mi vagina que pedía a gritos ese pedazo generoso el cual iba entrando en ella lentamente con movimientos suaves primero, para convertirse después en una uniforme danza de caderas, con caricias, besos, lamidas y sollozos, mientras mi búsqueda desenfrenada era por tener uno de sus dedos en mi boca y succionarlo como lo había hecho con su pene, me invadían nuevas sensaciones al pensar en tener su miembro en mi boca y vagina al mismo tiempo... Y seguían los espasmos una y otra vez, que ya no sabía dónde comenzaban ni en donde terminaban lo único que quería era más de ese placer desconocido, que lograba hacerme sentir pasión y deseo para tocar el cielo por momentos en que el éxtasis era tal que anulaba mi mente y la sumergía en un torrente de sentimientos nuevos... Nos amamos tanto, de las formas más diferentes y las que jamás hubiera explorado con otra persona, hasta que nos fundimos en un orgasmo interminable, el cual solo nuestros cuerpos sabrían explicar como fueron sorprendidos por la satisfacción que nos invadió en aquel instante. Así en medio de gemidos, susurros y gritos, nos besamos una y otra vez hasta desplomarnos de cansancio por tanta entrega al habernos hecho el amor como dos viejos amantes que sabían exactamente lo que esperaban el uno del otro sin el más mínimo reparo. Así extenuados después de tanto placer, nos dormimos por unos instantes, hasta que nuevamente cuando su cuerpo rozó al mío y sin musitar palabra alguna, comenzamos a amarnos otra vez durante un largo rato en que de aquella habitación solo podían escucharse: nuestra agitada respiración y el lenguaje que nuestra piel comenzaba a descifrar con cada caricia que nos entregábamos. Ahora era él quien estaba haciéndome suya nuevamente, entonces me pidió que comenzara a masturbarme para él y con mucha delicadeza, me ordeno que acariciara la parte superior la vagina con mis manos suavemente, luego era solo una, la que exploraba a medias en mi cavidad, mientras él entraba y salía de ella una y otra vez. Me miraba a los ojos deleitándose al ver como me tocaba y gozaba con, por y para él, yo solo quería someterme a cuanto me pedía sin ningún reclamo, más que algunos cuantos gemidos por el gozo que sentía al saber que me penetraba con fuerza. El dolor por momentos era agudo, pero la sensación de plena satisfacción y placer podían hacer calmar cualquier dolor, es más creo que hasta sentí cierta excitación aún mayor, cuando supe y le confesé entre sollozos que tenía una ansiedad incontenible por sentir a su pene en lo más profundo de mis entrañas, no importaba el dolor sino el tener ese hermoso miembro recorriéndome toda y yo estaba dispuesta a dejar que lo hiciera, no podía con todas aquellas sensaciones, lo cual él me concedió... Eran mis dedos que buscaban desesperados mi clítoris y sobre todo era Walter y lo que me producía al penetrarme cuantas veces se le antojada, que llegué a otro orgasmo desenfrenado, mientras veía en su rostro la satisfacción que le causaba el verme en esa situación a la que me había arrastrado. Fue entonces cuando me colocó de espaldas a él y comenzó por besarme con pequeñas mordidas: mi cuello, los hombros, boca y labios; al oído me pidió que quería penetrarme por la cola a lo que asentí sin ninguna objeción y deje que me lubrique y comience lentamente a hacerlo, primero con uno de sus dedos y después con la cabeza de su miembro que comenzó a ejercer presión, pero en forma tierna y suavemente. Al cabo de unos cuantos minutos lo estaba introduciendo tanto como mi cuerpo se lo permitía, para por consiguiente hacerlo a su gusto, mientras en medio de susurros me hacía saber, el placer que le causaba el entrar en mi de aquella forma. Me acariciaba la vagina con una de sus manos y con la otra me acercaba a él, yo sentía que ahora él era quien tenía la situación controlada y me encantaba el rendirme ante ese hombre que hasta hacía poco menos de un día, no conocía. Ahora sabía que la perfecta extraña era yo, ya que jamás había dejado a alguien llegar tan lejos, esto me producía cierto morbo por querer saber todo sobre mi sexualidad y por otra parte me desconcertaba, porque estaba comenzando a nacer en mí otra mujer que se había reprimido durante mucho tiempo y sin saberlo. Él no hacía otra cosa que enseñarme amar y a sentir, sin inhibiciones y en forma natural. Yo estaba dispuesta a todo por esa excitación que me invadía con cada embestida de su miembro en mi interior y escuchaba las frases que salían de su boca, para hacerme sentir toda una mujer, me fascinaba el que me dijera: - ¡ que putita mía que sos ¡..................Creo que esas palabras me hicieron excitar aún más y solo pude asentir entre gemidos y gritos, que se entre cortaban, con sus movimientos en mí, así me hizo el amor una vez más hasta hacerme llorar de placer, cuando me invadió otro orgasmo que me quito el aire para terminar en llanto silencioso de tanto éxtasis que me había hecho sentir. Para ese entonces estábamos empapados por el sudor que nuestros cuerpos habían logrado en esa entrega, temblosos por la lujuria alcanzada y sin darnos cuenta, nos dormimos, pero no sin antes besarnos y abrazarnos para descansar unas horas antes de volver a hacer el amor, pero esta vez sería algo diferente...

Cuando nos despertamos, tomamos noción del tiempo que había transcurrido ya era la media tarde y aunque estábamos agotados, decidimos salir a tomar aire así es que nos fuimos a caminar por la ciudad. Debo decir que en realidad no recuerdo mucho de ese paseo, pero lo que sí tengo grabado en mi mente es lo bien que me sentí a su lado y cuanto en común teníamos en casi todo lo que opinábamos y decíamos. Esa noche él debía trabajar por esto dormí sola en su cama que se me hacía demasiado grande sin su cuerpo a mi lado. Era casi de día cuando llegó a su casa y me despertó con besitos dulces en los labios, se recostó junto a mí, comenzó a acariciarme como solo él sabía hacerlo, yo dejé que me posea una vez más con aquel pene enorme y erguido al cual ya le era demasiado conocida. Me penetraba de una forma que me excitaba con un placer incontrolable, mis piernas abrazaban sus caderas con fuerza, para que su exploración en mí fuera por completa, mientras mis manos lo acariciaban y mi boca lo besaba con pasión al sentir su húmeda lengua decorrer la mía. Luego de algunos minutos, retiró su miembro de mí para besarme los senos y comenzar a bajar por mi cuerpo lentamente, lamiendo cada parte de mi piel hasta llegar a mi vagina, que lo esperaba con sumo interés por lo que estaba a punto de hacer... Entonces comenzó por besar mi entre pierna, acariciando mis nalgas con sus manos, por consiguiente posó su lengua en mi clítoris y empezó a succionarlo con su boca en una forma que me hacía sentir placer y delirio ilimitados, yo solo me dejaba llevar por aquellos espasmos que me dejaban sin fuerzas, de los cuales solo podía gemir para sumergirme en ellos cuantas veces me fuera posible, hasta que le comencé a pedir con palabras casi imperceptibles, el que quería tener su miembro en mi boca, a lo cual Asintió y de un momento a otro estábamos saboreando nuestros sexos, él me penetraba con su lengua y yo succionaba su pene como no lo había hecho jamás. Estando así y por mutua decisión, él se recostó en la cama para que yo pudiera tener acceso a su miembro completamente. Al mirarnos solo nos excitábamos más yo tenía su sexo en mi boca y lo observaba, él estaba en un delirio de frenesí lo que me hacía sentir placer y morbo, mi lengua jugaba con su glande, mientras que lo sostenía con una de mis manos para poder someterlo a mis deseos, y mi boca que estaba hambrienta por devorarlo. Lo lamí una y otra vez con lujuria al sentirlo tan erecto entre mis labios, estaba erguido en su punto máximo, yo solo podía sentir como entraba y salía de mi boca cada vez con lapsos más cortos y rápidos, esto me indicó que ese hombre iba a terminar en ella. Me acosté y él obtuvo una pose como para que pudiera recibir todo su esperma y con una de sus manos comenzó a masturbarse para mí, mientras que la cabeza de su pene quedaba aprisionada por mis labios, yo estaba expectante y deseosa, entonces fue el comienzo de un interminable torrente de semen que brotaba de su miembro y desembocaba en mi garganta al cual yo saboreaba tanto como me era posible ya que era demasiado y no tenía la suficiente capacidad como para beberme de una vez aquella cantidad, ahora de mis labios brotaban sus jugos, yo me esforzaba por no perder ni una ínfima gota de ese tan preciado liquido.

 

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