Categorías

Relatos Eróticos

Sexo con maduras

El perdon

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Eran la una de la mañana, me encontraba durmiendo, cuando un ruido en el patio de mi casa, me despertó. Sigilosamente me asomo por una de las ventanas y veo que una persona en el patio que entraba a un cuarto que se encuentra al fondo.

Llamé por teléfono a mi vecino y le abrí la puerta. Armados con un bate de béisbol y un fierro, salimos al patio. Sorprendimos a un muchacho de 15 años aproximadamente, cuando salía con una mochila con mis herramientas y mi bicicleta.

Al vernos trató de escapar, e incluso se puso muy violento, amenazándonos con una cuchilla, pero rápidamente lo redujimos a golpes y luego de amarrarlo, llamamos a la policía, la cual llegó en pocos minutos.

Todo ese alboroto ocurrió el lunes en la noche. Al otro día tuve que ir a la comisaría a ratificar las constancia, para desquitarme y que el mozuelo pasara un buen tiempo en prisión.

Carabineros me advirtieron de la posibilidad de que amigos o familiares del joven tratasen de intimidarme para retirar la denuncia, y que en caso de cualquier cosa, los llamara y ellos asistirían a la brevedad.

Tengo 25 años y vivo solo, por lo que generalmente mi casa estaba sola durante todo el día, yo solo llegaba a eso de las 8 de la tarde del trabajo , por lo que dejé encomendada mi casa a una vecina.

Al llegar el miércoles, mi vecina me dice que una mujer había venido dos veces en la tarde. Que cuando ella le preguntó que se le ofrecía, me dijo que era algo personal y que volvería como a las 9.

Le pedí que me la describiera, tez blanca, pelo negro con algunas canas, de cómo 1.65, unos 45 años aproximadamente. La descripción no me dijo nada, por lo que no le tomé mayor importancia. Incluso pensé que era una persona interesada en comprar mi vehículo que estaba en venta.

Cerca de las 21:30 hrs., suena el timbre de mi casa, al abrir la puerta me encuentro con la misteriosa señora que había visto mi vecina.

Pregunta por mi, y le respondo que yo soy la persona que busca.

Justo en ese momento, suena el teléfono y le digo que pase. Mientras yo hablaba por teléfono, le indico con la mano que tome asiento. Ella tímidamente se sentó.

Mientras hablaba por teléfono ( una llamada importante ), y ella sentada, la empiezo a mirar y me doy cuenta, por sus ropas, que no era una posible compradora.

Termino de hablar y me siento en el sillón frente a ella. Le pregunto que se le ofrecía.

Ella me dice que primero que nada, quiere disculparse por su hijo. Ahí quedé claro que se trataba de la madre del muchacho que había sorprendido robándome.

Me comenzó a hablar que su hijo tenía problemas con la droga, que había abandonado el colegio, y que eso lo había hecho para comprar droga, que su padre los había abandonado hace años, en fin una triste historia, la que no me conmovió en lo más mínimo.

Ella me venía a pedir que por favor levantara los cargos en contra de su hijo, a lo que mi respuesta fue negativa.

Nuevamente me contó otra triste historia, que a su hijo ya lo habían sorprendido una vez y que por ser reincidente, ya pasaría muchos meses en prisión, y que ahí en vez de mejorar, se iba a echar más a perder etc.

Mi respuesta seguía siendo no. Le comenté que él me había amenazado con una cuchilla , al momento de atraparlo y etc etc etc.

La madre me dijo que si yo accedía, ella podía trabajar gratis para mi, haciendo las cosas de la casa por algún tiempo en fin cualquier cosa que yo le pidiera. Realmente se notaba desesperada.

La verdad no me gustó nada la idea, tener una desconocida en mi casa mientras yo no estaba, madre de un delincuente, ni pensarlo, por lo que rechacé terminantemente sus ofrecimientos.

Le pedí que por favor se fuera, que lo lamentaba, pero que no conseguiría nada conmigo.

Ella muy desesperada, me dijo que no tenía dinero para ofrecerme, y quedándose en silencio unos minutos, me dijo, que si yo levantaba los cargos, ella haría cualquier cosa que le pidiera.

La verdad hasta ese momento, no se me había ocurrido ver a esta mujer con ojos de hombre, su cara ya marcada por los años más las rabias que le hacía pasar su hijo y su pelo negro y corto, ya con más de algunas canas.

Sin embargo, la señora no estaba tan mal, si bien era mucho mayor que yo, también es cierto que tenía una piernas bastante apetecibles, y aunque tenía un poco de gordura en su vientre, también es cierto que sus pechos grandes y redondos estaban bastante buenos.

Le pregunté a que se refería específicamente, y ella me dijo que estaba dispuesta a todo por sacar a su hijo, lo que fuera.


- ¿ A cualquier cosa?

- A cualquier cosa, incluso ...... a tener sexo si así me convence.

La sola idea de poder dominar a esta perfecta extraña me había despertado mis instintos y le dije que me convenciera.

Ella lo dudo un poco, pero luego se levantó del sillón y mientras yo la miraba sentado en el otro sillón, de pie delante mío, se comienza a desabrochar su blusa, sin mirarme.

Se la desabrocha hasta el último botón, dejándome ver su brassier y sus agradables pechos. Yo permanecía sentado, con las piernas abiertas. Ella se arrodilla entre mis piernas y aun sin mirarme, me comienza a tocar mis piernas y mi bulto. Comienza a bajarme el cierre y mete su mano, encontrándose con mi verga a 100 lista para actuar.

Yo me desabrocho el botón del pantalón para que al sacarla no me lastime. Ella en ese momento me mira y me dice si cerramos el trato. Le digo que dependiendo de cómo se portara durante la próxima hora.

Ella muy sumisa, me saca la verga del pantalón y comienza a masturbarme. Veo como su arrugada mano, un poco dura, seguramente por su trabajo, tomaba mi verga y me la manoseaba de arriba abajo.

No se atrevía a mirarme, y eso me gustaba aun más. Luego se la mete completamente a su boca y comienza a darme una muy buena mamada. Le pido que se saque la blusa, cosa que hace, y sigue chupándomela. Luego le pido que se saque su brassier y que me haga una paja rusa entre sus tetas. Ella muy obediente se desabrocha su brassier y antes que comience a hacérmela, le pido que me las muestre. Un tamaño bastante normal, con pezones grandes y morenos. Se las acaricio y siento su suave textura.

Ella se acerca más a mi y colocando mi verga entre sus tetas, comienza a subir y a bajar, dándome una excelente visión de mi verga entre sus tetas. Ella no hacía nada que yo no le pidiera. La dejé harto rato en esa posición, hasta que me aburrí y quise penetrarla. Le dije que se levantara y se sentara en mis piernas.

Dándome la espalda se levantó y se sentó en mis piernas. Mis manos comenzaron a manosear sus tetas descaradamente, sin recibir ninguna respuesta de ellas, sin embargo sus pezones comenzaron a crecer y a ponerse duros.

Aun mantenía su falda y sus bragas. Le arremangué la falda y mi mano comenzó a tocar su coño por sobre la tela. Aun sin sentir ninguna reacción por parte de ella, sus bragas comenzaron a mojarse. Le corrí sus bragas y comencé a jugar con los abundantes vellos que salían de su coño. Sus piernas estaban bastante buenas y tampoco dejé nada sin tocarle. Ya mi calentura estaba a tope, y le saqué sus bragas. Le subí su falda hasta la cintura y le dije que quería penetrarla. Ella me ayudó a sacarse las bragas y levantándose un poco, se acomodó mi verga en la entrada de su coño y lentamente comenzó a bajar, metiéndosela hasta el fondo.

Comencé a penetrarla como una bestia, estaba tan caliente , mis manos la tocaban por todas partes , apretaba fuerte sus tetas, sus pezones, le acariciaba sus vellos y le agarraba el culo, apretándola de la cintura y obligándola que se metiera hasta el fondo mi verga.

Luego la hice darse vuelta, para poder chupar sus tetas mientras la penetraba y poder agarrarle más a mi antojo su culo. Ella haciéndome caso en todo, se dio vuelta, colocando una rodilla a cada lado, y ensartándose nuevamente mi palo comenzó a cabalgarme.
Sus tetas chocaban contra mi cara, hasta que logre meterme una a mi boca y chuparsela muy fuertemente, mientras mis manos levantaban más aun su falda, dejando todo su culo al aire. En su rostro se notaba que lo estaba disfrutando, pero aun tenía vergüenza por lo que estaba haciendo.

No aguanté mucho y en esa misma posición, comencé a descargar mi semen dentro de ella, en medio de grandes quejidos, por mi parte, no por ella.

Cuando se dio cuenta que yo ya había acabado, se salió de encima mío, y limpiándose con sus bragas, las guardó en su cartera y comenzó a vestirse.

Solo en ese momento, me brindó una leve sonrisa vergonzosa.

 

¿Ganas de SEXO? No desesperes, descubre quien más quiere sexo en tu zona!