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La madre de mi amigo

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Si, me había enamorado de Martita, estuve mal durante dos o tres semanas, hasta largué unos lagrimones pero me recuperé enseguida para volver a las andadas.
Entre mi grupo de amigos, esos que aun conservo, Jorge sin dudas era el winner: alto, morrudón sin ser gordo, rubio, ojos celestes y el deseado por todas las chicas. El resto del grupo, es decir Beto, Tito, Anselmo y yo (Juan) éramos pibes normales.
Al relato tengo que darle un inicio así que puedo afirmar que todo comenzó a desarrollarse cuando Jorge se puso en pedo y hubo que llevarlo a la casa. Aquello no era anormal en nuestras vidas pues siempre alguno le daba al escabio pasándose de rosca y otro de nosotros debía llevarlo. Esa noche-ya de día cuando salimos del boliche, me tocó llevar a Jorge. La cosa era entrar disimuladamente para que la madre no se avivara de que el muchachín había chupado como esponja. Palpé entre los bolsillos del pantalón para encontrar las llaves. Enseguida logré abrir la puerta sosteniendo a Jorge y entramos en la casa. Lo senté, tratando de acostarlo en el sillón cuando escucho a la mamá mientras bajaba las escaleras:
- Tengo un hijo borracho
- Ay, dije despacito
- Vos quien sos?
- Juan, el de acá a dos cuadras.

- Ah, si, ya se, sos el hijo de la peluquera. Gracias por traerlo Juan.

- Si. De nada.
Mientras ella me hablaba y yo le respondía fui acomodando a Jorge en el sillón, limpiándole un poco la ropa para que no se viera tan destroyer y sacándole las zapatillas.

- Dejá, dejá que eso lo hago yo.
Nunca había visto a la madre de Jorge ya que por lo general nos reuníamos en la casa de Anselmo. Era una mujer de unos 45 años, pelo largo ondeado y pelirrojo, vestida con una bata blanca de toalla que me pareció muy sugerente. Tenía dos duraznos como tetas y un culo gordote y redondeado que hacía levantar un poco por detrás la bata, dejando ver esos lindos huequitos detrás de las rodillas. No era ni linda ni fea, tenía el pelo revuelto lo que le daba un toque salvaje y así como estaba era terriblemente sexy.
Se inclinó a acomodar a Jorge y me dejó ver parte del corpiño negro que abrigaba aquellas tetas durazneras. La verga me dio un respinguito procaz y me moví un poco para escrutarla desde atrás: el culo se veía mas redondito que antes y la bata apenas se lo cubría. Me dieron unas ganas bárbaras de apoyársela cuando escucho la voz del padre:
- Qué pasó?
- Tu hijo, que volvió borracho.
Al padre sí lo conocía de antes. Los 5 corríamos en circuitos de ciclismo y el hombre de vez en cuando nos llevaba.

- Qué hacés pibe?
- Bien, bien.

- Así que m’hijo se está haciendo hombre?
- Que hombre ni hombre, se está haciendo borracho, acotó la madre
- Bueno, che, mejor que salga borracho a asesino o... o... o puto.

- Vos siempre igual, y si te sale puto será por culpa tuya
- Ningún hijo mío va a salirme puto. No es cierto pibe? Voquedeci’? No sabía que mierda decir. Así que largué un onomatopeya para cubrir la situación
- Seeeeeeffg
- Háganle un café che, que está medio muerto
- Y por qué no se lo haces vos?
- Porque vos so’ la madre y ese es tu deber. Aparte tengo que ir a lo del Cesar.

- Tan temprano? Si Boca juega a las cuatro de la tarde....

- Vos me va’ a decir a mi lo que tengo que hacer? Entre discusión y discusión me sentía completamente demás, pero no quería interrumpir, no sabía como cuernos hacer para mandarme mudar. Quería rajar a toda costa, la cosa se estaba poniendo violenta y no fuera cosa que este tipo se la agarrara conmigo. Lo escuchaba hablar y no podía entender como semejante mujer podía estar casada con ese simio.
- Haceme el desayuno, che. Te quedás a desayunar, pibe?
- Nonono, ya me tengo que ir, me esperan en casa
- Quedate Juan, gritaba la mamá desde la cocina, que hago unos desayunos muy ricos. Llamá a tu mamá y decile que estás acá.

- Eehhhh
- Aprovechá que la Teresa hace unos desayunos pa’chuparse los dedos. Dale pibe que después te acerco hasta tu casa.

- Bueno, está bien “La Teresa”, como la llamaba el marido, ya traía café para su hijo que dormía como un tronco.

- Mejor no despertarlo, no?
- Si, dejalo que duerma la mona, ya se va a despertar Nos sentamos a la mesa de la cocina y de vez en cuando le echaba una miradita a la Teresa que iba y venía trayendo café con leche, pan, manteca, dulce de leche y jugo de naranjas recién exprimidas.

- Y pibe? Como va lo del ciclismo? Mientras el tipo me hablaba miraba de costado a la Teresa acomodarse en la silla. Cruzó las piernas con el tajo de la bata abierto brindándome una panorámica de muslos contorneados y gráciles.

- Bien, la otra vez salí segundo en nuestra categoría
- Que bien che. Y el colegio? La bata fue abriéndose de a poco así como la apertura de mis ojos y mi excitación iban en aumento. Esa tela áspera fue cayendo sobre su piel blanca y pecosa en un movimiento tan lento que la agitación de mi cuerpo entero llegó hasta límites casi insoportables.

- Ta-también bien.
Ahora podía ver casi todo el triangulo de tela negra y no pude evitar moverme yo también para acomodar la verga que me estaba molestando.

- Y las minaaaaasss? Jjajajajaj. Se levantaron muchas minas anoche? Me miró con una sonrisita extrañada cuando vio mis ojos descontrolados entre sus piernas, dándose cuenta que esa posición dejaba ver mas de lo necesario. En ese instante se cubrió con la bata.

- Dejalo tranquilo..... decía la Teresa
- Es que quiero saber. Cuantas minas se levantaron? Hablá dale, con confianza che. Chaparon con alguna? jajajajajaj
- Ehhhh, siiieeee
- Vos? Metiste mano o te quedaste en el molde?
- Un poco de mano metí, si
- Como cambiaron las épocas che, antes no podíamos ni siquiera arrimar el bochín.
Un poco avergonzado miré a la Teresa con mirada suplicante.

- Dejá al chico tranquilo
- Pero que tiene de malo? Es normal, no? Ma’ si che, no se puede hablar de nada en esta casa.
En silencio terminamos de desayunar y el padre se levantó de la silla:
- Bueno pibe, me cambio y te llevo.

- Deje, deje que voy caminando nomás
- Te alcanzo pibe, que quiero decirte algo.
El tipo se fue a cambiar cuando la Teresa se acercó caminando como si fuera una gata y dijo:
- No que estuvo rico?
- Si, muy rico, señora, gracias.

- Espero verte pronto.....

- Si
- Pero espero que la próxima vez que te vea no sea para cargar a Jorgito, jajajaj
- Si, jajajaja Una vez en el auto, encendió el motor y mientras esperaba que se calentara:
- Ta güena mi mujer, no pibe? La pregunta me agarró completamente desprevenido. Miré por la ventanilla del auto encontrando solo pared y cuando iba a decir algo acotó:
- Te vi como la mirabas, pero no te preocupes, a tu edad yo vivía engrampado todo el día... jajaja. Aparte me gusta que los tipos se calienten con mi mujer.....
Tan evidente era lo mío? Por suerte solo vivía a dos cuadras de lo de Jorge y no tuvo mucho tiempo para seguir diciendo ese tipo de cosas.
Apenas llegué a casa, con mis viejos aun dormidos y una buena calentura, fui a mi habitación a pajearme pensando en su culo gordo y redondo y en ese par de piernas admirables. Ese mismo lunes me levanté temprano. Una semana atrás habíamos terminado el colegio y por suerte no me había llevado ninguna materia. Los cuatro éramos medianamente estudiosos a excepción de Jorge que se había llevado como 9. Por la tarde me vestí y le dije a mi vieja:
- Ma, me voy
- A donde vas?
- A comprar unos discos con la plata que me dio papá
- Vas con los chicos?
- No, voy solo, los llamé pero no encontré a ninguno
- Bueno, andá nomás, no vuelvas tarde.

- No, ma, chau.
Todo mentira. Yo sabía que Jorge iba a clases particulares de matemáticas todos los días a las 4 de la tarde. A las cuatro y cinco estaba tocando el timbre de su casa.
- Ah, Juan, como estas? Jorgito no está. Fue al profesor de matemáticas.

- Ah, no sabía, bueno...

- Pero pasá, y mientras lo esperás tomamos unos mates. Tomás mate?
- Si
- Esperate que ya voy a abrir.
Me había estado hablando desde el portero eléctrico. Estaba un poco nervioso y los minutos que tardó en llegar me parecieron horas. Salió a recibirme vestida con una bikini blanca que llevaba tan bien como cualquier pendeja. Me dio un beso en la mejilla y entré. Cerró la puerta con llave y me quedé quieto para dejarla pasar. Verla caminar por el pasillo hizo que los huevos me llegaran hasta la boca. La tanga que llevaba no era muy chiquita pero dejaba ver un poco de los lindos cachetes que daban forma a su culito. Mientras caminábamos por ese largo pasillo hasta su casa me deleitaba con sus caderas contoneándose y los cachetes subiendo y bajando al ritmo de su andar, al tiempo que yo cantaba para mis adentros: tin tan, tin tan, de aquí para allá, tin tan tin tan, la puta madre, que buena que estás.

- No es cierto, Juan? Oírla pronunciar mi nombre me despertó de la ensoñación.

- Que?
- Que sería bueno que lloviera de una vez, hace tanto calor.
Una vez en la casa fuimos hasta la cocina y empezó a cebar mate.
- Querés que vayamos a la pileta?
- Si, pero no tengo malla.

- Perate que te doy una de Jorgito.
Hice todos los esfuerzos posibles para pensar en otra cosa y hacer que la verga dejara de estar en guardia. La malla me delataría.

- Esta va a quedarte bien.
Fui al baño, me desnudé y en la pileta le eché agua fría a mi verga. Nada, seguía igual. Mientras me ponía la malla pensé: que sea lo que dios quiera.
Salí al parque enorme que había detrás de la casa para encontrar “la pileta” que no era mas que una Pelopincho de lona con dibujos de olas en azul, celeste y blanco. Enseguida me metí dentro evitando que me mirara entre las piernas. Tal vez el agua redujera la evidencia. Era una pileta de 2 x 2 en la que apenas cabíamos. Me senté a su lado. Ella se deslizó hacia abajo para que el agua la cubriera por completo y se levantó. La visión terminó por empalmármela. Desde abajo veía un cacho de minón infernal, el culo se le veía aun mas grande y mas redondo, las tetas eran dos promontorios impresionantes mientras el agua le caía besándole todo el cuerpo. Salió de la pile y se tumbó sobre una reposera quedando completamente acostada sobre ella. Se secó con la toalla mientras yo seguía atentamente cada uno de sus movimientos. Luego puso loción bronceadora por toda aquella piel traslúcida. Cuando terminó se puso boca abajo.

- Juan, me pasarías por la espalda por favor?
- S-si.
Puse el liquido en mis manos y lo extendí sobre su espalda. Las manos me temblaban y la verga estaba a punto de estallar.
- Desabrochá los breteles que no quiero que queden marcas.
El contacto con su piel y ahora que desabrochaba los breteles me generó tal calentura que ya no me podría aguantar mucho tiempo mas. Pasé el liquido por la espalda y por las piernas lo mas suavemente que pude mientras mis ojos quedaban hipnotizados en su culo y en la parte de las tetas que me dejaba ver.

- Pasame ahí donde no te animás, dale, que también se quema.
Y pasé mis manos por la parte de los cachetes expuesto al sol. Ya no aguantaba mas. La tenía recontraparada y los huevos empezaban a dolerme. Al instante suena el teléfono y ella, como si nada, sale disparada como un presagio, con los melonazos al viento saltando al ritmo de sus zancadas. Un espectáculo solo para paladares exigentes y aguantadores, me dije: un poco mas de todo eso y empezaría a disparar sin mas preámbulo. La seguí. Se dirigió a la cocina y se sentó en una silla mientras atendía el teléfono. Me vio entrando y me hizo seña con las manos para que fuera hacia ella. Me acerqué y con mi pija aun aprisionada en la malla pero completamente rígida se la mostré. Abrió los ojos en un gesto de sorpresa fingida y me dirigió una sonrisa picarona al tiempo que decía:
- No, no puedo ir ahora, estoy muy ocupada.
La mano que tenía libre empezó a bajarme la malla y la ayudé. Su contacto era delicado y su tibieza me poseyó completamente. La pija saltó y su mano comenzó a deslizarse por la carne tiesa que latía acompasadamente, incitándome al jadeo en un vaivén que enseguida ella hizo callar cuando puso su boca en forma de beso. Comí mis gemidos mientras su mano no dejaba de acariciarme los huevos y hacerme sentir en la gloria. La visión de sus tetas moviéndose al ritmo de su mano pajeándome, estaba ya por hacerme acabar cuando cortó la comunicación y enseguida su boca fue a mi verga. No tuvo mas que chupármela unos segundos para hacerme venir dentro de ella tirando en su boca unos cuantos chorros espesos. Me la limpio dejándola toda reluciente.

- Que rica tu lechita. Vení pichón.
Me hizo agachar y abriendo sus piernas metió mi cabeza dentro de ella. Desabroché las tiras de la tanga y la visión llenó mis ojos. Me invadió su olor a hembra en celo con una calidez que lejos estaba de ser plácida y tranquila. Aquello era instinto en estado puro, no era mas –y nada menos- que el inicio de todo, llamándome al descontrol nato sin mas objeto que satisfacer la propia necesidad. Su olor me enloqueció y empecé chupar con todas mis ansias deseando vaciarla para vaciarme a mi vez de todo ese ardor que volvía a recorrer mi verga. Sus carnes sensibles me llenaron la boca, con mi lengua y mis dedos cada vez mas animados por sus quejidos y los fluidos salados que ya empezaba a degustar. Me hizo detener en seco.

- Parate y arreglate que viene alguien Ajustó las tiritas de la tanga, se puso una remera que había en la cocina y se levantó.
- Hola, que hashé pibe.
Me quedé con la boca abierta resultado de una mezcla de excitación, temor y ansiedad.

- Hol...

- Que hacés tan temprano?
- Vengo a buscar unas cosas y a llamar por teléfono. Escuché sus pasos subiendo las escaleras cuando la Teresa volvió a sentarse y dijo:
- Dale, seguí que estábamos en la mejor parte, dale.

- Pero está su marido.

- Dale, dale, que yo me quedo escuchando a ver si viene Como pude le corrí la tanga y volví a chupar, aunque no podía concentrarme y tampoco lo estaba disfrutando tanto como antes.
- Dale, que va a tardar un rato, relajate que yo te aviso.
Me resultaba un poco difícil con el marido ahí, pero fui tomando ritmo cuando sus jadeos censurados se hicieron mas constantes y sus flujos entraban en diminutos lagos por mi boca. Completamente extasiado chupaba desesperado aquel salitre femenino que me embriagaba cuando desde muy lejos escucho:
- Teresa?
- QUEEEEE? Dijo en un grito de fastidio y tensión Me paré en seco. Ella presionó con sus manos en mi cabeza para que no dejara de chuparla y la pija se me disparó al tiempo que me iba dando cuenta de una situación en un principio incómoda y que ahora me excitaba cada vez mas.

- No viste las boletas de Marinucci que dejé arriba de la mesita de luz?
- Las puse en el último cajón de la cómoda grande. Vos seguí, sin parar Y al ratito:
- No, ya me fijé ahí y no están. Donde mierda las pusiste?
- Fijate entonces, eh, seguí, seguí que acabo, ay, eh, en la otra mesita de luz.

- Ya las encontré.

- Si, si,si, sacame toda la leche, chupame toda que tengo una calentura del infierno, chupá, mas fuerte, dale Llevó mis manos a sus tetas que masajeamos de a dos, apretándoselas y revolviendo la lengua en su concha caliente y cargadísima cuando sentí su cuerpo crisparse, entumeciéndose al tiempo que ahora mas jugos se disolvían en mi boca. seguí chupando, pues ella no me dejaba moverme, atrapada mi cabeza entre sus piernas, hasta que la cascada de espasmos y jugos dejó de caer. Laxó su cuerpo y me besó en la boca, pasando la lengua por mi cara mojada, limpiando aquella delicia que todavía tenía ganas de seguir mamando. Se acomodó la tanga y mientras me peinaba el pelo revuelto con sus dedos dijo: eso estuvo muy bien, a ver cuando repetimos. Lavate la cara que estás colorado como un tomate. Yo seguía febrilmente empalmado y con sus palabras no hacía mas que incentivarme a lo loco. Seguís con problemas.... andá al baño y hacé lo que tengas que hacer que Jorgito ya debe estar por venir.
Todavía paladeaba el sabor de su dulce en mi boca, pasé la lengua por la palma de la mano para llenarla de ese olor embriagante y me hice una paja descomunal sentado en el inodoro. Dejé todo como lo había encontrado y salí del baño completamente vestido.

- Ah, pibe, que estás haciendo vos acá?
- Está esperando a Jorge.

- Ah, bueno, me voy, chau..... ahí lo tenés al Jorgito ya hecho todo un machito, jajajaja Al que menos quería ver era a Jorge.

- Hola, dijo Jorge
- Que hacés?
- Bien.
Yo estaba medio atontando e incómodo.

- Por qué tenés esa cara de pelotudo?, dijo Jorge mientras la Teresa lavaba platos.

- Me... me... me siento medio mal Con voz socarrona escuché a la Teresa diciendo:
- Tal vez se sienta medio débil. Hoy parece que tuvo un día agitado. No tendrás fiebre no? Me miró parada detrás de Jorge con una sonrisa un tanto perversa.

- Si, si, creo que me voy a casa.

- Uy, bolú, justo que te iba a contar que descubrí en lo de Pancho una bici buenísima.... bla, bla, bla.
Estaba completamente en blanco y miraba a la Teresa que movía el culo a propósito mientras fregaba los platos. Pegué la vuelta cerrada con Jorge y su cotorreo pisándome los talones hasta llegar a la puerta.

- Chau, loco, después hablamos que me siento para el orto
- Que mierda te pasa? Pasaron los días, pajeándome cada día y todos las veces que pudiera pensando en el olor y el sabor de la Teresa hasta que el jueves recibo un llamado telefónico:
- Juan, teléfono
- Quién es?
- No se, una mujer Corrí al teléfono
- Hola
- Hola, Jorgito está por salir para su clases de matemática y estoy solita en casa. No querés venir a tomar mate?
- Siiiii, dije completamente sacado
- Te espero pichón.
La verga se irguió en un santiamén. Me acicalé un poco y salí de casa dando pasos cortitos y rápidos hasta llegar a lo de la Teresa. Cuando toqué el timbre, temblando como una hoja, estaba excitado por la caminata y por la verga que febrilmente crecía dentro de mis pantalones. Estaba esperándome detrás de la puerta de entrada, con su bikini blanca haciendo escapar su torneada figura y como dos chicos, tomados de la mano, fuimos corriendo hasta su habitación. La empujé sobre la cama y prácticamente le arranqué la bikini.
- Si, así, un macho bien caliente, eso es lo que quiero. Metémela ahora, no me hagas esperar, pendejo, decía a los gritos.
Sus palabras me llevaron a desearla sin control; le abrí las piernas violentamente y se quejó cuando metí mi verga hasta el fondo. Sentí la pija recubierta por una cierta aspereza, la piel atorándose pero luchando por abrirse camino dentro de aquella vagina escasamente lubricada. La sensación fue tan brutalmente placentera que bombeé dentro de ella tres o cuatro veces y acabé cuando la Teresa, agarrada a mis glúteos, me metía aun mas adentro de ella con un fuerte empujón. Siguió empujándome hacia ella con sus manos en mis glúteos mientras le busqué la boca para invadirla con mi humedad. Encontré su lengua dispuesta a un juego loco, en una lucha de cada vez mayor profundidad e intensidad. Mientras ella empujaba sentía erguirme cada vez mas con mi boca en sus pezones rojos como frutillas, encendiéndose instantáneamente al contacto. Las puntas eran rocas erguidas de una tersura perfecta que lamí y chupé hasta que sus jadeos y mi creciente bombeo fueron en progreso. Un estremecimiento me recorrió la espina dorsal cuando a mi empuje ya frenético la Teresa me apretaba los glúteos clavándome casi las uñas sin dejar de empujarme, arqueando su cuerpo maduro y perfecto, llevándome a un estado en el que solo sentía su carne caliente envolviéndome por completo, ya saliéndome de mi, mi cara enterrada en sus tetas, descargándome ella a mi con sus movimientos.
Saqué mi verga de la carne caliente que tanto placer me había dado y fui a lamer su concha jugosa, mezcla de sus fluidos con mi semen, olores penetrantes me inundaban el cerebro excitado manifestándose en mi verga que empezaba otra vez a ensancharse. Chupé los restos de la leche con miel que llegaba hasta su culo, abriendo esos cachetes que tan bien sabía mover, para lamer y juguetear con mi lengua y mis dedos en su anito marrón. De improviso me puso de espaldas y se sentó encima mío. La imagen de su culo tan cercana a mi verga me resultó exquisita y ella misma fue acomodándose para penetrarse con mi camión. Metió la cabeza, sintiendo su culo ensancharse en una estrechez que me apretó la verga, con una impaciencia que me excitaba al mango; y ella volviendo a dejarme entrar un poco mas, con la visión de mi verga perdiéndose en su culo, con la mitad ya enterrada, penetrándolo, hasta que no aguanté mas y subí mis caderas para metérsela toda, desesperado, con ganas de sentirla y verla completamente metida en su culo. Ella gritó de dolor y placer ante la sorpresa.

- Hijo de putaa, haceme gozaarrr.
Sus palabras, la visión y los jadeos que cada vez mas me taladraban el cerebro me llevaron a bombear mas rápido, mirando mi verga entrar y salir velozmente dentro de aquel agujero.

 

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