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Vacaciones especiales

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

El chalet lo habíamos alquilado entre las dos familias con el fin de que saliesen mas baratas las vacaciones.


Claro que aquello redundaría simplemente en disminución de intimidad y aumento de incomodidades, pero yo en el fondo me alegraba mucho al pensar que de esta forma tendría la ocasión de ver de cerca de Paca, la hermana de la amiga de mi madre.


Esta Paca era una mujer bandera, con todo lo que eso significa, sencillamente era la mujer mas hermosa que yo conocía.


Se daba el caso de que yo la trataba como tía y ella a mi como sobrino, dada la gran amistad que unía a nuestras familias. Desde mi mas tierna infancia me tenía subyugado por su fragante hermosura y por la simpatía que derrochaba con todo aquel a quien conocía. Tendría, a ojo de buen cubero, unos cuarenta años. Era casi tan alta como yo, simpática y amable, siempre con una sonrisa en sus labios. Su melena castaña le llegaba hasta mas debajo de los hombros, casi hasta el nacimiento de los pechos, unos monumentos de la naturaleza, puestos en su sitio por alguien que sabía lo que se hacía. Los tenía hermosos, mas bien tirando a grandes pero sin exageración, además su esbelta figura hacía que pareciesen armónicos con el resto del cuerpo, una cintura estrecha y un trasero prominente y sugestivo, como una manzanita redonda .


Cuando llegamos con los coches delante de la casa, todo fueron gritos y carreras como si nos fuese la vida en terminar enseguida, por supuesto fui yo el peor parado, pues todos se creían con derecho para mandarme a mi, que era el mas joven, a hacer todas las cosas que a ellos no les apetecía. Bueno todos a excepción de Paca que me trataba con una deferencia muy reconfortante.


Cuando todo estuvo dentro y ordenado, se distribuyeron las habitaciones. Para mi suerte, mi cuarto era contiguo al de Paca, y mas aún, compartía con ella un balcón corrido que comunicaba ambos por la parte exterior.


Salimos a pasear los seis, mis padres, sus amigos, Paca y yo. Todos marchaban hablando de sus cosas, las cuales me las traían al fresco. Me fui retrasando unos pocos metros del grupo, lo cual me daba la inestimable oportunidad de apreciar desde cierta distancia el cuerpo de Paca. Era espléndido y se movía con tal cadencia que daba la impresión como si un son, oído solamente por ella sonase para acompasar su ritmo.


Paca volvió la cabeza y me miró sonriente, al verme solo, me hizo un gesto para que me acercase, yo inicié un movimiento de negación con la cabeza, se detuvo y permitió de esa forma que yo llegase a su altura.


"¿Que pasa Pedrito, te aburres ya para el primer día?" Ella siempre me llamaba con mi nombre en diminutivo


"No, si es que vais hablando de asuntos que a mi no me interesan y ya ves, yo prefiero mirar otras cosas."


Sonrió picaronamente, pues cuando se había vuelto había sorprendido mi mirada fija en ella.


"Claro, somos todos demasiado mayores para ti, tendremos que buscarte alguna compañía."


Que va, no es eso" , contesté rápidamente. "Es que no quería estorbar."


"Que dices? Ya sabes que tu nunca sobras, al menos para mi, siempre es agradable contemplar a un guapo muchacho. ¿Cuantos años tienes?"


Yo carraspeé mi tos nerviosa para aclararme la garganta y contesté: " Este Verano cumplo ya 18, seré mayor de edad."


"¿Este Verano? Entonces habrá que celebrarlo como Dios manda. ¿Mayor de edad eh? Que edad mas buena, chiquillo, aprovecha ahora, que el tiempo pasa sin sentir."


"No para ti," contesté yo, mirándole a los ojos.


"Mira Pedrito, que adulador, parece que sabes como tratar a las mujeres, pillín."


Los que marchaban delante se desviaron a la izquierda y en la puerta de un restaurante se detuvieron a esperarnos.


Pasamos y cenamos sin prisa, durante la cena mis ojos se encontraron varias veces con los de Paca , la cual siempre sonreía con picardía.


Como todos estábamos cansados por el viaje, decidimos retirarnos a casa para descansar y así estar dispuestos para disfrutar al día siguiente. Eso fue lo que hicimos.


Tras el consiguiente embrollo en los baños, solucionado por la decisión salomónica de mi madre, de que los hombres a uno y las mujeres a otro, todos nos fuimos a nuestros respectivos dormitorios y los ruidos se fueron apagando por si mismos.


Yo no paraba de imaginar a Paca, en su proximidad, su cuerpo, con sus pechos surgiendo libres y trémulos de su sostén, y a ella mirándose en el espejo y acariciándoselos con sus blancas y largas manos. Solamente de pensarlo empecé a sentirme excitado, mi mano bajo a mi entrepierna y allí estaba la demostración de lo dicho, mi virilidad estaba a medio camino de la erección, la agarré y la retorcí un poco sintiendo un dolorcillo delicioso. Me desnudé, me puse el pantalón de un pijama corto y después de apagar la luz salí al balcón tan sigiloso como un fantasma. Me apoyé en la baranda y contemplé el mar en la lejanía. No me atrevía a mirar para atrás por miedo a descubrir lo que mas quería encontrar. Con la mano dentro de mi pantaloncito fui masajeando mi miembro ya totalmente erecto.


Por debajo del brazo miré a la habitación de Paca donde la luz se filtraba a través de las cortinas. Me acerqué y por la abertura que quedaba entre los dos tupidos cortinajes vi el tan ansiado e inolvidable espectáculo.


Justamente como yo la había imaginado, estaba Paca delante del espejo pasándose las manos por los pechos; la crema blanca que ella extendía sobre ellos los hacía aún mas excitantes. Sus manos bajaban desde su garganta hasta su cintura deteniéndose parsimoniosamente en los pezones a los que daba suaves pellizquitos con las puntas de sus dedos, de tal forma que se le estaban poniendo en punta y daban la impresión de estar endureciéndose considerablemente.


Yo estaba frenético, no sabía donde poner mis manos, ni mis pies, lo que era cierto es que mis ojos no podían despegarse de la visión. Por fin dio por terminada su sesión de masaje corporal, sacó una prenda de color rosáceo y semi transparente y se colocó con movimientos cadenciosos, ajustándolo a su cuerpo perfecto, haciendo mas atractiva, si es posible, la visión. Dio un paso hacia la cama y cuando llegaba a ella pareció pensarlo mejor, apagó la luz y se encaminó al balcón. Yo no sabía que hacer, si intentaba marcharme, me vería sin duda, si me quedaba, pensaría que le había estado espiando y quizás se sintiese ofendida.


Decidí quedarme al amparo de la penumbra. Solamente llegaba la tenue luz de la luna colgada en el cielo, y el reflejo de una farola lejana. Desde mi posición la vi llegar como una aparición, etérea, vaporosa, sin definir en sus límites, como un hada de cuento infantil. Se me hizo un nudo en la garganta mientras en mi interior algo como un puño cerrado estrujaba todo mi ser, haciendo difícil incluso respirar. Un aroma mezcla de cremas, perfume, y olor corporal llegó a mi fino olfato, haciendo que el puño de mi interior se apretase en mis entrañas. No pudiendo aguantar la tensión carraspee débilmente para aclarar mi garganta. Inmediatamente ella se volvió hacia mi.


" ¡Dios mío, que susto me has dado! ¿Eres tu Pedrito?"


"Si, soy yo, no temas, estaba mirando como se refleja la luna en el mar."


"Pues chico, vaya. ¿ Eres romántico? " Sin dejarme contestar siguió hablando casi en un susurro. "La verdad es que la noche está como para sentirse romántica, la temperatura es buena, la brisa marina trae aromas de lugares exóticos, y como si fuera un farolillo japonés, la luna colgando arriba como alumbrando al amor. En una noche así una podría enamorarse fácilmente si a su lado estuviese el hombre adecuado. ¿No te parece?"


No me explico de donde saqué valor para contestar, pero el caso es que lo hice.


"Si solamente necesitas a alguien al lado para sentir el amor, aquí me tienes a mi............. si te sirvo........."


"!Pedrito!. Oye ya veo que te estas haciendo mayor, y yo pensando siempre en ti como en un bebe. Si, te has hecho todo un hombre y además muy guapo." Hablaba con una voz un poco ronca, mientras su mano se adelantó hacia mi y con suavidad acaricio mi pelo. "Vaya que si."


Di gracias a la noche que impediría se me viese el rubor que yo sentía ascender por mi rostro. Levanté mi mano hacia mi cabeza y llegué a tiempo de coger la suya que todavía permanecía como enredada en mi pelo. La sujeté suavemente y la fui bajando hasta llevarla a la altura de mi boca, entreabrí mis labios y deposité un beso suave en la punta de sus dedos.


"Que tierno eres Pedro, pero me da la impresión que eres mas sabio de lo que corresponde a tu edad. ¿Dijiste 18? ¡Que maravilla¡"


Por primera vez me llamaba Pedro, y eso me llenó de satisfacción.


Su mano descendió lentamente por mi cuello llegando hasta mi pecho; con un movimiento circular lo acarició tiernamente. Yo no sabía como corresponderle, así es que puse mis dos manos sobre sus hombros y la atraje hacia mi, ella se dejo llevar poniendo su cara a la altura de la mía.
Como sin proponérnoslo y sin precipitación, nuestras bocas se buscaron. Estaban donde debían estar y naturalmente se encontraron. Fue un beso largo, apretado por mi inexperiencia y ahuecado por su conocimiento. Lo que empezó siendo un simple contacto, terminó siendo una apasionada succión y un amasijo de lenguas y labios envueltos en mezclados y deliciosos jugos.


"¡Pedro!" dijo Paca con la respiración entrecortada. "Muchacho, eres un volcán, un volcán en erupción. Me has dejado sin aliento, Vaya pasión."


Después de mirarme de cerca, se abrazó a mi con sus manos en mi espalda atrayéndome con fuerza hacia ella. Su hermosa delantera se aplastó contra mi pecho a través de la suave gasa de su salto de cama. Mis manos se deslizaron como si tuviesen vida propia a lo largo de su cuerpo, pase por el culito redondo y duro, subiéndolo un poco con mi presión y apretando su parte delantera contra mi órgano viril que estaba ya en posición firmes. Yo temía que ella pudiese retroceder al notarlo, pero hizo lo contrario, se acercó tanto que ni el aire podía pasar entre ambos, hizo palanca con una de sus piernas y la introdujo entre las mías. Sentí su sexo como una oleada caliente contra mi cuerpo. La dureza de mi miembro comenzó a dolerme, pareciendo que cobraba vida propia. Ella supo lo que me estaba ocurriendo al notar mi prominencia, y se restregó contra mi con movimientos ondulantes, los cuales me llevaban como movido por las olas.


Mis manos continuaron su exploración, subí hacia arriba, llegando a su cintura en la que me entretuve solamente lo imprescindible, ya que mi objetivo final eran esos hermosos pechos que yo había visto cuando ella se los acicalaba ante el espejo y con los que yo siempre había soñado. Lo que hasta ese día me habían parecido montañas inalcanzables, se convirtieron como por arte de magia en ondulados cerros asequibles. Mis manos se perdieron entre ellos, los toqué por arriba, por en medio, por abajo, los pezones parecían llamarme insistentemente, no pude resistirme y los pellizqué despacio, Paca me tomo por la cabeza y apretó despacio sobre ella haciéndola descender hasta que mi boca quedó a la altura adecuada, ella subió su camisoncito y mis labios se abrieron, para recibir la fruta mas jugosa que yo había paladeado en mi vida. Pase de uno al otro y del otro al uno sin cadencia ni ritmo, pero incansablemente, mientras ella jadeaba con su cabeza sobre la mía y las manos apretando de mi parte trasera para tenerme mas cerca.


Cuando sentí que me faltaba el aliento y la respiración se me hizo difícil y entrecortada, saqué la cabeza como el submarinista que busca aire para salvar su vida tras una larga inmersión. Jadeaba con tal fuerza que Paca se retiró hacia atrás diciéndome al oído:


"Despacio cariño, despacito que no hay prisa, tomate tu tiempo y deja que yo tome el mío. Anda ven."


Me llevo de la mano como a un colegial obediente, pasamos la gruesa cortina del balcón y nos encontramos a los pies de la cama, entonces ella encendió la lamparilla de noche y nos vimos por primera vez, tenía el pequeño camisón sostenido por sus dos monumentales pechos que quedaban al aire como si fueran los de las figuras de la proa de un galeón. Por mi parte yo lucía mi vástago a medio salir por la cintura de mi pijama.


Nos sentamos en la cama y volvimos a besarnos, ya con la respiración normalizada, todo volvía a empezar. Le quité la poca ropa que llevaba y ella hizo lo mismo conmigo, quedando los dos como cuando vinimos al mundo pero con nuestros cuerpos latiendo de deseo.


La empuje con mis manos hacia atrás y fui en pos de ella, una de sus manos se fue directamente a mi entrepierna cogió mi falo turgente y lo acarició con sumo cariño.


"Verdaderamente que eres mayor de edad, niño mío, pero que muy mayor. Anda ven que hoy celebraremos esto como hay que hacerlo , deja que tía Paca te de la alternativa, matador."


Bajo su cabeza y con la boca abierta me humedeció, luego fue chupando e introduciendo dentro de su boca a la vez que succionaba, pasaba repetidamente su lengua por mi glande, yo subía y bajaba de forma inconsciente, esto no podía durar, tanto placer yo no lo había sentido nunca, ni creía que pudiese volver a sentirlo, me dolían los testículos como si los tuviera cazados por un gran peso.


Repentinamente y casi sin esperarlo, me llegó el orgasmo, la eyaculación fue como un grifo, Paca puso mi miembro entre sus pechos y fue masajeándolo con fuerza. Yo me contraía como un poseso sintiéndome arrastrado por el placer.


No se el tiempo que duró, pareció ser eterno, al final sintiéndome desfallecer caí exhausto sobre la cama. Paca se quedo mirando desde arriba, todo su pecho estaba atravesado por unos chorretones blancos que le llegaban hasta la barbilla. Una sonrisa brillaba en su boca, se le veía contenta y satisfecha.
"¿Que tal Pedro, como te encuentras? Parece que tenías una buena reserva guardada para mi, mira como me has puesto. Espera un poquito mi amor, voy a limpiarme y vuelvo, ahora vamos a disfrutar los dos."


Salió y al momento volvió limpia, sonriente y con una toallita en sus manos.


"Ven déjame que te limpie también a ti. Que hermoso eres, pareces un dios griego."


Se vino hacia mi y comenzó a acariciarme de nuevo, yo estaba empezando a recuperarme, fui con mi mano hacia las estribaciones de su monte de venus, lo acaricié por encima, tenía un pelo sedoso y suave; fue abriendo las piernas invitándome a explorar, pase un dedo por su hendidura y la encontré húmeda y caliente, lo metí dentro y sentí como si todo su cuerpo se concentrase en ese punto, lo abrí y metí otro dedo, fui masajeándole la parte interior, descubriendo lugares remotos y desconocidos para mi. Descubrí su clítoris, diminuto y duro, noté que se estremecía mas y mas al frotarlo y me dedique a el con ahínco.


Mientras tanto ella manoseaba mi miembro que volvía a endurecerse y a aumentar de volumen, lo hacia despacito, mientras me besaba el cuello y me mordisqueaba la oreja , yo también lo hice sin dejar en paz mi mano dentro de ella.


¡Que bien! ¡Que maravilla ¡ Nunca lo hubiese pensado. Nunca pensé que se podía llegar a este estado de nirvana.


Cuando Paca empezó a jadear yo aceleré mi mano, entonces ella me dijo:


"Sube, Pedro, sube por favor, hazme tuya cariño, no tardes."


Me puse encima y ella que no había soltado su presa, la dirigió directamente hacia su cavidad.


"Despacio amor, hazme gozar."


Yo fui entrando lentamente pero con seguridad, aquello era delicioso, navegaba ahora por donde mis dedos habían abierto camino y la sensación táctil era tal que parecía reconocer cada rincón y cada cresta. Me fui animando, cada vez llegaba a lugares mas ocultos, hasta donde no había llegado anteriormente, al fin estuve totalmente dentro de ella, nuestros movimientos se acoplaron, oíamos la misma música y a los acordes de los timbales sufrimos las primeras convulsiones, primero el allegro, el pichicato y por fin la apoteosis final. Violines ,trompas, tambores, viento y cuerda, todo llegó a la vez y todo respondía a la dirección de mi batuta. Me sentí maestro mientras tenía el mejor orgasmo que nunca he tenido ya en toda mi vida.


Mi tía Paca parecía ser presa de algún ataque de epilepsia, primero se quedó rígida y luego comenzó a temblar, apretándome sujetando mi cuerpo contra el suyo, mientras subía y bajaba su cuerpo a mi compás, susurrando palabras incomprensibles.


****


A la mañana siguiente vino mi madre a despertarme.


"Pedrito, Pedrito, arriba, estamos todos esperando para desayunar. Date prisa que nos vamos a la playa ahora mismo."


Bajé y entre en el saloncito, en efecto allí estaban todos con el desayuno medio consumido.


Me miraron sin verme, solamente Paca se quedó con los ojos fijos en los míos.


"¿ Que tal ‘Pedro’, has dormido bien? Parece que se te han pegado las sábanas."


"Hola , bien y tu ‘Paquita’ , ya ves, parece que si que se me han pegado las sábanas, es que he tenido un sueño maravilloso."


"¡¡¡Ah!!! Ya me lo contarás." Dijo dándose cuenta de que por primera vez le había llamado Paquita.


Era el primer día de un Verano muy especial.

 

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