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Cuñada exhibicionista

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

El siguiente relato ocurrió una noche de septiembre de hace tres años, mi novia por aquellos entonces, Ana, tenía un hermano, Jorge, y este una novia, Rocío, los cuatro solíamos salir e ir a todos lados juntos. Por esa fecha, decidimos alquilar dos pisos en la playa, en El Portil, era el final de la época estival y nos resultó más económico. Cogimos dos apartamentos juntos, pared con pared, nuestras terrazas estaban unidas. Yo estaba de vacaciones ese mes, mi novia y su hermano trabajaban en la empresa familiar, e iban y venían a Huelva, Rocío no trabajaba, era estudiante. Un viernes, mi novia me llamó para decirme que iban a llegar tarde, ella y su hermano, pues por razones de trabajo tenían que ir a Sevilla, y que después ya cenarían allí, que pensaba que en el El Portil estaría sobre las dos de la madrugada. Cuando colgué era la once de la noche, fui a casa de Roció y cenamos juntos, viendo la televisión, hasta que a las doce y media me fui a mi apartamento. Así me dispuse a esperar a Ana, no sabía que hacer, estaba aburrido, en la televisión no había nada.
Mientras esperaba a que llegara la hora, me asomé a la terraza. Observé un rato el cielo, la plaza de la calle, y finalmente la terraza de Rocío a ver si estaba y conversábamos un poco, pero no había nadie allí, me asomé al muro a ver si la veía y pude ver aparte de su terraza, parte del salón, se observaba luz en el salón, pero no había nadie, así que cogí el teléfono inalámbrico y llamé por teléfono, sonaba cerca, pensé que el teléfono lo tenía en la terraza y volví a mirar, el inalámbrico estaba, pero ella no lo cogía, hasta que mi posible futura cuñada salió en ese momento, me quedé sorprendido, llevaba una camiseta de tirantes blanca que no llegaba a cubrir las braguitas también blanca, estaba muy bien, con su pelo castaño recogido, su cara no muy guapa pero si morbosa, su medianos pechos marcados en la camiseta, con su esbelta figura, con su mediana estatura, y su culito respingón dentro de sus braguitas.
Di un salto hacia atrás, pues temí que me hubiese visto asomado, Rocío me contestó dulcemente, con un dígame que entrecortó mi respiración, me metí para el salón y le dije que era yo, le pregunté si sabía cuando volverían, y me dijo que sobre las dos, que estaban en Sevilla, después le pregunté si tenía alguna peli para dejarme, y ella me dijo que no tenía nada, que pensaba ver la tele, me dio vergüenza decirle que viésemos la tele juntos, así que colgué.
Nada más terminar de hablar, el recuerdo de la visión en braguitas de mi cuñada era mi único pensamiento, hasta que pasado un rato decidí volver a mirar, asomé la cabeza por el muro con un poco de temor por si estuviera en la terraza, pero observé que estaba sentada en el sofá mirando la tele mientras comía frutos secos, seguía en braguitas y con la camiseta que dejaba ver sus tetas sin el sujetador y con unos pezones que pinchaban la tela, como queriendo traspasarla. Estuvo un rato así, hasta que se levantó y se fue al cuarto, al momento volvió con una cinta, la metió en el video y la puso a rebobinar, mientras fue a la cocina y trajo una fuente con fresas, se comió algunas y le dio al play al mando, posteriormente se dejó caer en el sofá, se tendió con la cabeza apoyada en el cojín, aquello era muy erótico. La película tardaba en entrar en acción, los prolegómenos se hacían muy largos, Rocío abrió las piernas un poco más, las braguitas habían cogido la forma de los labios mayores. Al momento empezó la acción, una chica negra le chupaba la polla a un tío, mi cuñada no tardó mucho en actuar, se llevó una mano a sus braguitas y los dedos se introdujeron debajo, un rato estuvo arrascándose, como si le picase, hasta que pasó a frotarse insistentemente, mi cuñada se estaba masturbado delante de mí. Empezó con suavidad, los dedos se veían a través de la tela de las bragas, se notaba como acariciaba su raja, su clítoris, en esos momentos mi polla parecía que iba a estallar, yo la animaba mentalmente, le decía que siguiera, que estaba muy bien lo que hacía, mientras me bajé los pantalones y mi mano buscó mi verga empalmada y la deslicé por ella.
Minutos después, Rocío paró, sacó la mano de las braguitas y temí que hubiera terminado su masturbación, pero para mi satisfacción levantó un poco el cuerpo, se quitó las braguitas y me dejó ver toda la hermosura de su coñito en el que resaltaba una fina línea vertical de vello moreno, tenía los labios mayores bien afeitados, y los menores muy enrojecidos, con su clítoris resaltando encima. Se abrió de piernas y la mano de mi cuñada, se empezó a mover con más rapidez, su culo se movía en círculos, su cuerpo se levantaba de vez en cuando, su mano se ocultaba apretada por las piernas. Al rato, Rocío con una mano buscó algo, mientras aumenté la velocidad de mi masturbación hasta que mi cuñada encontró lo que buscaba en la fuente de fresas, debajo de estas había un pepino grande, se lo llevó a la boca y lo chupó como quien saborea un refrescante helado, así durante unos minutos, hasta que separó lo más posible las piernas y lentamente se fue introduciendo aquel pepino en la vagina, le entró casi entero, el coño de Rocío se lo tragaba placenteramente, ella suspiraba y se dedicaba a su órgano con las dos manos, una en el clítoris y la otra metiéndose y sacándose el pepino el cual lo introducía con gran agilidad.
De repente miró hacía donde yo estaba, le era imposible verme pues su terraza estaba oscura, muy oscura, al menos eso pensaba yo. Ella continuó, y echaba frecuentemente miradas hacia la terraza, como mirando si alguien la observaba. Su sobeo al clítoris cada vez era más rápido, y el pepino entraba y salía a gran velocidad, hasta que le vino un prolongado orgasmo, no la escuchaba gemir, pero tenía cara de placer, de lujuria, de disfrute. No pude aguantar más y derramé mi leche en el suelo de gres de la terraza. Cuando terminé, volví a coger la posición de espía, ella permanecía tumbada en el sofá, descansando unos instantes, a continuación volvió a mirar hacia donde yo estaba, cogió las bragas, limpió con ella el pepino y cada cobijo de su coño. Más tarde salió a la terraza, yo me oculté rápidamente tras la pared. No tardó mucho en empezar a llamarme por mi nombre, no le contestaba, entonces Rocío se asomó a mi terraza, me vio con los pantalones bajados, sonrió al observarme y después me lanzó sus braguitas, me dijo que las oliera, cosa que hice, olían a sus fluidos, a su coñito, posteriormente me preguntó si me había corrido, no le pude mentir y le contesté que sí, entonces Rocío me pidió que limpiara los restos de mi semen con sus braguitas y se las devolviese, dicho y hecho, limpié todo el semen del suelo y le di sus bragas empapadas, ella las cogió y se fue. No me atreví a mirar su terraza porque ella estaba allí, pero minutos después llegó Jorge, sentí como ella entró en el salón, volví a asomarme, él la besó, se pusieron a hablar, él de espalda a mí, no se extrañaba que su esposa estuviera con las bragas en las manos. Al rato se fueron a acostar, desaparecieron, no sin antes mi cuñada darme el último placer de la noche, ya que se levantó la camisa cuando iba al dormitorio para enseñarme en su plenitud su culito respingón. Momentos después llegó mi novia, estuvimos hablando un rato y nos acostamos.

 

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