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Mi vecina me espiaba

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Os voy a contar lo que me ocurrió un sábado que mi esposa no estaba en casa, ya que se había ido a trabajar temprano, y yo, que no trabajo los fines de semana, me había quedado en la cama. En primer lugar, os diré que tengo la costumbre de dormir desnudo, ya que me parece enormemente cómodo, pues el pijama se te acaba girando y resulta bastante molesto.

Pues bien, me desperté mas o menos a las 10, y me dirigí a la cocina, a prepararme un café. Lógicamente iba desnudo, pues ambos no solíamos recatarnos demasiado en casa y nos gusta estar así.

La cocina da a la terraza de casa, y esta a su vez está frente a otras terrazas y ventanas de los edificios de enfrente, ya que es una mancomunidad cerrada, y aunque no están demasiado próximas, se pueden ver con bastante facilidad desde los edificios de enfrente.

Mi esposa dado que era verano, al irse, se había dejado abierta la puerta de la cocina que da a la terraza, y al llegar yo a ella con el ánimo de preparar el café, la dejé como estaba, ya que no parecía que hubiera nadie en las ventanas de enfrente.

Me puse a tomar el café, lo que suelo hacer con cierta parsimonia, ya que estoy todavía medio dormido, y me gusta tomármelo con calma. Cuando había empezado a tomar los primeros sorbos, me di cuenta por el rabillo del ojo, que en la ventana de enfrente, y al otro lado de los visillos, estaba la vecina mirándome sin despegar los ojos de mí. Esto, en principio me sobresaltó ligeramente, pero permanecí en mi sitio y seguí bebiendo, ya que me pareció una situación verdaderamente excitante, notando cómo empezaba una ligera erección, que pude controlar para que no se diera cuenta que yo me había percatado de su presencia.

Dado que ella seguía allí, y me gustaba la sensación que yo experimentaba, sobre todo al pensar que antes de yo darme cuenta me habría estado viendo sin que yo me percatara y sin saber cuánto tiempo, me volví ligeramente de frente para que me observara a placer, sin mirar en ningún momento hacia su ventana, ya que no me interesaba que se diera cuenta que yo sabía que estaba allí, y seguí trajinando por la cocina todavía un buen rato, moviéndome por ella mientras me preparaba el resto del desayuno.

Transcurrido un buen rato, para no “quemar” ese primer contacto, con la pretensión de que pudiera haber otros en otras ocasiones, me metí para dentro y ya no volví a salir. Pude observar no obstante, cómo permanecía un rato mas por si yo volvía a la cocina.

Ni que decir tiene, como podréis comprender, que dada la excitación del momento, una vez dentro tuve que masturbarme para bajar esta.

Esto se repitió en otras ocasiones, pero traté de que no se hiciera costumbre, pues prefería que siendo esporádico, fuera mas esperado por ambas partes, y dejar siempre abierto el morbo de si cada sábado habría repetición o no.

 

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