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Noemi y su vecino

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Hola me llamo Noemí, tengo 19 años y voy a contaros una experiencia que tuve estas vacaciones de Semana Santa. Durante este pequeño lapsus, antes del verano, he podido disfrutar del sol, ha hecho muy buen tiempo y he podido ir a la playa ha broncearme pero también lo he podido hacer en mi casa. Me gusta mucho tomar el sol en el jardín, allí puedo tomar el sol tranquilamente, sin que nadie me moleste. Me pongo mi bikini preferido, uno que me compró mi novio, no me lo suelo poner en la playa de mi pueblo por que es muy provocador, es un tanga de color negro muy pequeño y cubre lo mínimo y despertaría demasiada expectación en un sitio demasiado conocido. Pero si no hay nadie en casa paso del bikini y me tumbo completamente desnuda al sol, me encanta sentir que todo mi cuerpo expuesto al calor del sol. De vez en cuando me levanto y me doy un chapuzón en la piscina así me refresco el cuerpo para seguir bronceándome.

Un día, mientras disfrutaba de un sol magnífico, me fije en la casa del vecino. Pude observar una silueta en una ventana del último piso, eso me incomodó bastante pero no le di importancia ya que pensé que seria por culpa del calor, me levanté y me lance a la piscina. Mientras estaba bañándome una sensación extraña corría por mi cabeza, me sentía observada. Salí de la piscina y volví a tumbarme mirando hacia la ventana y nada, no havia nada ni nadie mirándome así que seguí sin ningún temor tomando el sol. Al día siguiente hizo un tiempo genial así que de buena mañana me puse mi súper bikini y me lancé a la caza del bronceado perfecto. Se estaba divinamente allí, tumbada en el césped, corría un airecillo fresco que apaciguaba el calor de mi cuerpo. Después de estar un buen rato de espaldas decidí levantarme y darme la vuelta. Se estaba muy bien allí, levante la cabeza y me fijé de nuevo en la última ventana de la casa del vecino y de nuevo pude observar esa silueta, me tumbe rápido esta vez pude ver quien me observaba, era el vecino, un hombre de unos cuarenta años, no havia hablado nunca con él pero si que me havia fijado más de una vez. Vivía con su mujer y sus dos hijos. Era alto, atractivo, de esos hombres de cuarenta años guapos con el cabello corto y negro, mirada directa y sensual, bien arreglado y siempre muy educado.
No supe que hacer, me quedé allí tumbada boca arriba, pasaron los minutos y seguía en la ventana y no se movía, me incomodaba, pero el hecho de que eso hombre me mirase me empezó a gustar. Era un hombre muy atractivo y el hecho de que me estuviese mirando mi cuerpo, casi desnudo, me daba cierto morbo. Empecé a imaginar que alo mejor estaba allí sentado, mirándome, gozando de mi cuerpo y masturbándose lentamente, observando cada centímetro de mí. Empecé a ponerme caliente y no por el sol. Cuando ya llegó la hora de comer me levante mire hacia la ventana y ya no havia nadie.
Estuve toda la comida pensando en el vecino, no podía dejar de pensar en él, masturbándose detrás del cristal, volviéndose loco por una niña de 19 años, sin poder tocarla simplemente mirarla. Me excitaba esa situación y decidí darle más. Sabía que esa misma tarde mis padres se marchaban a casa de unos amigos y que no vendrían hasta la noche, así que decidí portarme mal con el señor vecino.
Creo que escogí bien mis armas, mi bikini negro, aceite, mi consolador secreto y yo. Me dirigí fielmente frente a la ventana de mi vecinito, me tumbé y esperé a que su silueta se dibujara en el cristal. No tardó mucho, los dos sabíamos que estaríamos allí, el uno para el otro, en la distancia pero tan cerca como para darnos placer mutuamente. Estuve tumbada unos minutos, me lo imagine desnudo, con un cuerpo fuerte y varonil, acariciando su polla mirándome, mis pechos, mis piernas quemándose al sol. Esa sensación hizo que me quitara la parte de arriba del bikini, mis pechos quedaron a su merced. Lentamente empecé ha acariciarlos, notando que mis pezones empezaron a ponerse duros. No dejé de imaginarme sus manos acariciándose la polla, mirando las mías acariciando mis pechos, me excitaba lentamente. Abrí las piernas para que se perdiera entre mis muslos buscando mi sexo cada vez más húmedo. Cogí el aceite y empecé ha llenar mi cuerpo con él, dejándolo brillante y reluciente, el cuello, los pechos, bajando hasta mis piernas, los muslos. Era una sensación muy excitante, no dejaba de pensar en él, en su cuerpo, imaginaba una enorme polla, cada vez más dura, por culpa de una chiquilla traviesa y eso me gustaba.
Llegó la hora de quitarme el tanga, me lo quité lentamente para que pudiera creérselo mientras se deslizaba entre mis piernas llenas de aceite. Cogí de nuevo el bote de aceite y empecé otra vez ha acariciarme, esta vez mi coño, completamente mojado. Era una sensación inexplicable, sentía mis dedos deslizándose por mis labios. Tenía el clítoris durísimo y me lo acariciaba lentamente. Empecé a mover mi cintura al ritmo que acariciaba mi sexo, sentía sus ojos clavados en mi cuerpo y me volvía loca. Me humedecí los dedos de mi mano y lentamente los fui introduciendo, estaba caliente y mojada y entraron en mí rápidamente. Sin dejar de mover mi cintura empecé ha meterlos sin parar, me volvía loca, sentía como mi cuerpo cada vez se ponía más caliente y me volvía aún más loca el hecho de que mi vecino me estuviese mirando.
Allí estaba yo, desnuda por completo, llena de aceite masturbándome para mi vecino, era una sensación muy excitante y no quería parar, quería correrme para él. Cogí mi vibrador con mi otra mano, imagine que era su polla, caliente, dura y solo para mí; empecé a chuparla como una loca masturbándome a la vez. No dejaba de chuparla me la metía entera en la boca, quería que supiese que lo hacia por él. Imaginaba que latía dentro de mí y la lamía como una loca, me la metía entera, le chupaba la punta y me masturbaba sin parar. Decidí que esa polla tan dura y caliente me hiciese el amor, me lo merecía y él también. Cogí fuerte mi “juguete”, acaricie mis labios con él y me lo metí hasta el fondo, a la vez levante mi cintura ofreciéndole mi dulce cuerpo, pero no podía, solo sus ojos lo acercaban a mí.
Estaba tan cachonda que empecé a follarme esa polla sin parar, imaginaba su cuerpo sobre mí empujándome fuerte, no dejaba de gemir sintiéndola dentro de mí, me acariciaba el clítoris lentamente mientras me follaba sin parar. Paré y me puse a cuatro patas, poniendo mi precioso culo a su alcance, y seguí metiéndome la polla, cada vez más adentro, cada vez mas fuerte. Gimiendo y masturbándome seguí pensando en él haciendo lo mismo, volviéndose loco por un cuerpo que no puede ser suyo, estaba disfrutando de lo más y quise obsequiarnos con algo más. Empecé a acariciar mi ano, lentamente, con mis dedos bien húmedos empecé a darme placer por detrás, me gustaba esa sensación y sé que a él le gustaba mi culo, así que seguí metiendome más los dedos, mmmm, me encantaba tener mi culo ocupado y observado. Estaba tan cachonda que no me lo pensé dos veces y cogí mi polla y lentamente me la fui metiendo, poco a poco, asta llegar a metérmela entera, entonces seguí aumentando el ritmo, cada vez más rápido al igual que mi excitación mi culo pedía más, así que empecé a metérmela sin parar. Imaginaba su polla penetrándome por detrás, empujándome fuerte sin parar. Mis gemidos fueron a más, imaginaba su cuerpo detrás del mío follándome, envistiéndome. Estaba muy cachonda, con una mano me metía esa polla por mi culo y la otra acariciaba mi clítoris sin parar, nunca me había masturbado así, pero sabia que él estaba allí masturbándose también, y lo hacia para él, era como estar follando con él. Me volví panza arriba y volví a meterme el vibrador por el coño, era fantástico imaginar que era su polla, casi la notaba de verdad, sentí que el placer aumentaba cada vez más, sentía como un placer enorme invadía mi cuerpo y supe que era el momento de correrme, era una sensación muy caliente, cogí “mi polla” y la empecé a chupar, imagine que era su verga a punto de correrse en mi boca junto a mi. No dejé de masturbarme, de acariciar mi duro clítoris, y de comerle la polla, gemía y gemía, llegando al orgasmo, imaginando su enorme polla soltando su jugo sin parar, llenando mi boca de semen. Mis manos fueron apagándose lentamente asta detenerse, solté el vibrador y me quede allí, inmóvil, intentando percibir las sensaciones que havia sentido. Respiraba hondo y mire hacia la ventana, una de sus manos estaba apoyada en la ventana y vi como me miraba, él estaba en la misma situación que yo, intentando alcanzarme a través del cristal.

 

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