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Coger a lo perro

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Soy de Argentina, tengo cincuenta años, estoy divorciado y vivo feliz con una nueva pareja desde hace cuatro años, me gustan las mujeres y no entiendo bien el porque de mi inclinación hacia la zoofilia desde joven, me excita ver fotografías de humanos teniendo relaciones sexuales con animales, o ver un perro calenton con un buen pedazo entre las piernas, tuve inolvidables recuerdos con varios de ellos.

Mi primera vez, fue en el campo de un primo que yo sabia visitar, en las afuera de la ciudad donde vivo, yo era bastante solitario en esos días, si bien tenia amigos que aun conservo, con los cuales mantenía contactos solo esporádicos, prefería andar solo, por lo cual ellos no me hacían participar, cuando de salir con chicas se trataba, o a bailar, yo me aburría bastante en esas salidas ya que no tenia mucho éxito con las mujeres y nunca aprendí a bailar, además era un poco tímido, algo que supere pronto.

Mi placer era entonces, hacer largas salidas solitarias en mi moto por las montañas, en excursiones de caza o pesca y mis únicas experiencias sexuales hasta ese momento, se limitaban solo a prostitutas, lo cual no me satisfacía para nada, así que diariamente me masturbaba, costumbre que aun conservo, hasta que descubrí el placer de hacerlo metiendome algún objeto en el ano, a esto ultimo si lo deje de lado, porque ya no me place, pero jamás llego a excitarme la presencia cercana de un hombre, aunque estuviera desnudo y con la pija dura.

La relación con mis amigos entonces, se limitaba a salidas en motocicleta, a lo que soy aficionado, a presenciar carreras de moto-cross y con los cuales me veía solo para esas ocasiones, de hecho que nunca tuve con ninguno de ellos, ni con ninguna otra persona una relación gay, aunque he sentido si alguna curiosidad acerca de esto, sin llegar a concretarlo jamás, una vez tuve una propuesta de un hombre, a que accediera a prestarle el culo, pero no lo hice y no por miedo, sino que no me calentó la idea en ese momento.

Como sigo contando, en mis solitarias salidas al campo, me encontré con perros, eso traía a mi memoria a uno que conocí en la ciudad donde me crié, era la mascota de unos vecinos, un mestizo color dorado, bastante grande, el cual intento saltarme un día que lo acaricie, yo estaba parado y sin ninguna intención de nada, ya que no sabia que eso se podía hacer, pero el ver como sacaba una pija roja enorme me sorprendió. Luego en mi casa, me empezó a excitar la idea de que ese perro supiera bien lo que hacia, el animal vivía con unas mujeres de enfrente de mi casa y me calentaba la idea de que se las pudiera coger, pensando en eso me hice la paja muchas veces, era cuando recién estaba despertando en mi la sexualidad.

Varias veces intente hacer calentar algún perro para que me cogiera, porque me asaltaba la idea de ese perro que conocí y quería saber que se sentía tenerlo montado encima con su pija clavada hasta el fondo. Pero el perro tiene otros tiempos que el ser humano, el hace todo bastante rápido, especialmente los perros del campo, que supongo nunca tuvieron relaciones de este tipo con un Homo Sapiens, el enseguida saca el botón que tiene en el fondo y comienza a eyacular un esperma muy liviano que parece orín, que tampoco es tanta cantidad como en muchos relatos se mencionan.

La técnica que descubrí con mi primer perro en el campo de mi primo, fue ponerme en cuatro patas, para animarlo, desnudo y ayudarlo a subir, para hacerle entender a que estaba dispuesto a dejarme coger con el, entonces tomarle la verga con una mano y metermela adentro del culo directamente, aunque falle en mi primer intento, ya que por masturbarlo demasiado para calentarlo, había sacado el botón afuera y toda la fiesta había terminado para el, solo atino a quedarse quieto con la punta de su pene dentro de mí, eyacularme un poco por afuera, mientras yo me moría de deseos de ser cogido de verdad por el.

Pero al sábado siguiente fui a buscarlo, toda esa semana lo había tenido en mi mente, había mucha gente en la casa ese día, pero estaban todos muy ocupados en las tareas del campo, me saludaron cuando yo llegue y siguieron en sus quehaceres normales, sin reparar en mi presencia, como siempre hacían, ya que yo acostumbraba a salir con la escopeta por el campo en busca de alguna liebre, o perdiz. Mi primo tenia un ayudante, que vivía allí solo en la casa y el perro era su única compañía, aunque no creo de ninguna manera, que el hiciera nada parecido a lo que yo me disponía a hacer con su fiel mascota, ya que tuve que enseñarle mientras yo mismo aprendía.

Me dirigí hacia un galpón que se encontraba atrás de la casa, para dejar la moto en un lugar donde no molestara, cuando el motivo de mi presencia allí apareció, el animal que les cuento, se trataba de un perro de una talla media, de ninguna raza definida, del mismo color de aquel que había despertado mi curiosidad hacia algunos años ya, se puso loco de contento al verme y corrió a recibirme, empezó a mover el rabo y me empujaba con la cabeza queriéndome voltear, como diciendo terminemos lo que empezamos la semana pasada, yo estaba muy excitado también, sentía como la sangre me fluía por las venas, aquello que tanto había estado esperando, estaba a punto de suceder.

Inmediatamente me aleje de la casa hasta una arboleda lejana, donde difícilmente alguien se pudiera aparecer, por el camino iba soltándome en cinturón de mi jean y aflojando el nudo de los cordones de mis zapatillas para no perder el tiempo, con el perro siempre por detrás de mí. Cuando llegue a un claro, donde había una gramilla muy verde todavía, a pesar de que el otoño ya estaba próximo, lejos de donde nos pudieran ver, me detuve. El perro conocía el lugar, ya que hacia unos días habíamos estado ahí mismo, estaba muy ansioso por clavarme, había entendido lo que yo estaba dispuesto a hacer con el y no quería perder mas tiempo.

Penosamente pude desvestirme solo a medias, quedando desnudo de la cintura para abajo, en medio de sus empujones y no bien me puse en la posición como si yo fuera uno de su especie, o sea en cuatro patas, me salto en el acto. Sentí un pinchazo agudo de su pene un poco arriba de mi ano, intente sacarlo, para que no me la metiera sin lubricar mi agujero con saliva, sin saber de que el perro ya naturalmente la saca mojada y lista, tampoco hay que hacérsela parar cuando el tiene ganas, solo lo ayude guiándolo hasta la puerta de mi culo y ahí nomás me ensarto en forma violenta, sujetándome de la cintura con sus patas delanteras para que no me escapara y empujándome hacia atrás, mientras su verga crecía dentro de mi.

Todo fue muy rápido, me la puso a toda de una vez y hasta el fondo, me estuvo bombeado solo por un momento y su mayor interés era abrocharme, también el mío que lo hiciera claro, yo quería tener ese duro pedazo de carne dentro de mí y el quería inundarme con su leche.

Lo que había fantaseado tantas veces, estaba sucediendo y no lo podía creer, el quería meterla lo mas que pudiera, me daba la impresión que quería meterse todo dentro de mí, porque hasta llego a levantar una de sus patas trasera y la sentí en mi espalda, en su afán de empujar hasta donde mas no pudiera, luego se detuvo de pronto y sentí la presión de su botón estirándome el agujero, era un placer inmenso pase la mano por detrás intentando tocársela y solo pude palpar el forro de su piel, entonces le acaricie los huevos como gratitud, la tenia toda adentro como yo quería, solo sentía el liquido que me estaba inyectando poco a poco, intento darse vuelta para quedar culo con culo, pero como yo ya estaba de rodillas masturbándome, solo pudo desplazarse a un costado mío, totalmente enganchado, hasta que termine mi faena, acabe en forma grandiosa, mi esperma me mojo el vientre, el pecho y las piernas, era mucha la calentura.

Después de estar un rato ahí unidos, como no sabia cuanto tiempo duraría esta situación y me preocupaba que alguien viniera y nos encontrara así, intente sacármelo de encima pero era imposible, entonces en un arrebato de miedo, le puse una mano en la parte baja del vientre y lo empuje violentamente hacia atrás, sentí un fuerte dolor y sonó como si destapara una botella de vino que tiene el corcho demasiado a presión, inmediatamente se empezó a derramar entre mis piernas la leche que tenia en el culo, me asuste en un principio, porque me había quedado el ano dilatado de una manera, que nunca creía que pudiera estirarse.

Estaba sorprendido con el pedazo de verga que tenia colgando ese animal, latía mientras largaba chorritos de esperma por la punta, balanceándose todo al ritmo de su respiración, me admiraba a mí mismo, de lo que me acababa de comer. En el botón de un rojo intenso, se veían las venas llenas de sangre y la tenia hasta la mitad, sucia de materia fecal que encontró el fondo del conducto de mis intestinos, es que me había penetrado muy profundo. Se la limpie con un pañuelo y se la chupe hasta que ya no quedo ni una gota de leche, después de un largo rato así, comenzó a desinflamársele el botón y luego ablandársele todo el pene, seguí pasándole la lengua hasta que la guardo en su funda.

Me quede un rato tirado ahí a su lado, el ojete me palpitaba de dolor y de placer, estaba bañado por mi esperma por delante y de la suya por detrás, el culo me siguió doliendo por muchos días mas, lo que me hacia recordar aquel momento vivido con ese maravilloso perrito. No alcance a saber como se llamaba, porque se fue de la casa días después y ya no lo volví a ver, quizás como andaba libre alguien se lo llevo, pero que nunca lo olvidare, hubiera querido seguir disfrutándolo mas tiempo, aunque después vinieron otros, pero nunca fue como esa primera vez, porque fue el que me hizo el honor de romper mi culo virgen y ya nunca me volvieron a abotonar como ese día, porque me quedo el agujero a su medida.

Esta historia es absolutamente real y quería compartirla por esta vía, ya que es un secreto que nunca compartí con nadie y necesitaba hacerlo. Espero que les haya gustado.

 

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