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Llegó el perrito

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Si recuerdan el relato anterior, yo me desperté el sábado a la madrugada en el establo después de haber cogido con una de las yeguas. En ese momento me di cuenta de la gran variedad de opciones para coger que tenía y mi cabeza empezó a razar planes. Yo soy metódica y hago planes y tácticas para todo. (En mi adolescencia tenia que ser muy cuidadosa para que mis viejos no me pesquen fumada o ida o toda maltrecha después de haber estado en una orgía). Me vestí con una manta y salí corriendo a la casa en el frío de la madrugada (apenas empezaba a salir el sol). Me vestí con lo que encontré y salí con la camioneta hasta la tranquera, le puse candado y colgué una nota por las dudas diciendo que no estaba en casa y que habia ido a la ciudad por algunos días. Así me aseguraba de que nadie me iba a molestar en esos dos días. Aun hoy es una práctica habitual para poder gozar sin reservas.
Volví al establo y me llevé al pastor alemán que era el que más me gustaba. Nos fuimos a un cubículo vacío y lleno de paja. Me desnudé frente de él y comencé a pasar mi cuerpo por todo el suyo, sintiendo todo ese pelo en mi piel. Me mojé toda y le puse la concha frente al hocico. Me olfateó pero no hizo nada. Yo me abrí la concha y largué un pequeño chorrito de pis y ahí si reaccionó y empezó a lamerme toda la concha, tomándose también todos mis flujos. Continué orinándolo despacito hasta que me quedé seca. Ahí dejó de chuparme y me decidí a chuparlo yo. Lo volteé en el suelo de paja y me fui a su capuchó y a sus bolas; lo acaricié tiernamente, sintiendo esas enormes pelotas en mis manos. Comencé a tirar de su capuchón para atrás para hacerle salir la pija. Saliéron unos 4 centímetros y ahí me agaché para chupársela. Le pasé la lengua y tenia la pija seca y muy caliente. Tomé la punta de la pija del perro con mis labios y comencé a chupar pero, no sé porqué, el perro me atacó la mano libre y me mordió muy fuerte. Me dejó marcas rojas que empezaron a sangrar. Era tanto el dolor que me tuve que levantar y lo dejé ir. Fui a la casa y me curé la herida pero yo seguia muy caliente y no iba a dejar las cosas así. Fuí otra vez al establo y me dirigí al espacio que tengo reservado para mi burrito. El no me falló. Estaba parado y me fui directamente a su verga. Se la acaricié y enseguida empezó a asomar. Se extendió toda pero no estaba bien dura pero no me importaba, tomé la punta con mi boca y, acostada bajo de él, empecé a chupársela y a pajear aquella verga gris y larga del burro. Era hermosa. Tenia un gusto distinto de la de los hombres pero no era para nada feo. Me la metia en la boca hasta donde pude, me daban arcadas y mientras, lo pajeaba frenéticamente. Se le puso como una piedra, entonces me salí de debajo de él y lo até a un poste, acerqué un banquito, apoyé el culo en él y, con las piernas bien abiertas debajo de mi burrito, me empecé a tragar con mi concha aquella verga hermosa. Fue increíble. El burrito se calentó mucho también y empezó a hacer movimientos cortitos adelante y atrás. Yo gozaba y gozaba. Hacia muchisimo tiempo que no tenia una verga en mi vagina y ahora la tenia y era la de un burro! A los pocos minutos, mientras tenía la pija del burro adentro mío y me rascaba el clitoris, siento la lechita caliente que me empezaba a llenar la concha y el útero. Tuve dos orgasmos al sentir ese jugo caliente y al pensar que no era de un hombre como tantas veces me había ocurrido, esta vez era de un animal.
Me dejé caer del banquito y la pija de mi burrito fue saliendo cuan larga era y arrastrándome quedé debajo de ella y la puse en mi boca y saboreé las últimas gotas de leche espesa y caliente. Inmediatamente me calenté otra vez y comencé a pajearme mientras se la mamaba al burro pero este ya habia tenido lo suyo, ya lo habia hecho feliz y su pija se acortaba cada vez más por más esfuerzos que yo hiciera. Me levanté del lecho muy caliente. Ya era mediodía y hacía calor. Fui hasta mi casa andando totalmente desnuda por mi granja, sin temor de que alguien me viera y fui a la cocina a beber y a comer algo pensando qué haría a continuación. Ya nada podía pararme.
Después de comer algún bocado salí y fuí hacia el establo. Les di de comer a los animales y comencé a elegir alguno. Ya había tenido una mala experiencia con un perro y me dolia la mano, así que no me animé a usar alguno de los otros que tenia. Ya el burro se habia saciado de mi. Quedaban el pony y los caballos pura sangre (después empecé a llamarlos "pura pija"), pero todos eran eso: caballos. Nencesitaba algo nuevo. Ahí me acordé.
Fui al chiquero y de solo ver a los cerditos me mojé toda. Saqué a uno que era el más liviano y lo llevé aparte, a un cubículo lleno de paja. Lo até y busqué agua tibia y jabón para limpiarlo. Mientras lo enjabonaba le pasé la mano por todos lados. Sos testículos enormes me volvian loca. Lo limpié bien mientras estaba atado. Me llevé a una de las cerdas también pero ella no iba a participar ese día, era el insentivo para mi macho porcino. Con la cerda frente a sus narices me puse en cuatro patas como una perrita, o una cerdita en este caso, y fue increíble. El cerdo se puso como loco y me montó ahí nomás. Sentí su verga muy finita y dura golpeándome el culo por todos lados hasta que contró mi raja y me la metió entera. La sentí en el utero pero como era tan finita no me dolió, al contrario, ese tirabuzón me daba unas cosquillas hermosas dentro mío. Con curiosidad me zafé de debajo del cerdo y metí mi cabeza debajo de él. Me fui hasta donde le salía la pija, la tomé con los dedos, y comencé a tirarla hacia afuera. Salió un tubito blanco con el tirabuzón al final. Era muy larga. Sin pensarlo me la metí en la boca y se la chupé al cerdo como una puta profesional. En el proceso recibí varios golpes de sus pezuñas en la cabeza porque el animal trataba de montarme por la cabeza. Pobrecito! Si hubiera sabido que yo estaba ahí para satisfacerlo con mi boca golosa no tendría que haberse desesperado tanto. Estuve unos minutos chupándosela y ya deseaba tomarme hasta la última gota de su leche. Mientras me pajeaba esperaba la venida del cerdo. En ese momento, no sé cómo, pero entró uno de los perros y comenzó a lamerme la concha. Parece demasiada casualidad, pero así ocurrió. Fue una de las pocas veces que todo salío espontáneamente. Tuve incontables orgías con mis animalitos, pero pocas se dieron así. Entonces, aproveché y le mamé la verga al cerdo como una desesperada mientras uno de los perritos me chupaba la concha con esa lengua enorme y carnosa. De pronto, el cerdo aumentó sus sacudidas y comenzó a eyacular en mi boca. Largó chorros muy largos de semen porcino en mi garganta. No es muy rico como el de los burros o el de los perros, pero en ese momento yo estaba demasiado caliente y me tomé hasta la última gota. Me salí de debajo del cerdo, me puse en cuatro patas y esperé al perro. Me montó con furia. Sentía su pija que intentaba penetrarme pero no lo conseguía. Yo no daba más de la calentura y luché junto con mi perro para que lograra cogerme bien cogida pero no tenia experiencia y me resultaba difícil. Por fin pode lograrlo y el perro comenzó a cogerme a su gusto. Yo me sacudía con cada envión suyo. Mis tetas grandes se bamboleaban de un lado al otro. Mi concha estaba recibiendo la tercer pija interspecie de ese fin de semana. Sentía como se agrandaba el pedazo de carne ardiente del perro y yo fantaseaba con que todos los semen se me mezclaban en mi útero (como que seguro que pasó). Luego sentí como entraba la famosa bolba o vulvo que tienen los perros detrás de la pija. Me abotonó y comenzó a llenarme de leche caliente. Que placer tan grande! Quedé a merced de mi perro, tan sumisa yo, tan puta... hechada en el pasto seco, con un perro enorme en mi concha hechandome semen canino y con el gusto de la pija y la leche del cerdo que se encontraba a centímetros de mi. En un momento, el perro se gira y quedamos culo con culo, unidos. El perro continuó hechándome semen. Yo aproveché y me arrastré un poco hasta estar debajo del cerdo. Le apreté los testículos y comencé a tirarle el pene otra vez. Salió una puntita vergonsoza pero yo la tomé con mis labios y se la mamé nuevamente mientras mi perrito me violaba. Estuve así no sé cuanto tiempo hasta que el perro se salío de dentro mío. Yo salí inmediatamente de debajo del cerdo porque ya no reaccionaba a mis succiones y me fui al lado del perro. Era un manto negro, hermoso (no el que me habia mordido antes), con sus pelos negros y amarillos, y su hermosa verga, grande y roja, que en ese momento se lamia. Me fui hasta él y con un poco de temor por si me mordía se la tomé. El perro me miró pero no le vi malas intenciones así que se la empecé a mamar lenta y profundamente. Me comí su pija con devoción mientras me pajeaba. Tuve otro orgasmo ahí mismo, saboreándo la pija del perro con el gusto de la pija del cerdo. Una combinación hermosa.
Me tiré en la paja y me dormí.
Dormí hasta que cayó la noche. Fui hasta mi casa a comer algo y me bañé. Como había dormido buena parte del día, estaba desvelada y todavía tenía cosas que experimentar.

 

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