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Mi experiencia con dos perros

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Querida Karen: Tu historia me recalentó a tal punto que tuve que ir al baño a masturbarme con el bidet.
Repito que mis experiencias con canes fueron hace mucho tiempo, cuando era joven, después, tuve muchas experiencias con hombres, y tuve suerte porque conocí de todo: Pijas chicas, grandes, largas, cortas, negras, coloradas, etc. y conocí hombres que cogían muy bien y hombres que no. Pero no importa, los disfrute a todos, debo haber tenido un promedio en todos estos años de un polvo cada dos días. Y me sentí plena y feliz. Aunque confieso que coger con un perro tiene sus ventajas: No se cansan nunca de coger y nunca dicen que no. No tienes que soportar que te cuenten la historia de su vida después de coger. No te humillan porque jamás te desprecian. No hablan, así que no pueden contar nada de nada. Son fieles. No son celosos. Y lo mejor: ¡cogen hermosamente hasta hacerte aullar!. Tu relato me dio ganas de probar otra vez con un animal. Tengo ganas de probar la pija de un burro.
Si alguien lo hizo, le pido que por favor me escriba Pido por favor me manden fotos.

Mi nombre es Mónica, y vivo en el noroeste de la provincia de Buenos Aires, tengo 40 años, y cuando era mas joven era confundida con Moria Casan. Ahora conservo lo mío también.
La semana pasada estaba boludeando por la red cuando di sin querer con su página, y un poco por curiosidad y otro poco por calentura, se me dio por abrirla. Confieso que en un primer momento solamente me limité a bajar los relatos y guardarlos en el disco duro.
Pero ayer, después de 15 días los imprimí, y en la soledad de mi casa me puse a leerlos. No estaban mis hijos, que habían ido a visitar al padre, ni mi nueva pareja, que se fue a jugar al fútbol (y que por cierto me tiene bastante descuidada).
Cual no fue mi sorpresa, al darme cuenta que existía mucha gente que gusta de esta práctica, pues yo pensaba que era una anormal por haber tenido una experiencia de esas características durante mi temprana juventud, y que por primera vez me animo a contar después de 20 años.
Cuando yo tenia 20 años trabajaba como empleada en un local mayorista sobre la panamericana, no era un local muy grande, pero su terreno lindaba con otras dos calles sobre las cuales mi patrón había puesto un alambrado olímpico.
En ese negocio trabajaban nada mas que tres empleados mas y yo. Mi patrón era joven, tendría en esa época unos 35 años, y, como dije antes, era confundida muy a menudo con Moría Casan, no me costo mucho conseguir el empleo y ganarme la confianza plena de mi jefe (que era bastante pesado y baboso), el creía que porque una vez le tiré la goma tenia derecho a disponer de mi vida. Pero yo solo quería trabajar. Y creo que lo hacia bien.
Resulta ser que una semana, cerca de fin de año estábamos todos tapados de laburo porque había que hacer el balance, y sobre todo yo porque era la única empleada administrativa, así que los tiempos no daban, y para colmo el viernes no fui a trabajar porque tenia a mi madre enferma. Así que arregle con mi jefe para ir el fin de semana a terminar con el libro general y trabajaría para compensar mi falta del viernes. El me dijo que no podía porque tenia el cumpleaños de uno de sus hijos, así que paso por casa y me dejo las llaves.
El local esta sobre la ruta, pero no tiene ningún vecino en la misma manzana, así que mi patrón había adquirido a dos perros ovejeros entrenados (y con malos antecedentes de agresividad), pero a los cuales yo no debería temer porque los mimaba siempre, yo era además la encargada de darles la comida, así que me querían bastante. Por otro lado, estaría segura de que nada me pasaría pues los perros infundían pánico en los demás.
Durante la semana, los perros estaban casi permanentemente encerrados en caniles, pero los fines de semana eran soltados y vagaban y cuidaban todo el predio que tenia como media manzana.
Llegue el domingo muy temprano, y como era de esperar, los dos ovejeros salieron a mi encuentro. Nos sentimos muy contentos los tres (los dos perros y yo). Fui inmediatamente a mi oficina y me puse a trabajar sin demora, lo hice tan rápido que en dos horas mi trabajo estaba terminado, solo faltaba la firma de mi jefe.
Así que me dispuse a irme, cuando caí en la cuenta que le había dicho a mi patrón que ese trabajo me insumiría todo el día (para que me lo compensara con el viernes), y pensé, si este viene para acá con la familia y no me encuentra, va a tener una oportunidad para volver a acosarme.
Así que decidí quedarme en la oficina, con aire acondicionado...y con los dos ovejeros.
Uno de ellos se me acerco y parecía querer mimos, y así lo hice. Comencé a acariciarlo en la cabeza y el lomo cuando me di cuenta que el perro de tanto en tanto se metía la cabeza entre las dos patas traseras. Pensé que tenia garrapatas, así que me arrodille y le miré allí, lo que vi no eran garrapatas, sino la punta de su pija que estaba asomando y largando chorritos de liquido transparente.
Lejos de asustarme, me agarro curiosidad por saber que tan dura tienen la pija los perros, así que empecé a acariciarle la pija hasta que el perro saco del todo la cosa afuera. Pensé que se había herniado, porque nunca había visto en su totalidad una pija perruna, tampoco sabia que la tenían tan grande. La de este, por lo menos mediría unos 20 cm. Era realmente imponente, casi le llegaba al suelo, y con las caricias, los chorros de leche se hacían mas profusos.
En un momento pensé, Pobre perrito, necesita una paja porque esta acá solito desde hace mucho tiempo y no tiene relaciones sexuales. Además, seguramente, nos llevaríamos después de esto, mucho mejor.
Tomé entonces la pija con una de mis manos y empecé a hacerle una paja. Enseguida me di cuenta que salía como una pelota del tamaño de un puño desde la base de la pija, y se lo agarre.
Ese día hacia mucho calor, así que estaba vestida con ropa liviana, tenia puesta una pollerita corta y tableada que en esa época se usaba mucho, y como estaba arrodillada, mi cola quedaba al aire.
Por eso en un momento me sobresalté al sentir que alguien me tocaba el culo y pegue un salto, pensé que era mi jefe que había llegado por sorpresa. Pero resulto ser el otro can que quiso subirse sobre mi.
Me pare, y corrí a la puerta, apague las luces (aunque las cortinas permitían el pasaje de la luz del dia hermoso), y eche llave a las dos puertas de acceso.
Volví a lo mío y pero esta vez decidí hacerle una paja a los dos perritos, me asombre mucho cuando vi que la pija del otro era todavía mas grande y amenazante.
Por supuesto que para ese entonces mi curiosidad se había transformado en calentura, así que me saque la bombacha porque estaba completamente mojada por mis jugos. y fue allí cuando uno de los perros pegó un salto violento sobre mi y trato de cojerme. Al principio me asusté porque pensé que me lastimaría. Pero mi calentura pudo mas y lo deje hacer. El pobrecito pegaba empujones como loco, pero no acertaba a mi concha. Y su leche me estaba manchando el vestido, así que con una mano tome su pija y la oriente hacia mi conchita. Pero el perro fue tan violento que de un saque me metió toda la pija y me hizo inclinar hacia adelante. De a poco fui tirando la cabeza hacia abajo y echando la cola hacia atrás para permitir que el perrito me cogiera tranquilo. Con la otra mano seguía pajeando al otro perro, pero llego un momento que este se empezó a poner malo y empezó a ladrarle al otro perro, por un momento pensé que me morderían así que tome la decisión de meterme su pija en la boca para calmarlo, y así paso.
Los dos perros jadeaban como locos, el de atrás parecía poseído y se movía en forma enloquecida metiéndome la pija en la concha, y el otro hacia lo mismo pero en mi boca. Cada tanto tenia que tomar aire y escupir la abundante cantidad de leche que inundaba mi garganta. Yo estaba tan caliente que parecía desfallecer. Cuando un dolor intenso me vino en el bajo vientre así que traté de apartarme del que me cogía la concha pero no pude. Estaba abotonada, y cuanto mas tiraba, mas me dolía. El perro zafo sus patas y quedamos cola con cola por un buen rato. Yo veía todas las estrellas juntas, hasta que de repente, se salio y por las piernas sentía como me chorreaban litros de leche. El perrito salió de la oficina como si nada y se fue a echar en el canil.
Pero el otro estaba aun excitado, Y yo también, así que quise cojermelo al otro, pero el dolor de mi concha era tan fuerte que no soportaba su pija, entonces se la agarre y la emboque en mi culo.
Esta vez el placer fue mas intenso (y la abotonadura también). Yo debo haber acabado como cuatro veces, y después de casi una hora de estar abotonada por ese hermoso perro, pudimos separarnos.
Después de todo eso ya era el mediodía, así que limpie todo, eche desodorante, les di de comer y me fui.
Aunque años después tuve otras experiencias con perros, nunca voy a olvidar el tamaño de las pijas de aquellos. Eran descomunales.
En sus relatos he leído que para motivarse, los perros necesitan, miel, líquidos de perras, etc.
En ninguna de mis experiencias me hicieron falta ningún tipo de estos aditamentos.
Ahora hace varios años que no cojo con perros, porque pensaba que era anormal. Pero veo que hay mucha gente con experiencias parecidas. Ahora que lo conté me siento mejor. Y me vinieron las ganas de tener un ovejero alemán en casa.
Me encantaría que me enviaran sus experiencias (y si tienen fotos mejor) Un beso Mónica.

 

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