Mi primera experiencia (Zoofilia)

En muchos relatos he leído que a las chicas les resulta difícil escribir sobre sus experiencias con sus mascotas, pero en mi caso no es así. Me gustara compartir mi experiencia con ustedes y espero que les guste tanto leerlo como a mí escribirlo, y quizás pueda servirle a alguien que todavía este dudando en iniciarse en el mundo de la zoofilia.

Todo empezó hace ya algunos años. Yo tenia 19 años y una vida sexual aceptable. Una tarde estaba buscando un CD que le había dejado a mi hermano el día anterior cuando en uno de los cajones de su mesa de trabajar encontré un texto sobre una relación zoofilica entre una mujer y su perro probablemente sacado de Internet. Mi primera y lógica reacción fue de asco, deje las hojas donde las encontré y salí de la habitación olvidándome completamente del motivo real de mi visita al cuarto de mi hermano. Nunca le comente nada a mi hermano sobre eso, pero bien es verdad que a los pocos días la curiosidad me invadió y aprovechando la ausencia de mi hermano, volví a su cuarto para releer atentamente aquellas hojas. Me imaginaba las escenas que en el texto se describían con asco, aunque mentiría si dijera que no me despertaba cierto morbo la idea de ser cogida por una bestia dominada completamente por instintos milenarios.

En los siguientes días leí el texto varias veces hasta que de repente un día no lo encontré ahí donde normalmente estaba. Lo busque por la habitación para comprobar que no lo ocultaba en otro sitio pero fue inútil, había desaparecido.

Yo tenia y de hecho sigo teniendo un grande y bello perro pastor alemán, perro que desde esos días empecé a ver de forma diferente. Era frecuente el imaginarme escenas zoofilicas de mí con mi perro, pero durante los dos años siguientes de ahí no pasó. Durante ese tiempo, tuve bastantes desengaños amorosos y múltiples decepciones en los que a las relaciones con hombres se refiere. Mi hermano se independizó y se fue a vivir a otra casa al otro lado de la ciudad. Estaba yo aburrida una tarde visitando paginas web cuando de pronto mi mirada se paró en un anuncio al lado derecho del monitor. Era un anuncio de una pagina web porno en la que se mostraba también una escena en la que una mujer tenia metida en la boca la descomunal verga de lo que parecía un caballo o un burro. No entre en esa web, pero como no podía quitarme de la cabeza esa imagen, decidí buscar información sobre el tema. Encontré muchos relatos zoofilicos en las tardes que me pase buscando información, relatos que narraban múltiples experiencias zoofilicas, en su mayoría inverosímiles, pero de tanto leer, llego a darme mucho morbo y a excitarme sobremanera lo que leía, cosa que fue poco a poco despertando un pequeño deseo de probar.

Tarde mucho en decidirme a experimentar, y una de las causas de mi tardanza fue tal vez la idea de que en realidad no fuese una experiencia tan inolvidablemente placentera como se decía en los relatos y que todas aquellas historias incluidas las más creíbles y bien narradas fueran del todo inventadas. Eso quizás lo pudo retardar alguna que otra semana, pero hasta yo sabia que algún día la curiosidad me vencería y acabaría por intentarlo y ese momento no se hizo esperar mucho más.

Fue una tarde como muchas otras que pase aburrida delante del ordenador, empecé a leer algunos de los relatos que tenia guardados (lógicamente bajo una contraseña) y empecé a leer. De repente no aguanté más. Deje el ordenador con un texto a medio leer cuando me fui a mi habitación llamando a Andy (mi perro pastor alemán) para que me siguiera. El, obediente como es, apareció al momento. Yo estaba de pie parada y un poco con la sensación de estar en otro mundo mirando al animal que tenia delante pensando en lo que estaba a punto de hacer. Me senté en la alfombra y lo acaricié un poquito. Poco a poco las caricias fueron dirigiéndose poco a poco hacia su miembro hasta que llegue a el. Lo toque y me quede a observar la reacción de mi perro ante esa caricia en esa zona tan intima, pero para mi sorpresa el perro ni se inmutó. Seguí acariciando aquella masa de carne que estaba completamente envuelta en una funda de piel completamente peluda. Observe que el perro se relamía de vez en cuando mirando hacia su pene como si le interesase mucho aquello. Todo eso fue interpretado por mí como claros síntomas de excitación del animal, aunque probablemente fuesen gestos malinterpretados por mí en ese momento de excitadísima mente.

El pene de Andy empezó a crecer poco a poco, primero note como se ponía mas dura aún dentro de su peluda funda, pero poco a poco empezó a salir el pene de un color súper rojizo y empezó a aumentar también su grosor. En ese momento Andy se retiró a una esquina, se tumbó y comenzó a lamerse el trozo de pene que salía de la piel. Yo fui al rato ras él y ahora con el perro echando continúe acariciándolo pero esta vez con movimientos más característicos de la masturbación masculina. El pene crecía y crecía y observé atónita como crecía también una bola en la base de su miembro. No era algo nuevo para mí aquello, pues sabia ya por los relatos que a los perros les salía una bola o bulbo o como se llame esa cosa, pero nunca me hubiera imaginado que alcanzase ese descomunal tamaño. Me canse muchísimo el brazo masturbando a Andy pero no por eso pare de hacerlo. En un rápido movimiento Andy se levanto, yo notaba que debía faltar poco. Mis movimientos eran ya muy cortos ya que me limitaba “menear” la parte de pene que quedaba detrás del bulbo. De repente Andy eyaculó. Eyaculo esperma en muchísimas ráfagas, una seguida de la otra aunque poca cantidad en cada impulso. No era tanta la cantidad como yo me hubiera esperado después de leer los relatos de Internet, pero bastó para ensuciarme parte de la alfombra y inundar mi habitación de un olor fortísimo a esperma de perro. Andy estaba contento, pero yo aún estaba excitadísima y acabe por masturbarme justo después.

Eso fue mi primer contacto directo con la zoofilia, pero claro esta que no se quedó ahí. En la semana después de eso no hice nada, me bastaba de momento aquello que hice y no sentía la necesidad de repetir hasta que volví a quedarme una tarde sola en casa por la tarde y recordé la experiencia vivida. En las siguientes ocasiones quise probar la penetración, ser poseída por Andy, cosa que me daba mucho miedo pero la curiosidad y la excitación pudieron con el temor. Lo difícil fue hacer que me montara, evidentemente no era verdad que automáticamente un perro montara a una hembra humana desnuda por muchos flujos que derramara. Tuve que conformarme muchas veces durante mas o menos un mes con masturbarle después de una larga sesión de intentos por que Andy me montase como a una perra. Lo que si quería intentar al menos era chuparle su seguramente apetitoso pene rojo pero como no me atrevía a hacerlo en contacto directo intente ponerle un condón, cosa que no conseguí y aún hoy no he logrado. Así que añadí una decepción mas al bote, pero todo cambió cuando en una noche en la que mis padres se habían ido a una fiesta y no iban a regresar hasta muy tarde volví a intentarlo, pero esta vez con mas persistencia que ninguna vez. Me imaginaba que era una perra en celo y le enseñaba el culo mientras caminaba delante de el desnuda a cuatro patas. Tardó poco a partir de ahí hasta que comenzara a lamerme los jugos vaginales y yo gozaba con tales lametazos. No he encontrado ni creo que encuentre algo que se parezca a un lametazo de un perro en el culo. A cada lamido Andy estimulaba toda mi vagina y ano con una lengua potente y deliciosa. Repentinamente me intentó montar. Fallo en su intento de acertar en la entrada de mi vagina pero yo le ayude a encontrarla. La sensación que viene a continuación es casi indescriptible. ¡Tenía el superpene de mi perro Andy dentro de mi! ¡Estaba siendo tomada por un perro!.

Notaba como crecía su pene en mi interior y como casi me quemaba la vagina de lo caliente que la tenia. Andy me hacia mucho daño con las uñas de sus patas delanteras que por otra parte me tenían fuertemente cogidas por la cintura. Decidí cortar durante un momento aquella relación para ponerle calcetines en las patas delanteras como había leído alguna vez en algunos relatos, pero al intentar quitármelo de encima Andy gruñó e intento morderme en la espalda para que no me escapara. Era un momento muy critico que por muy morboso que pueda resultar, me izo tener bastante miedo. Ahí estaba, desnuda sola en mi casa a cuatro patas con un perro montándome con un pene dentro de mí de un tamaño descomunal y claro esta, con la bola o bulbo dentro de mí ejerciendo una tremenda presión sobre la entrada de mi vagina. Encima tenia algunos rasguños a causa de las patas de Andy los cuales ya comenzaban a estar rojizos a causa de la sangre superficial que comenzaba a salir, y para colmo mi perro ya no era mi perro, era una bestia fuera de control que no dudaría en morderme en caso de que intentase huir. Lo pase realmente mal en esos momentos y maldecía aquel día en el que encontré por primera vez un relato zoofilico en un cajón de la habitación de mi hermano mientas notaba las potentes embestidas de Andy que me hacía suya detrás de mí. De repente noté su explosión por así decirlo, note como se vaciaba dentro de mí de una manera interminable. Ahora si que empecé a creer que era posible que un perro expulsara una exagerada cantidad de esperma en una sola eyaculación.

Poco después de eso el perro paró por un instante y note como pasaba su pata trasera izquierda por encima de mi espalda y quedamos pegados culo con culo. Así pasaron los minutos, y su pene no disminuía de tamaño. Para colmo mas o menos 10 minutos después sonó el teléfono que lógicamente no cogí. Durante ese periodo de estar enganchados, y sólo durante ese periodo, comencé a sentir placer en aumento. Me había acostumbrado a la situación, y además Andy ya no era tan agresivo como antes. Me meneé un poco hacia delante y hacia atrás para intentar lograr mayor placer, pero su pene no se movía ya que estaba bien sujeto dentro de mí gracias al bulbo. Así me quede abotonada a Andy así como 45 minutos en los que hasta llegue a conseguir un orgasmo y pasado ese tiempo salió sin mas problemas la superverga de Andy que para mi espectacular asombro era un pedazo enorme. Quizás solo era un poco más grande que el de un humano, pero era muchísimas veces más gorda que la humana. Me sentía agotada después de eso, me quede tirada en el suelo casi sin fuerzas mientas salía de mi vagina una importante cantidad de esperma mezclado con mi propio flujo vaginal.

Ha pasado ya medio año desde aquella experiencia, y ahora he de decir que me encanta practicar el sexo con Andy y que no creo que nunca un hombre me pueda satisfacerme tanto como lo hace él, eso sí, ahora le pongo dobles calcetines en los patas antes de empezar.