Relatos Eróticos Autosatisfaccion

Explorando su sexualidad

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Como te encanta ver mi cuerpo desnudo, como disfrutas de mis pechos, como gozas al ver mis nalgas, imaginandote dentro de ellas. Te gusta mi sexo, te excitas con mi voz... Cuanto deseo ya sentirte sobre mi cuerpo... Como deseo tus caricias, tus manos, tu fuerte respiración sobre mi cuello, el sonido tan excitante y ardiente de tus gemidos... Cuantas noches me he masturbado pensando que hacemos el amor, en mi mente lo hemos hecho de muchas maneras y en diversos lugares. Me aferro a mi almohada, la abrazo como si fuera tu cuerpo, tu cara y así pego mi cara a ella... Acostada en la cama y boca abajo, busco la forma de encontrar mi clítoris, ya sabes como disfruto masturbandome.
Esta noche quiero transportarme hasta donde tu estas, encontrarte, hacernos el amor como dos locos sin remedio. Me masturbare fantaseando que estoy a tu lado, que estamos en algún lugar desértico, a la intemperie, con la luna y las estrellas de testigos. Y así, teniendo por techo el cielo amarnos hasta quedar rendidos. Sentados sobre una manta en el suelo me abrazo fuertemente a ti, me susurras al oído como si alguien más pudiera escuchar, que hagamos el amor. Así, entrelazados nuestros cuerpos, comienzas a besarme tiernamente, mientras tu mano derecha comienza un recorrido por mis muslos buscando alcanzar algún punto que te deje ver como me excitan tus besos. La vas subiendo sin prisa, tu mano pasa por alto lo que mis piernas ocultan, sigue su recorrido por mi cintura, nuestras bocas siguen unidas, nuestras lenguas se encuentran en una danza sensual y rítmica. Tu mano desea apasionadamente sentir mi piel pero se ha encontrado un obstáculo en el camino, mi blusa. Hábilmente logra meterse bajo ella y así finalmente tocar mi cintura desnuda. Tu mano no se conforma y emprende nuevamente el recorrido hacia el norte de mi cuerpo, logrando dar con un par de montañas, suaves y carnosas, las acaricia dulcemente, hasta que nota algo pequeño ponerse erecto, sí, han sido mis pezones que no se resisten a las caricias Finalmente nuestras bocas y lenguas deciden darse un respiro. Nos miramos a los ojos, buscamos en ellos la pasión que sentimos el uno por el otro, el amor que nos gritamos sin decir palabras. Decides que es hora de que la blusa no estorbe más, me la vas quitando con apuro. Al instante se aprecian mis pechos, debido a la falta de sostén. Como ya antes habías adivinado con tu mano, en efecto mis pezones estaban muy erectos, pidiendo a gritos tu boca. Pero decides volver a probar mis labios, esta vez apasionadamente, de allí pasaste a mi cuello... No pude evitar suspirar mientras lo hacías y tu mano en mis muslos, tratando de llegar a mi rincón escondido y sin lograrlo aún. Por fin tu boca llegó hasta mis pechos, estos se dejaron besar, acariciar con la lengua llenos de lujuria, esta vez se me escapó un gemido que te encendió más y ardientemente bebiste de mis pechos.
Entre mis piernas se desarrollaba una guerra, entre tu mano y mis muslos, estos cedieron y dieron entrada a tu ya desesperada mano. Encontrando ésta por fin lo que tanto deseaba, tocar lo que había en el interior de mi falda, de mis muslos, de mi panty. Acariciaste sin cesar mi sonrisa vertical sobre el panty que te impedía tocarla a flor de piel. Arriba tu boca no dejaba de beber de mis pechos, yo ardiendo de placer, respirando cada vez más aprisa, y cada vez más se me escapaban los gemidos. Decidiste que ya era hora de que viera tu piel, tu carne y así te despojaste de tu camisa, de tu pantalón, quedandote sólo en ropa interior. Ya se hacia notar muy bien como tu pene estaba erecto, y quería salir de la trusa, te aguantabas las ganas de tomarme de una vez. Sacaste mi panty, y subiste mi falda para apreciar mis encantos, esos que tantas veces habías visto a través de la camara de una computadora, ya por fin los tendrías frente a ti, para ti, tocarlos como ya lo hacías y ¿por qué no? besarlos como soñaste y te masturbaste tantas veces pensando en ello. Pero aún no era hora de que tu boca y lengua jugaran allí, en cambio decidiste seguir tocando mi clítoris, te excitabas cada vez mas sintiendo como crecía y salia de su escondite con tus caricias. Tus dedos, tu mano toda se lleno de mi humedad. Mis gemidos te encloquecían y friccionabas más, decidiste emprender camino a más profundidad, encontrando la entrada al paraíso, un dedo se abrió paso y suavemente decidió explorar, yo no de Abrí los ojos, ya no estabas. Entonces me di cuenta que tus manos en realidad habían sido las mías, que el cuerpo que abrazaba era sólo la almohada, que tu miembro dentro de mi, sólo fue mi sabana...así me quede dormida.