Relatos Eróticos Lesbicos

Mis primeros pasos como modelo

Publicado por Anónimo el 30/11/-0001

Una chica debe enfrentarse al mundo laboral, y decide probar suerte en una agencia de modelos. Conocerá el mundo de las pasarelas al mismo tiempo que descubre el placer que otra mujer puede darle.

Había cumplido 18 años hacía apenas una semana, ya habían terminado mis vacaciones y la etapa de la escuela secundaria formaba parte de un universo al que lamentablemente yo ya no volvería. Pasaba las tardes lamentando que la situación económica en mi hogar no me permitiera emprender estudios universitarios, y me estaba convirtiendo en un estorbo en mi hogar, donde mis padres ya me hacían sentir que debía conseguir un trabajo y aportar dinero a casa o conseguir como alejarme de allí, adquiriendo una independencia para la cual yo no me sentía preparada aún.

Estaba dentro de mis sueños, como en los de casi cualquier chica de mi edad, la meta soñada de llegar a ser modelo. Sentía, sabía que podía lograrlo, que reunía todas las condiciones, pero no tenía idea de como comenzar, de cuál sería el camino para emprender una nueva vida que me librara de la situación tensionante de compartir el mismo techo con una familia que a todas luces tenía mas inteciones de expulsarme que de retenerme.
Ese lunes me levanté temprano, me duché y lavé mi larga y lacia cabellera negra, me maquillé, pinté mis labios de rosa y me puse los lentes de contacto sin aumento, de color gris. Me puse medias de lycra negras y una pollera algo corta de color rojo, que hacía juego con mi remera de escote en "v" de las chicas superpoderosas, puse en mi cartera la hoja de los clasificados que habían sido publicados el día anterior, donde una aviso indicaba "Se busca señorita, 16 - 21 años, que quiera triunfar en las pasarelas. Presentarse con CV y Book Fotográfico en..." ¿Book fotográfico? ¿De donde iba a sacar yo plata para hacerme uno? Eso debía obviarlo. En cuanto al CV... bueno, intenté hacerlo, pero sentí que más me perjudicaría que ayudaría a conseguir que me tomen. Así que iba a presentarme yo, personalmente, con todas mis ganas de triunfar en el mundo de las grandes estrellas que admiraba.
El trayecto en tren se hizo algo pesado. Algunos babosos me decían guarangadas, y aprovechaban los amontonamientos para apoyarse contra mí. ¿Qué podía hacer? Lo primero que me compraría cuando tuviera dinero suficiente sería un tapado que me permitiera vestir provocativamente y no quedar expuesta a esos idiotas.

El lugar quedaba en el centro, y cuando llegué, lejos del mundo de glamour que esperaba encontrar, un edificio de mala muerte se había ubicado en el mismo lugar donde en mi imaginación yo había construido un moderno reducto del mundo fashion. Un portero gordo y mal afeitado me indicó el ascensor que debía tomar, mientras me miraba como si nunca hubiera visto una mujer. ¿Que problema tendrán los hombres que no pueden mirarla a una a los ojos?

Segundo piso, pasillo al fondo, puerta de madera, papel pegado, "agencia de modelos", "toque timbre", sigo instrucciones, tacos altos que se acercan con apuro, ojo que no veo pero que me ve, se cierra la mirilla de la puerta, llave que corre, Fin de la Espera.

—Hola ¿venís por el aviso?— rubia y alta, muy rubia, y muy alta, trajecito sastre gris y medias blancas, zapatos de taco aguja, muy aguja; reacciono; despierto. Sigo viva.

—Eh... si... SI.

—Pasa, eres la primera

La oficina era como cualquier oficina. No sé qué diablos esperaba que hubiera pero era seguro es que ese mundo no era el que esperaba. De todas formas, si volvía a mi casa sin dinero, sin trabajo, y sin sueños, las cosas se iban a poner ásperas. Me cachetearon sus palabras

—¿Trajiste el book?

—Este... no. No tengo book

—Ay, ay, ay... que problema. Sin book no podemos hacer nada.— Sentía su mirada que escarbaba en la mía. No era una mirada agresiva, era más bien piadosa, pero escarbaba, y estaba viendo mi vida, o eso sentí. —A menos que hayas trabajado antes como modelo ¿Tienes curriculum?
Si me hubieran dejado irme sin más, sin tener que darle explicaciones, solo dejarme libre, hubiera sido feliz. Ahora me sentía una estúpida, diciéndole un "No, no tengo currículum. Yo nunca trabajé" y esperaba su respuesta, sentía venir su "¿Y para qué mierda viniste?" porque sentía que las dos estábamos pensando lo mismo. Pero ella redobló sus aiaiaes.

—Ay, ay, ay... Bueno, hagamos una cosa. Te voy a hacer una pruebita de casting, y si andas bien, yo te puedo recomendar para una próxima entrevista. ¿Sí?

—Bueno

—Sácate la ropa

Un millón seicientas cuarenta y nueve mil novecientas treinta y siete toneladas de pudor sobre mi espalda. Vista al piso un repaso mental de mi ropa interior. El conjunto de algodón celeste. Gracias, cielo, el único aceptable en mi ropero.

—Qué lindo cuerpo que tienes... ¿Cómo te llamas?

—Mariana

—Mariana... ¿Vos te animarías a hacer un desnudo?

—Eh... no sé... habría que ver.

—Mira, lo único que sé es que se trata de un desnudo artístico para una publicidad. Hay muy buena plata. Pero necesito que te saques la ropa interior también, para ver si es factible que te recomiende.

¿por qué no hacerlo? Era una mujer, no tenía problemas en desnudarme por completo frente a ella. Me saqué el corpiño y la bombacha. Ella me observó detenidamente, dio una vuelta muy despacio alrededor de mi cuerpo, inspeccionándome con ojos inquisidores. Estando detrás mío se me acercó y pasó su brazo por encima de mi hombro.

—¿Sabes? Si tu quieres yo te puedo mandar a un estudio de fotografía, muy profesional, donde te harían un book, y siendo recomendada mía, no te cobrarían nada,— Sentía su mirada sobre mis pechos —y hasta podría recomendarte muy bien para este empleo, si vos me hicieras un pequeño favorcito. Sus dedos pasaron por mi pubis, hundiéndose en mi vello. Cerré los ojos, no podía reaccionar, las piernas me temblaban, me era imposible mostrarme decidida frente a esta mujer que me avasallaba por completo. Sus dedos eran cada vez más osados, en mi clítoris podía sentir la suave presión de su dedo índice, que con gran habilidad me provocaba adicción a sus caricias. Que me suelte. Que no deje de tocarme. ¡Basta, por favor basta! ...y que no pare... Su mano era un refugio para todo mi cuerpo, desnudo e indefenso.

Ya no la veía, estaba sumergida en el calor de su mano, cuando sentí sus labios sobre mi pezón derecho. Su humedad en mis pechos, su aliento en mi corazón, y mis tetas que pronto estaban cubiertas de saliva. Me pidió que la ayudara a desvestirse, y yo, claro está, no opuse resistencia; sentía curiosidad por verla desnuda. Fue increíble que sus pechos —mucho más grandes que los míos— estuvieran desnudos frente a mí, pues yo sabía que el permiso para acceder a ellos me era implícitamente concedido, y estaba en mí el deseo de tocarlos y chuparlos. Así lo hice, lentamente, pues cruzaba las puertas de un placer que nunca antes había sospechado que habría de disfrutar. Mis labios y sus labios se fundieron, sus pechos atropellaban los míos, y nuestras manos recorrieron la cintura de la otra. Nos tiramos sobre la alfombra del piso, ella se puso sobre mí y sugirió, sin palabras, que hiciéramos un 69. Su coñito rubio, el primero que veía en mi vida de tan cerca, me llamaba, me invitaba a que lo lamiera, a que le diera el mismo placer que le hubiera dado al mío de haber podido hacerlo, al mismo tiempo que ella me lamía, y me llevaba a un mundo de placer que comenzaba en su boca y terminaba en su coño. Porque sentía el goce al dar y al recibir, me dejé llevar, me fundí en su cuerpo, y las dos llegamos a un orgasmo intenso, a uno solo, que fue el de las dos al mismo tiempo, el que compartimos. Nos abrazamos con fuerza aún en esa posición, temblamos la una contra la otra, por el placer de habernos explorado y habernos guiado la una a la otra al estallido de ese goce.